En una frase reveladora de Kristen R Ghodsee y Mitchell A Orenstein, en su libro Revolution for whom?, publicado por el Project Syndicate, se puede leer: “Muchos están peor que antes y pocos están mejor”. Como lo mencionó Federico Engels: “La historia camina por el lado malo”.

La mañana del 4 de noviembre de 2019, tres madres en tres vehículos, con 14 niños en ellos, salieron de La Mora, una pequeña comunidad familiar en las montañas del noreste de Sonora. El viaje tendría como finalidad reunirse con la familia en Chihuahua y recoger al esposo de una de estas madres en el aeropuerto de Phoenix, AZ. Nunca lo lograron. Fueron emboscados por cárteles mexicanos; fusilados, quemados y asesinados a sangre fría. La familia LeBarón, que fue golpeada por la violencia, tiene largas raíces, es la comunidad más amplia de mormones fundamentalistas que se establecieron en las regiones fronterizas del norte de México a finales del siglo XIX. Inicialmente, el patriarca de la familia formó parte de una ola de rebeldes religiosos que se mudaron al sur para practicar la poligamia cuando la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días la prohibió. Solo unos pocos aún practican el matrimonio polígamo, pero continúan viviendo como una comunidad religiosa observante en lo profundo de algunas de las tierras fronterizas más turbulentas de México. Hoy, con descendientes diseminados por todo el oeste americano, los que viven en La Mora son exitosos agricultores de nueces, chile, alfalfa y granadas, criando niños que tienen doble ciudadanía, estadunidense y mexicana.

Y justamente por tener ambas nacionalidades será que Washington se entrometa en este episodio lamentable y emita una respuesta a cargo del presidente de Estados Unidos (EU) Donald Trump, quien ofreció a México ayuda para: “limpiar a los cárteles. Este es el momento para que México, con ayuda de Estados Unidos, haga la guerra en contra de los cárteles de droga y los borre de la faz de la Tierra. Simplemente estamos esperando la llamada de su nuevo presidente”, escribió el mandatario a través de su cuenta de Twitter. “Si México necesita o solicita ayuda para acabar con estos monstruos, Estados Unidos está listo, está dispuesto y es capaz de involucrarse y hacer el trabajo de manera rápida y efectiva”, agregó.

¿Hacer el trabajo de manera rápida y efectiva?, ¿Acaso EU olvida que México es un país soberano? Es cierto, recibir ayuda en tiempos difíciles es un gesto de buena vecindad, sin embargo, los vecinos del norte olvidan un poco la historia que vincula a ambas naciones, no exactamente en llevarse del todo bien, ya que han existido ultrajes, alevosía, violencia y un alto índice de rencor y resentimiento desde que EU ha tratado, siempre, de mangonear a México a su antojo aprovechando siempre los problemas internos de nuestro país para lograr obtener beneficios sustanciosos, basta recordar la pérdida de más de la mitad del territorio mexicano (California, Nevada, Utah, Nuevo México, Texas y partes de Arizona, Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma). Por cierto, justamente el territorio de Utah fue cedido a la comunidad mormona como pago a la ayuda prestada en la guerra contra México; hasta el día de hoy cerca del 60 por ciento de la población de Utah son miembros de esta asociación religiosa. Llegaron por primera vez al Valle del Lago Salado el 24 de julio de 1847. En esa época, el territorio que se convertiría en el estado de Utah estaba bajo control de México.

Otro ejemplo de intervención es el del embajador norteamericano Henri Lane Wilson para derrocar el gobierno de Francisco I Madero en 1913, que terminó sus días en gran medida por culpa del intervencionismo norteamericano. ¿Cómo olvidar la expedición punitiva? Con el afán de buscar a Francisco Villa en aquel lejano 1916, tratando de internarse en suelo mexicano y que, por fortuna, sería impedido por Venustiano Carranza, quien con amplio conocimiento de la historia de México intuyó la alevosa intromisión yanqui matizada en una supuesta ayuda para localizar y apresar al revolucionario. En fin, los ejemplos son bastantes y muy variados, analizar cada uno de ellos bien vale la pena, sin embargo, quién mejor para abordar el tema que mi buen amigo y colega, lamentablemente ya fallecido, Friedrich Katz, que en uno de sus libros llamado La guerra secreta en México analiza cada una de estas intromisiones alevosas y sinvergüenzas por parte de los norteamericanos.

Será, quizá por ello, que nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), gran conocedor de la historia nacional, en un claro, contundente y sin rodeos ¡No, gracias! Contestó al presidente de EU con sutilidad: “En estos casos nosotros tenemos que actuar con independencia de conformidad con nuestra Constitución y nuestra tradición de independencia y soberanía. Entonces voy a hablar con el presidente Trump para agradecerle su apoyo, ver si en los convenios de cooperación hay posibilidad de que se pueda contar con ayuda en caso de que se necesite y en el marco de la legalidad internacional vigente y acuerdos bilaterales. Entonces solicitaríamos ese apoyo, que agradecemos mucho. Pero creo que no necesitamos para atender estos casos de la intervención de un gobierno extranjero, todo esto de manera muy respetuosa”. No una intervención, sí a nuestra soberanía; no un intervencionismo disfrazado de ayuda. Nada bueno se puede esperar de un país como EU, que ha sido formado a base de embustes, traiciones, barbarie y sangre derramada, ¿Tú lo crees?… Yo también.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.