En la anterior entrega dominical nos referimos a las investigaciones que realizan algunos profesores de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) en torno al fenómeno de la migración. Esas publicaciones son un referente obligado en estos momentos en que México debe atender la caravana de migrantes centroamericanos y, sin duda, de otros países que, al parecer, utilizarán la misma estrategia para llegar a su destino: Estados Unidos (EU).

En esta ocasión describiremos puntos importantes que encontramos en el libro Migración internacional, identidad de género y participación social de las mujeres. La publicación universitaria aborda, en uno de sus capítulos, las redes migratorias. Establece que los modelos económicos no logran explicar el hecho de que algunas comunidades envían un mayor número de migrantes que otras en igualdad de circunstancias.
Según algunos autores, ello deriva de que la migración no es simplemente un movimiento de individuos que responde a las oportunidades económicas de sus lugares de origen y de destino, sino que se trata de un movimiento organizado que se sustenta en convenios sociales y económicos en los ámbitos local y nacional. Así lo afirman María Eugenia Téllez y José Hernández en su texto “Migración internacional e identidades cambiantes” en la edición que publicaron El Colegio de Michoacán y El Colegio de la Frontera Norte.

Surge la importancia de analizar las redes estructuradas en las migraciones, lo que permite convertir un movimiento inicial en uno permanente y masivo. En tal sentido, las redes sociales en torno al tema de la migración consistirán en los lazos que vinculan a las comunidades remitentes y los puntos específicos de destino en las sociedades receptoras. Sin embargo, las redes se convierten en el principal mecanismo que hace de la migración un fenómeno vigente por sí mismo; en consecuencia, su tendencia es crecer y hacerse más numerosa, por lo que abre la probabilidad de extenderse en el futuro.

En Migración internacional, identidad de género y participación social de las mujeres se añade que el desarrollo de las redes sociales puede explicar que la migración continúe con independencia de las causas que llevaron a su nacimiento, de lo que se concluye que las redes pueden contribuir a dar más luz que explique los sistemas de relaciones basados principalmente en el parentesco, la amistad y el paisanaje, y estos se refuercen a través de la interacción regular con agrupaciones sociales. En el caso de Hidalgo, seguramente será entre activistas, como es la caravana de madres migrantes, que a decir de ellas, según cifras oficiales, se han permitido más de 70 mil migrantes. Ese grupo de madres hondureñas, guatemaltecas y salvadoreñas, bajo la denominación Movimiento Migrante Mesoamericano ha recibido apoyo de la casa asistencial El Buen Samaritano en Bojay, Atitalaquia. Las redes sociales darán cuenta de esos hechos.

Asimismo, las redes sociales explican que al trasladarse los migrantes a una tierra extraña, comparten riesgos y dificultades de supervivencia, y quienes se quedan en un pueblo se valen de lazos entre ellos para mitigar la soledad y la ansiedad de tener a un ser querido alejado. Sin embargo, entre paisanos existe un continuo intercambio de favores y ayuda, que no solo se limita al asunto monetario; el tipo de relación que ellos esperan y conservan uno con respecto al otro también se extiende y engrandece los lazos familiares.

Caravana migrante: crisis humanitaria y económica

Como lo señalamos el domingo anterior, en octubre alrededor de 7 mil migrantes centroamericanos, en especial hondureños, ingresaron a México a través de puentes fronterizos del sureste, principalmente por Ciudad Hidalgo, Chiapas, en su afán de dirigirse a EU en busca de mejores niveles de vida, así como huir de la violencia y la inseguridad que priva en su país. A esa caravana se sumaron dos más; una partió de San Salvador. Seguramente podrían nacer otras. La pregunta que surge es: ¿esas caravanas en tránsito quedarían varadas en la frontera de México al no otorgarles a los migrantes el permiso para ingresar a la Unión Americana?

Honduras es un país centroamericano donde se ubican dos de las ciudades más peligrosas de América Latina: San Pedro Sula (tercera) y Distrito Central (cuarta), con una tasa de homicidios de 112 y 85 por cada 100 mil habitantes respectivamente, solo superadas por Caracas (Venezuela) y Acapulco (México). La exacerbación de la inseguridad en ese país solo puede ser explicada por el aumento constante de la desigualdad. Según cifras oficiales, de 2014 a 2017 el porcentaje de pobreza incrementó de 62.6 a 64.3 puntos, por eso no es extraño que la migración hondureña haya aumentado de manera exponencial en las últimas dos décadas. En 1990 solo migraban 66 mil hondureños a EU, mientras en 2017 lo hicieron más de 302 mil. Desde 2010 la cifra de migrantes se ha mantenido en más de 200 mil, a pesar de los mayores controles del lado mexicano y la presencia de grupos delictivos que intervienen varias rutas de paso hacia Estados Unidos, lo que convierte a esa migración en una de las más peligrosas del mundo, ya que en los últimos años se ha agregado el secuestro masivo de migrantes, el cual es un hecho inédito, según lo expone Carrasco González (2013). El enorme flujo de migrantes hondureños tiene que recorrer trayectos de muy alto riesgo, donde quedan complemente vulnerables a sufrir cualquier tipo de violación a sus derechos humanos.

El número de migrantes hondureños es una pérdida enorme de población para su país, ya que en 2015 contaba con más de 9 millones de personas, pero más de 800 mil hondureños viven en EU, donde representan el 1.5 por ciento de la población hispana de ese país. Los estados de Florida y California concentran el mayor número de “catrachos”. Según un estudio de Migration Policy Institute, en 2015 encontró que los hondureños tienen ingresos considerablemente más bajos y tasas de pobreza más altas que el total de poblaciones extranjeras y nacidas en Estados Unidos; la tasa de pobreza más alta para las familias inmigrantes de Honduras fue aproximadamente de 28 por ciento, seguida por la de El Salvador (19 por ciento). En contraste, entre 12 y 13 por ciento de las familias inmigrantes de Costa Rica, Panamá y Nicaragua estaban en la pobreza.

La migración internacional no es un tema de moda, es un problema social que se agudiza cuando se carece de visión humana para afrontarla, tarea en la que los gobiernos deben responsabilizarse. Por su parte, estudiantes garza analizan el problema desde el aula al lado de sus profesores, quienes en el ejercicio de la autonomía universitaria presentarán proyectos para la creación de políticas públicas en materia de migración y trato digno para migrantes.

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