Paulatinamente, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) comienza a afianzarse, a mostrar su poder ganado en las urnas el pasado primero de julio. El proceso no ha sido fácil y hoy somos testigos de la fuerte resistencia al cambio. La turbulencia financiera y económica derivada de la decisión del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, de cancelar el aeropuerto en Texcoco es muestra clara de ello. No obstante, luego de un lunes de furia, ayer fue un día en el que las aguas poco a poco regresaron a la calma. Esto en el plano nacional, pero en nuestro contexto local también se cuecen habas. En el Congreso local, donde hoy Morena domina con la fuerza de 17 diputados, también se tomaron decisiones que no gustaron a las hoy minorías representadas por los partidos Revolucionario Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN), a cuyos líderes de bancada no les gustó la repartición de las comisiones legislativas. Ayer, por primera vez en la historia, una fuerza distinta al PRI –Morena– concentrará la presidencia de 17 comisiones, entre las que se encuentran la inspectora de la Auditoría Superior del Estado, la de hacienda y presupuesto, la de legislación y puntos constitucionales, la instructora, la de salud, y la transparencia y anticorrupción, cuya influencia, particularmente sobre el Poder Ejecutivo estatal y los municipios, les otorga gran peso político. De ahí que se entienda la resistencia de las bancadas del PRI y del PAN, quienes votaron en contra del dictamen que fue aprobado por la mayoría morenista. Son tiempos inéditos en los que ahora el PRI es mayoriteado. En donde el PAN, que fue gobierno federal durante dos sexenios consecutivos, se ve obligado a luchar en la arena judicial o administrativa lo que no obtuvo en las urnas. Así es la democracia: los votos le dieron a Morena esa fuerza y la capacidad de tomar decisiones de peso y así lo está haciendo. Si lo hacen mal, ya habrá elecciones en puerta para rectificar. De filón. Y en esa nueva lógica de poder, ahora el priismo opositor quiere arrebatar la bandera de la austeridad que Morena ondeó en campaña. O al menos así se entiende la postura del diputado priista Julio Valera quien retó a la morenista Tatiana Ángeles a reducir a la mitad los salarios que devengan en respuesta a su propuesta de renunciar al seguro de gastos médicos mayores. ¿Bravata o auténtico espíritu austero?

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