El 2 de enero de 1915 fue conformado el primer Comité Agrario de Mixquiahuala de Juárez, Hidalgo. En dicho acto nombraron a Arturo del Castillo, Crisoforo Aguirre, Justino Aguirre, Octaviano Flores y Leonardo Candelaria como los encargados de asegurar la repartición de las tierras ejidales por mandato del general Emiliano Zapata y fue autorizado a los habitantes de la tierra del mezquite a “defenderla con arma en mano”.

Gran parte del pueblo ya olvidó esa historía de tenacidad, la cual debería de ser un ejemplo de lucha para las generaciones actuales para recuperar la grandeza que tuvo ese municipio. Por ejemplo, por mucho tiempo fue considerado el granero de la Ciudad de México, estatus que adquirió gracias a su bonanza agrícola que permitió abastecer a esta gran urbe, cuando el campo era la actividad más importante y todavía no se fracturaba la unidad administrativa y Progreso de Obregón (La Venta) era parte de su territorio hasta antes de 1970.

Fracturar a los pueblos es una estrategia antiquísima y la división territorial es importante para restar presencia política y económica. Ese esquema una y otra vez es repetido en la región como si de una maldición se tratara, que de fondo explica por qué Mixquiahula no crece como debería porque además de ser tierra dividida, también es tierra fragmentada.

A pesar de contar con el ejido de riego más grande de México, el divisionismo que impera entre sus habitantes hace lento el desarrollo que desde hace décadas pudo haber construído este pujante pueblo. Es lamentable que no exista el diseño e implementación de una política agroindustrial en la región estratégica para la seguridad alimentaria, que genere cadenas de valor y fortalezca la sinergia entre universidades, empresas y campesinos de la región. Adicionalmente, el municipio cuenta con afluentes de agua (estancada y rodante) que es desperdiciada en un contexto de estrés hídrico en el centro del país y que no ha habido negociadores con la gran metrópoli de Ciudad de México para obtener beneficios para las arcas municipales.

La democracia partidista viciada es otro de los actores que contribuye también con la fragmentación del municipio, que a veces se vuelca en conflictos entre demarcaciones, pueblos, colonias y hasta entre personas. Inéditamente Mixquiahuala cuenta con tres legisladores del orden local y federal, por lo que pueden encaminarse esfuerzos conjuntos y anteponer el interés del pueblo antes que la carrera política individual o del partido que representan. La historía les colocará en el lugar que hayan tejido en la memoria de su pueblo y en lo que los escribanos guardan para la posteridad.

También el municipio es cuna de profesionales, artistas, políticos, científicos, historiadores y periodistas de renombre nacional, pero todavía se insiste en nombrar a funcionarios en la administración pública local sin el conocimiento mínimo. ¡Esta tierra merece municipalistas, no payasos ni improvisados de la política! No se trata de un título universitario solamente, sino que hay espacios administrativos que requiere profesionales que sepan hacer las cosas y no funcionarios, amigos o compadres del manda más.

El clientelismo engañabobos ya no debe ser la fórmula para elegir a nuestros representantes, que se promueven en campañas repartiendo baratijas y pagando espectáculos que en nada incitan al desarrollo humano, cuyo fin último es solamente comprar la voluntad política de las personas. Frente a ello, hacen falta políticos que promuevan obra pública que mejore la infraestructura básica, fomente el empleo, fortalezca la seguridad y mejore las condiciones para el desarrollo humano, si esto no lo comprendemos los mixquiahualenses, la anhelada profesionalización de la política será solo un sueño guajiro.

En otra entrega editorial también he señalado como las élites políticas conciben a nuestros municipios y los llaman burlonamente “pueblos lagartijeros”, porque de fondo demuestran su desprecio y solo a los grupos de poder les conviene tener a los pueblos divididos.

Por todo ello, es necesario un diálogo urgente con nuestra raíz, con nuestra esencia, con el barro del que fue moldeada nuestra identidad. Absolutamente todos los pobladores de esta tierra somos herederos de aquellos hombres y mujeres que vinieron a pie descalzo a laborar en el ejido y que construyeron este pueblo con su trabajo digno. No es momento de divisionismos, es momento de unidad a pesar de las necesarias diferencias, porque es más grande la empecinada necedad de este pueblo para construir un mejor Mixquiahuala para sus hijos.

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