….Mujer de todos
los maridos

Las innumerables acusaciones que sufre un individuo a causa de su fama suelen ser de variada índole y podrían producirse a favor o en contra de la imagen de tal personaje. Así los manejos y acomodos publicitarios han destruido o elevado a personajes desde mucho antes de la civilización Romana; sin embargo, nos detendremos justo en esta parte del tiempo para abrir “la caja de pandora” de uno de los triunviros más poderosos de la época .Se trata del fuerte, vigoroso, poderoso, hermoso, valeroso, vanidoso, metrosexual (muchos historiadores aseguran bisexual) al gran Julio César.
Es bien sabido que este conquistador logró una reputación maravillosa por sus victorias al lado del Ejército romano, pero sus conquistas no siempre fueron meramente políticas o hacia bellas mujeres (reinas, princesas, doncellas, solteras y casadas), sino también hacia reyes, esclavos y colegas.
Uno de los trofeos más grandes que tuvo el codiciado Julio fue la reina Cleopatra, con quien vivió debatiendo su destino entre poder y libertad. Otro trofeo fue Nicomedes IV de Bitinia, la duda está en si el rey fue el trofeo como sus otras adquisiciones carnales o en realidad Julio fue el cuerpo del delito.
Acusado e incomodado por la fama que se propago después de su llegada a Asia Oriental y sus éxitos logrados ,a pesar de sus fallidas negociaciones con tal rey, Julio César pedía encarecidamente al Senado romano acallar sus querellas en nombre de los beneficios que este le había otorgado al imperio desde siempre.
La irreverencia de los mismos soldados del Ejército se levantaba en cantos que sobajaban (verdadera o falsamente) a este dios-hombre y sus enemigos le llamaban “el marido de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos”.
Julio siempre fue juzgado incluso por sus rituales de belleza que buscaban la fineza de la piel femenina (una obsesión que cualquier macho alfa también pudiera tener), eliminaba todo rastro de impurezas con sus baños de leche (pero de burra y miel como se acostumbraba), depilaba cada bello de su cuerpo y los cosméticos estaban presentes en exceso sobre su tocador. Todo un desfile de masajistas, vestuaristas
y perfumistas le
seguían siempre.
Se dice que su piel fue lo que enamoró al rey Nicomedes y le dio flash pass dentro de su alcoba, ganándose el desprecio de la reina quien justamente le llamaría “rival de la reina y plancha interior del lecho real”.
Un personaje digno de recordar por su valentía e irreverencia al poder si se trataba de decidir entre el deber ser o el embriagante amor (al lado de quien estuviese en turno).
Lamentablemente su hedonismo y libertad rebasaron los límites del Senado romano y sus intereses, quienes temerosos de la inestabilidad pasional de nuestro hombre conspiraron para apuñalarle hasta dejarle sin vida.
Muchas lágrimas, viudas y viudos, camas vacías y corazones rotos quedaron tras las huellas de uno de los hombres más poderosos del mundo (suspiro).

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