La noche del pasado miércoles Gerard Piqué declaró: “A los hospitales de Barcelona, que dentro de nueve meses contraten a muchas enfermeras, que hoy en Barcelona se hará mucho el amor.” Lo presenciado en el Camp Nou rebasa con creces cualquier barrera de rivalidad. Cada acción de los últimos 10 minutos de partido quedará grabada en la memoria de los que le gritamos al televisor con enjundia y, evidentemente, en aquellos 90 mil afortunados que vieron, en primera fila, a la historia ser escrita. No importa si eres del Barça o no. Va más allá de la camiseta.
La UEFA y Diario Marca daban un porcentaje nulo de probabilidades de que los catalanes remontaran. Los hinchas culés se mostraban ligeramente más optimistas. Se lo deben al club que les ha dado tantas alegrías en tan poco tiempo. El equipo, jugadores y entrenador, miraron siempre con dirección a los cuartos de final, pero fue uno en particular quien comenzó a maquilar la remontada apenas sonó el silbatazo final en el Parque de los Príncipes: Neymar.
El brasileño, fiel a su devoción por el Gran Jefe, se encomendó a él y a su propio talento para salvar el día. Apostó con el grupo a que metería, por lo menos, dos goles. Lo hizo. Y no solo eso, sino que sirvió el centro con el que Sergi Roberto escribió su nombre en los anales del futbol. Ese día también ganó la Masía, como señalara Denis Suarez.
¿Y qué pasó con Messi? No tuvo su mejor noche. Dedicado a crear más que a definir, la defensa parisina supo contener al orquestador que saltó a la cancha como media punta, detrás de su compadre uruguayo. Pero la presencia del argentino siempre impone. En la celebración de la multicitada anotación, Leo se dirigió directamente a las gradas, demostrándole a los presentes que es su igual: La Pulga ama al Barça y renovará. Que no les quede la menor duda.
Todo en torno a la épica función pasará al anecdotario sagrado del deporte. Las declaraciones proféticas de Luis Enrique, la fe de Neymar, el ímpetu de Messi, la garra de Suarez, la ironía de Piqué, la precisión de Busquets y la elasticidad de Roberto.
No sabemos qué le depara el destino inmediato al Barcelona, pero siempre podrán encontrar la inspiración en la noche en que, figurativa y literalmente, el futbol se midió en escala de Richter.

COLUMNA

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