BRICIA MARTÍNEZ

Cuando uno piensa en Medio Oriente y sus estampas de la vida cotidiana, viene a la mente la imagen de un hombre con turbante, sentado en el piso con las piernas cruzadas, tocando la flauta frente a un canasto de mimbre del cual sale bailando, hipnotizada por la musiquilla, una peligrosísima cobra.

Se cree que fue en Egipto donde el oficio de “encantador de serpientes” comenzó a practicarse, posteriormente fue difundido por África del norte y el sudeste de Asia, cobrando fuerza en la India. Solía pasar de generación en generación, aunque decayó desde la década de 1970 tras la prohibición del tráfico de serpientes. Hoy en día son pocos los que la practican.

La verdad es que esos reptiles ni son hipnotizados ni “bailan” con la música; las serpientes son casi sordas al sonido transmitido por el aire y lo único que hacen es seguir los movimientos que produce la flauta –llamada pungi–; al confundirla con una potencial amenaza, copian sus movimientos; la mirada fija –que interpretamos como “en trance”– es solo parte de su instinto de defensa.

Durante décadas los encantadores han ocupado diversas técnicas para evitar el ataque de la cobra: las privan de alimento y eliminan sus colmillos o las glándulas de veneno, incluso les cosen la boca; luego las colocan dentro de las canastas y ellas, por el simple hecho de querer escapar, salen de la canasta o la olla donde las tengan atrapadas.

Semblanza

La fascinación que causa lo misterioso y lo desconocido es descomunal.

En El libro de los monstruos se reúnen todas las criaturas abominables –y no tanto– que han sido parte de la cultura desde el cine, la literatura, el cómic o el folclor. Los hay de todas formas y tamaños: acuáticos, celestes y terrestres; peludos o con escamas, con colmillos o lenguas largas.

En El libro de los monstruos encontrarás desde el monstruo del pantano que ocupa los siniestros bosques de Estados Unidos, al Chupacabras mexicano, a los europeos, a los demonios asiáticos, entre muchos otros que te pondrán los pelos de punta y te acompañarán hasta en tus peores pesadillas.

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