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Mitos y realidades del VIH

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MANUEL BELGRANO
Pachuca

Muchas de las historias y rumores sobre el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) son exageradas o solo inventadas. Al enfrentarte al VIH, es importante que distingas la realidad del mito. La creencia en los mitos puede provocar temor, negación e incluso un daño a tu salud. Los mitos son muy peligrosos, porque pueden hacer que tengas temor a algo que no es peligroso. Además, también pueden hacerte creer que algo no es peligroso, cuando en realidad, sí lo es.
Mito: “El VIH se puede transmitir a través de las lágrimas, de la saliva, del sudor, de los mosquitos, en piletas o por contacto casual”.
Realidad: El VIH solo se puede transmitir a través de la sangre, el semen, los fluidos vaginales o la leche materna de una persona infectada. Las formas más frecuentes de transmisión son el contacto sexual sin protección y el compartir agujas con una persona VIH positivo. El virus también se puede pasar de la madre al bebé. El contacto casual no se considera riesgoso, tales son los casos como saludar o despedirte con un beso, usar servicios públicos como baños, compartir los cubiertos para comer o los vasos para beber, etcétera. Tampoco se transmite a través de picaduras de insectos.
Mito: “Yo no tengo que preocuparme del SIDA, porque no soy homosexual.”
Realidad: Universalmente la relación heterosexual es el modo primario de transmitir el VIH; y con el paso de los años se ha visto un aumento de la infección en mujeres y hombres heterosexuales. La mayoría de las personas VIH positivo son heterosexuales. Los hombres infectan a las mujeres y viceversa. El riesgo no tiene que ver con etiquetas, sino con la conducta. Un hombre heterosexual que tiene relaciones sexuales con mujeres sin protección, o viceversa, corre un riesgo mayor de infectarse que un hombre homosexual que siempre practica el sexo seguro.
Mito: “Uno no puede contraer el SIDA practicando sexo oral.”
Realidad: El VIH es transmitido durante un acto sexual sin protección (sin uso del condón) incluyendo el acto sexual oral, vaginal y anal, sin importar si la persona que lo practica es hombre o mujer.
Mito: “Uno puede identificar a una persona infectada con el VIH solamente mirándola.”
Realidad: Una persona puede ser VIH positivo y no mostrar síntomas por muchos años. El virus no distingue género, raza o clase social.
Mito: “Inyectándose drogas es la única manera de adquirir el SIDA.”
Realidad: Compartir agujas es una de las maneras de adquirir el SIDA, pero la forma más común es mediante relaciones sexuales desprotegidas.
Mito: “Los condones vienen por tallas.”
Realidad: No, el material con que se fabrican los condones de látex se adapta al tamaño de cualquier pene.
Mito: “No se puede padecer más de una enfermedad de transmisión sexual a la vez.”
Realidad: Falso. Sí se puede padecer más de una enfermedad de transmisión sexual (ETS) a la vez. Cada infección requiere su propio tratamiento. Uno no se vuelve inmune a las ETS. Uno puede infectarse por la misma infección una y otra vez. Muchos hombres y mujeres no notan ningún síntoma cuando se infectan por primera vez; sin embargo, sí pueden infectar a su pareja sexual.
Mito: “El SIDA no mata a las personas, sino los medicamentos que toman.”
Realidad: Los medicamentos anti-VIH, conocidos como antirretrovirales, no curan el VIH, pero pueden ayudar a las personas a mantenerse saludables por más tiempo. Antes de que surgiera AZT (primer medicamento para tratar el SIDA) y otros medicamentos, las personas morían a causa del SIDA. De hecho, en la mitad de la década de 1990, los índices de mortalidad han disminuido considerablemente en EU. Desde que aparecieron nuevos medicamentos anti-VIH. Lamentablemente, estos tienen efectos secundarios y toxicidades (para algunas personas).
Mito: “Estoy segura o seguro porque tengo una relación monógama.”
Realidad: ¿Te hiciste la prueba del VIH antes de iniciar tu relación? ¿Se la hizo tu pareja? ¿Ambos obtuvieron un resultado negativo? ¿Pasas las 24 horas del día con tu pareja? Si tú eres fiel, pero tu pareja no, o si ella o él era VIH positivo antes de conocerte, aún es posible que te infectes.
Mito: “No voy a infectarme si no uso condón solo una vez.”
Realidad: Eso es peligroso. En vez de jugar con la probabilidad de no infectarte por un acto de sexo sin protección, es mejor usar bien y siempre el preservativo de látex. Cuando se usan de manera habitual y correcta, son altamente eficaces para prevenir la transmisión sexual del VIH.
Mito: “Usar dos preservativos es mejor que uno.”
Realidad: Usar dos preservativos simultáneamente puede incrementar la fricción entre ellos y, por lo tanto, aumenta las posibilidades de que se rompan o salgan de lugar. Un detalle: tampoco es aconsejable el uso del preservativo femenino y masculino a la vez, por el mismo motivo.
Mito: “Si él ‘sale’ antes de eyacular, no puedo infectarme de VIH.”
Realidad: Si el hombre está infectado, su fluido pre-eyaculatorio contiene tanto esperma como el VIH. Por lo tanto, “quitarse” o “salirse” antes de tiempo no es un modo efectivo de prevenir el contagio. Lo mismo vale para el “juego” anterior a la eyaculación. Lo correcto es colocarse el preservativo lo antes posible.
Mito: “No puedo contraer VIH por hacerme un tatuaje o un piercing.”
Realidad: El riesgo de transmisión del virus es bajo, solo existe posibilidad si las herramientas utilizadas están contaminadas con sangre y no fueron limpiadas y esterilizadas apropiadamente. Se recomienda que esas herramientas se utilicen solo una vez y sean desechadas o se esterilicen adecuadamente entre clientes. Si vas a tatuarte o colocarte un piercing, pregunta cómo previenen la propagación del VIH y otras infecciones como la del virus de la Hepatitis B.
Mito: “Los dos tenemos VIH. No necesitamos usar condón.”
Realidad: El sexo seguro también es importante entre parejas seropositivo. De acuerdo con The National Women’s Health Information Center (un organismo del U.S. Department of Health and Human Services), la evidencia muestra que la reinfección puede ocurrir. Si tú y tu pareja están infectados de VIH y bajo tratamiento con terapia antiretrovirales, pueden reinfectarse y hacer más difícil el tratamiento.

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