“Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar”

Hipatia de Alejandría

Nuestro maravilloso planeta forma parte del Sistema Solar y se le denominó Tierra en honor a la diosa de la fertilidad Gea, siendo el más grande de los sólidos. La Tierra es habitada por un sinnúmero de especies de animales y plantas de todo tipo, color y tamaño, y quien destaca es el ser humano.

Sobre el surgimiento del hombre en el planeta existen varias teorías, pero de lo que se conoce es que a partir de la aparición de los seres vivos, el ser humano apareció y en su constante evolución ha buscado la forma de conocer a detalle las múltiples características biológicas que lo hacen ser único, por lo que varios científicos en diferentes lugares y tiempos, constantemente se han hecho esa pregunta: ¿cómo es totalmente diferente a otro siendo de la misma especie?

Varios científicos se han encargado de hacer valiosos aportes para que hoy en día sea más fácil tener respuesta a diversas dudas acerca de la vida humana. El develamiento del ADN se trabajó hace miles de años y actualmente siguen realizándose estudios y experimentos con base en este ácido nucleico… “El descubrimiento científico se fraguó en un laboratorio de la Universidad de Cambridge, en Gran Bretaña, por el británico Francis Crick y el estadunidense James Watson junto con Maurice Wilkins, que recibieron el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1962” (CNN, 2013).

Existen diferentes versiones acerca de quién verdaderamente descubrió el ADN, pero las aportaciones más importantes han sido atribuidas a los autores mencionados, sin embargo, es fundamental dar a conocer a mujeres científicas como Rosalind Franklin, quien de igual forma contribuyó notablemente al descubrimiento de dicho material genético. “Rosalind Franklin, la científica que consiguió retratar la estructura helicoidal del ADN en su famosa Fotografía 51 y que fue apartada de los reconocimientos oficiales, no fue la única mujer relegada del mérito científico en el estudio de la genética” (Ferrer, 2019).

Constan estudios en los que el trabajo de la mujer no es reconocido y se queda en el olvido, dejando de lado el esfuerzo y dedicación que han puesto para aportar sus investigaciones al mundo, en dicho caso se trató de la información genética de los organismos vivos y, gracias a ellos, el estudio de la vida se ha facilitado en gran parte para poder crear vacunas, hacer estudios médicos, prevenir enfermedades o, en su caso, crear alimentos transgénicos que no siempre han sido favorables.

“El ADN está cada día presente en nuestras vidas. Los análisis genéticos son solicitados con más frecuencia para conocer el origen de nuestras enfermedades y, en algunos casos, realizar terapias en función de nuestro perfil genético” (Ortiz, 2016). Por ello, hoy se comenta de una mujer no muy conocida, que a pesar de las dificultades que presentó por ser del sexo femenino, dedicó su vida a la religión para ser monja; fue muy criticada, jamás contó con apoyo para desenvolverse en la ciencia y aun así logró aportes valiosos en el estudio del ADN, ella fue Miriam Michael Stimson.

Nació el 24 de diciembre de 1913 en Chicago, Estados Unidos (EU), criada en el seno de una familia católica; sus padres Frank Stimson y Mary Holland tuvieron tres hijos, de los cuales dos fueron gemelos y ella la única mujer. Durante su infancia ayudaba a su mamá en el cuidado de sus hermanos pequeños; inició sus estudios académicos en una escuela religiosa dirigida por hermanas dominicanas en la ciudad de Adrian, en Michigan.

La ciencia siempre estuvo presente en Miriam, aunque se sentía privilegiada al ser llamada por Dios para servir al prójimo, por lo que terminó sus estudios religiosos. Una vez que se graduó, empezó a impartir clases en el mismo colegio y en su tiempo libre investigaba todo acerca de la ciencia.

Cuando obtuvo el grado de “monja” continuó estudiando, esta vez en la Universidad de Siena Heights; mujer estudiosa con muchas habilidades que ayudaron para que sus conocimientos fueran reconocidos. En esa época estaban muy marcados los estereotipos de género, donde las mujeres eran mal vistas por querer sobresalir en actividades o profesiones para los “hombres”, situación difícil para Miriam, quien disfrutaba y amaba con pasión la ciencia. “Que una mujer fuera además monja, era toda una excentricidad para muchos” (Ferrer, 2019).

Stimson pasaba gran tiempo en el laboratorio de la universidad investigando las células cancerígenas. Las críticas no impidieron que continuara trabajando en sus proyectos científicos, los cuales jamás imaginó que llegarían a ser valiosos en el campo de la ciencia. “Convencida de que la ciencia no estaba reñida con la fe, Miriam creía además que era por el camino de la ciencia que se podía llegar a descubrir la verdadera naturaleza de Dios” (Ferrer, 2019).

Su trabajo era excepcional y muchos querían publicar sus estudios, como la revista Nature en 1945, donde publicaron investigaciones sobre cromatología, células cancerígenas y rayos ultravioletas.

En 1951, la Universidad Sorbona de París la invitó a ofrecer una plática; Miriam sería la segunda mujer en hacerlo después de Marie Curie. “Su trabajo estaba centrado en la lucha contra el cáncer, pero sus hallazgos le hicieron contribuir a algo más grande” (Religión en libertad, 2017).

Para la década de 1950, sin imaginarlo, Miriam estaba descubriendo la estructura del ADN a través de bromuro de potasio, con el cual preparaba las bases del ácido para analizarlo por espectroscopia infrarroja. Finalmente tuvo éxito, convirtiéndose en un procedimiento químico que aseguraba la composición del ADN y la doble hélice. El descubrimiento enlazado con sus investigaciones sobre el cáncer ayudó a obtener estudios más concisos sobre la enfermedad y así crear técnicas para la lucha contra ese padecimiento, como lo son las quimioterapias. “De ahí la importancia de su labor. Pero además, fue adelantada a su época y reconocida por su trabajo con el espectroscopio, escribiendo manuales para saber utilizarlo” (Religión en libertad, 2017).

A partir de su invención, Miriam continuó colaborando en estudios de la ciencia, orientando a colegas científicos para entender esa rama del saber. El verdadero propósito de la religiosa era encontrar la verdad sobre la creación del humano. Miriam Stimson es ejemplo de superación y firmeza en sus pensamientos, dejando claro que ciencia y religión pueden combinarse. “Demuestra de nuevo que numerosos católicos, ya fueran religiosos o laicos, han contribuido desde hace siglos hasta la actualidad a la ciencia con descubrimientos que cambiaron el mundo” (Religión en Libertad, 2017).

La religiosa Miriam Michael Stimson murió el 17 de junio de 2002, lamentablemente sin el reconocimiento oficial de sus grandes aportaciones al mundo de la ciencia.

“Cuando se habla sobre el aprendizaje y las ciencias, la gente no piensa en las mujeres”

Wang Zhenyi

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