Todo por un voto. Dicen que sigue firme el memorándum presidencial que desconoce disposiciones de la reforma educativa de 2013. Pero dicen mal, porque por más que insista el licenciado López Obrador ese documento carece de validez frente a un ordenamiento constitucional y, por ende, entraña una ilegalidad. Pero…

¿Cuál habrá sido la reacción de Andrés Manuel López Obrador y de Mario Delgado la noche del martes pasado, cuando la reforma educativa sufrió un traspié en el Senado? Sin duda fue de contrariedad, por usar un eufemismo.

Y es que el 15 de mayo entrante, en la celebración del Día del Maestro, el presidente no podrá regodearse discursivamente y presumir que abrogó a la “mal llamada”, con su contrarreforma de diciembre de 2018, y tendrá enfrente al fundamentalismo de la CNTE con el reclamo por el incumplimiento de los acuerdos pactados.

Porque es evidente que tanto el presidente López Obrador, vía Esteban Moctezuma Barragán, secretario de Educación Pública, y su alfil y fiel escudero Mario Delgado, coordinador de los diputados federales de Morena y presidente de la junta de coordinación política de la Cámara baja, acordaron con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación una tregua a su beligerancia que generó perjuicios al aparato productivo con el bloqueo de vías férreas en Michoacán.

Son acuerdos no escritos pero sí de plena complacencia a las demandas de ese segmento disidente del magisterio, especialmente el oaxaqueño de la sección 22, en los artículos transitorios y las leyes secundarias de la reforma educativa, por más que la bancada senatorial del PRI presuma que el espíritu y la esencia de la impulsada por el entonces presidente Peña Nieto está en la lópezobradorista. En fin.

El caso es que, debido a la ausencia del senador morenista Salomón Jara Cruz, cuando el dictamen de la reforma educativa lo había aprobado la mayoría calificada senatorial, en lo particular se atoró.

Un voto hizo la diferencia entre esa aplanadora de Morena y la reducida oposición que, con la postura en contra de la bancada del PAN, no garantizaba que prosperara la minuta llegada de la Cámara de Diputados.

El senador Jara ha explicado en un documento membretado y con su firma la causa por la que, junto con otras dos senadoras, estuvo ausente de la sesión plenaria del martes último. Y es que él había pasado lista mientras las senadoras no estaban en el pleno pero, por ahí de las 8 de la noche, abandonó el salón y no volvió.

¿A esa hora se sabía que su voto era fundamental para lograr la mayoría calificada requerida en la votación del dictamen en lo particular de los artículos reservados? Seguramente no, porque Ricardo Monreal había llegado a consensos tales que, sin el voto de los senadores panistas pero sí con los del PRI, lograría la mayoría.

En lo general, el dictamen recibió 95 votos en favor de los senadores de Morena, del PRI, Movimiento Ciudadano, PRD, Partido Verde, Encuentro Social y Partido del Trabajo. Hubo 25 en contra, de ellos 24 del PAN y uno del sin partido Emilio Álvarez Icaza, amén de dos abstenciones de la priista Vanesa Rubio y de la verde Alejandra Lagunes. Es decir, habían votado 122 de 128 senadores.

Luego vino la votación en torno de 60 reservas de 24 senadores. La mayoría morenista, el PT, PES y Verde, las rechazó. Hasta ahí no había problema, pero cuando se votó en lo particular los artículos reservados, las bancadas del PRI y del PRD cambiaron el sentido de su voto en contra. Y el senador Salomón Jara se había ausentado. Así, 81 votos en favor, 39 en contra y dos abstenciones no hicieron la mayoría calificada. Fue un voto el que hizo la diferencia y la culpa fue sobre el senador Jara.

¿Falló la negociación? Es evidente que en ese corto pasaje de la votación en lo general a lo particular, a Ricardo Monreal le jugaron las contras. Evidencia de que los pactos no siempre son firmes. ¿Qué pasó?
Bueno, la noche del martes pasado, un reportero preguntó a Monreal:
–“¿Qué fue lo que sucedió?”
–“Pues son los gajes del oficio”, respondió el coordinador de la bancada morenista y presidente de la junta de coordinación política senatorial.

Y puntualizó: “Es normal, nos faltó. Todas las votaciones donde la mayoría calificada es indispensable en una reforma constitucional, siempre es muy complicado. Nosotros somos 59 senadores y en cada acto tenemos que estar construyendo la mayoría calificada. A nosotros nos faltaron tres, nos faltó un voto y tres ausencias nuestras. Una aliada, que es del PES, Marcela; Lucía Trasviña, de Baja California Sur, y Salomón Jara, de Oaxaca”.

Pero –acotó– “así es eso, a mí no me sorprende, no me preocupa, no estoy fuera de sí por eso, es un parlamento vivo y es un congreso donde todos los días tienes que construir mayorías”.

¿Quién traicionó a Monreal? ¿Quién o quiénes incumplieron con la palabra reflejada en la votación en lo general? Ricardo recordó que no hay mayorías prefiguradas ni mecánicas ni seguras. Y de quienes faltaron atajó: “Los senadores no son unos niños, todos tienen que asumir su responsabilidad y yo no soy ni mago ni pilmama de nadie. Soy un coordinador modesto y que intento construir mayorías calificadas todos los días, todos los días, así es el parlamento”.

Sin duda, Monreal estaba más allá del encabronamiento elemental. Pero demostró que la vida sigue y, si en efecto, concluyó el periodo ordinario de sesiones, no el trabajo de construcción de acuerdos y consensos en el Senado de la Republica.

Por supuesto que ese revés no se olvida en unas horas, pero Ricardo, presidente de la junta de coordinación política, le entró a las reuniones bilaterales, de tú a tú, con los coordinadores parlamentarios y dirigentes del PRI, MC, PV, PRD, PT y PES. El PAN quedó pendiente.

Monreal asistió también a la reunión con el grupo de trabajo creado para el análisis de las leyes reglamentarias de la Guardia Nacional, en el que están representados todos los grupos parlamentarios, incluido el PAN. Las reformas estructurales no esperan y se construye el consenso y la voluntad política en todos los partidos para avanzar, cuanto antes, en el trabajo pendiente y en los acuerdos por consolidar.

Lo dicho, en política no hay coincidencias ni pactos indestructibles. La chamaba de Monreal, los gajes del oficio. Digo.

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