Misión: sortear el bloqueo

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Los viajeros hacen un trayecto de tres horas para salir del municipio

De Ixmiquilpan a Pachuca, las peripecias de los viajantes

Pachuca

Salir de Ixmiquilpan, una zona prácticamente incomunicada, es, sin duda, una proeza para quienes se aventuran a sortear los bloqueos, a superar la incertidumbre de desconocer cuándo, cómo y dónde encontrarán una vía cortada que los obligue a plantearse si deben dar vuelta y olvidar el intento o si tienen que buscar otras alternativas.
Ese es el día a día de muchos habitantes del corazón del Valle del Mezquital, hoy también conocido como el baluarte hidalguense de la resistencia de la población contra el gobierno, contra el gasolinazo, contra los abusos, dicen.
Sin transporte público local ni líneas de autobuses, a los ixmiquilpenses que por necesidad tienen que salir les esperan dos opciones: usar su automóvil o pagar el servicio de un taxi, de otra manera no podrán salir.
Lo primero que se topa el viajero es el tramo que habrá que recorrer a pie, en medio de la manifestación y el bloqueo en la México-Laredo, por las piedras y los palos que quedaron tirados sobre el asfalto, curioseando en los esqueletos de las patrullas incendiadas que recuerdan que algo sucedió ahí.
Cada quien debe caminar para llegar a Humedades, el sitio donde se ubica el primer tráiler atravesado, desde ahí los autos la pueden circular. El trayecto normal conduce al automovilista a tomar la lógica salida por Pastores; allá se presenta el primer obstáculo.
Gruesos bloques de piedra se extienden a lo ancho de la vía, obligando al conductor a dar vuelta a regañadientes; nadie se atreve a retirar los escombros, por miedo o por lo que sea que puede pasar. Así que la segunda opción obligada es buscar la salida por Progreso.
Al viajante se le detiene el corazón cuando a lo lejos ve fuego y un grupo de personas enfrente de la carretera pasando Xothi. Teme un nuevo bloqueo. Pero los temores se disipan, algunos hombres se acercan y piden que los dejen pintar el automóvil con consignas contra el presidente de la República. “Fuera Peña”, reluce en todos los vehículos que pasan por el sitio.
El recorrido es tranquilo hasta Progreso, pero en el trayecto se observan las huellas del movimiento: gasolineras cerradas, al igual que las tiendas de conveniencia, y pocos caminantes por la calle.
Una vez en Progreso, se encamina hacia Tepatepec para llegar a Actopan; cuando parece que se sorteó el camino otro bloqueo aparece. No hay forma de pasar y quienes se mantienen en el lugar ofrecen alternativas para llegar a la Ciudad del Convento.
Un camino terroso al lado de un canal espera a los automovilistas. De tanto polvo es difícil ver más allá de 50 metros. Algunas casas “salpican” el paisaje. Es un terrero que jamás pensaron que pisarían. Después de un rato se alcanza una carretera, es San Salvador, pero más adelante otra desilusión. Bloques de concreto cierran la vía, nuevamente.
Resignados, los conductores dan la vuelta, preguntan a la gente que se encuentran por dónde salir, los lugareños se la saben, no son los primeros que preguntan, dan las señas de forma clara, dicen que debes llegar hasta una “Y” y tienes que elegir el camino hacia Poxindeje, porque si te vas por la izquierda no vas a salir.
En ese momento ya llevan más de dos horas en carretera buscando una salida a Actopan. La vía es oscura, la incertidumbre crece con cada metro, no saben si en alguna parte habrá otro cierre. Sonríen cuando avistan, por fin, la México-Laredo, a la altura del crucero, a la derecha ya está Actopan, la tierra prometida, así parece en ese momento.
Una vez en la carretera federal, el trayecto se hace más amable. Ya no hay cierres, pero nadie se confía hasta no entrar a Pachuca, todos respiran. Son casi tres horas de trayecto. Es lo que tienen que pasar quienes tienen que salir de Ixmiquilpan.

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Emma Fermín
Egresada de la UAEH, reportera deportiva. Siete años en el medio, y los que faltan. E-mail: [email protected]