Migajas, sobras, cenizas. Éstos y más han sido los calificativos utilizados por la prensa nacional y la opinión pública en torno al tema de la candidatura conjunta de Norteamérica para el Mundial de Futbol del 2026, el primero que albergará a 48 equipos que disputarán un total de 80 encuentros. La indignación nacional no se hizo esperar por diferentes razones. Hay más preguntas que respuestas, pero nuestro instinto destructivo nos impide cuestionarnos realmente el por qué.
La semblanza que hace el diario El Siglo de Torreón no podría ser más contundente. Poniendo en perspectiva la situación que viven las tres naciones que aún pertenecen al agonizante Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), retoma las palabras de Sunil Gulati, presidente de la federación de futbol estadunidense. Éste habla de una oportunidad para mostrar solidaridad y respeto a México y Canadá en contraste con las políticas excluyentes del presidente Donald Trump.
Bien menciona que el deporte, en esencia, celebra las diferencias y el placer de ser uno de los 22 hombres que corren detrás de un balón. Pero, ¿para qué nos hacemos? Hoy día, la gran mayoría de los deportes y actividades culturales en general ha sido viciada por los intereses particulares, generalmente monetarios. Luego de los escándalos de corrupción develados con las investigaciones en contra de Joseph Blatter y Michel Platini –orquestadas por la Unión Americana, por cierto– quedó demostrado, por si quedaba alguna duda, que el balompié es uno de los deportes mayormente manipulados en el mundo. Perdónennos por ser suspicaces señor Gulati. Así somos los mexicanos.
Los peligros que corre esta candidatura son puntuales y giran en torno al multimillonario mandatario. Los vetos migratorios y la intervención política en la FIFA son los principales factores con los que habrá que lidiar. De concretarse la sede, México albergaría 10 encuentros, Canadá el mismo número y Estados Unidos los 60 restantes. Las “bondades” implicarían disputar los encuentros de grupo en casa –llámese estadio Azteca, Omnilife y BBVA Bancomer de Rayados–. Sería en México donde se juegue el partido inaugural y contaríamos con cotejos de cuartos de final.
Decio de María, el Santa Anna del futbol como lo nombró la “tuitocracia”, alega que la oferta era de una decena de cotejos, ni más ni menos. Tómalo o déjalo. ¿Reforzó Decio la relación con Estados Unidos o confirmó nuestra sumisión ante el vecino del norte?

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