Hace unas semanas publiqué en este espacio la primera parte de esta columna sobre mi experiencia en un sitio de sugar babies, en ella describí la dinámica del sitio y lo que significa ser sugar baby y sugar daddy, en esta segunda tocaré un par de puntos al respecto de los sitios web y la dinámica de las relaciones.

Una cuestión que debe discutirse al respecto de la operación de los sitios web que conectan a sugar babies con los usuarios mayores, tiene que ver con su calidad de “redes sociales”, es difícil pensar que una compañía celular incluyera a este tipo de aplicaciones dentro de sus servicios gratuitos o que pensáramos en “agregar” a compañeras/os de trabajo, entiendo que las redes sociales, en la actualidad, es un término que se refiere a las plataformas que conecten personas a través de un servicio virtual, en las que se intercambia todo tipo de información y sirve para establecer vínculos más allá de la interacción en persona; sin embargo, si tomamos en cuenta el uso de estos sitios, ¿podríamos entenderlos como Facebook o Instagram? Es importante resaltar que las personas que crean cuentas en estas páginas solo tienen un objetivo: el de encontrar a alguien con quien tener un encuentro sexual o una relación a cambio de dinero o quien vende estas actividades y busca beneficios económicos. Además de lo anterior, quienes administran estas aplicaciones, cobran membresías a todas las personas que utilizan sus servicios, ¿hasta qué punto sus operaciones y sus servicios se encuentran regulados por las normas de cada país?, ¿podemos asegurar que dichas actividades son éticas y no están contribuyendo a la explotación de las mujeres, por ejemplo?

Al respecto de esta segunda pregunta me parece importante resaltar una frase de mi columna anterior, cito: “(…) tenía que escoger de una serie de palabras las que mejor me describieran (…) como ‘con sobrepeso’ y ‘con cara infantil’”, esta última es especialmente preocupante. Teniendo en cuenta que los sitios de sugar babies “son como cualquier red social” esto podría significar también que usuarios y usuarias podrían mentir sobre su edad y menores podrían estar ofreciendo sus servicios como sugar babies. En el caso de las mujeres y la insistente sexualización por los medios de comunicación, cultura pop y publicidad nos pone frente a una cruda realidad: los varones mexicanos, los sugar daddies en México están buscando mujeres jóvenes que se vean como niñas o incluso que sean niñas.

De acuerdo a los datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés), en 2016, más de 30 mil niñas mexicanas de entre 15 y 19 años fueron víctimas de violencia sexual. Dicha violencia se define como “incitación o coacción para que un niño se dedique a cualquier actividad sexual ilegal o psicológicamente perjudicial”, dentro de los que se encuentran la trata de personas y la prostitución. En la columna anterior mencioné los diversos artículos que insisten en endiosar la figura del sugar daddy y en asegurar que la vida de sugar baby está llena de lujos y premios, esta publicidad también es una herramienta de coacción cuyas víctimas son potenciales sugar babies, convenciendo al público de que solo existen beneficios bajo este esquema.

La realidad es engañosa, estos sitios web y los sugar daddies toman ventaja de la situación económica y política de las mujeres, las introduce en relaciones asimétricas en donde ellas deben de responder siempre de manera positiva a las exigencias del otro. Es momento de parar de mentir: la dinámica del sugar daddy-sugar baby está atravesada por la opresión y la oprimida no tiene derecho sobre sí misma.

Algunas páginas de consejos para sugar babies aseguran que todas las relaciones humanas están mediadas por el dinero y que el sugardating es como cualquier noviazgo, hay incluso listados para reconocer los “falsos” sugar daddies, siendo uno de los más importantes que “el sugar daddy no te ha dado nada para mejorar tu vida”. El sugardating no es como un noviazgo, ni es un trato inocente en el que las dos partes participan para beneficio propio, es un ejercicio violento.

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