Gritan y avasallan 247 gargantas. ¡Morena!, ¡Morena! Y el puño en alto es la firma de la pléyade morenista que marca su territorio en la Cámara de Diputados.

Y como en aquellos días del partido hegemónico que acallaba las voces de la oposición y coreaba la palabra México, o el nombre del presidente en turno, ayer en el salón de plenos en el Palacio Legislativo de San Lázaro, elemental: “¡Es un honor estar con Obrador!”
Y esos diputados de Morena se siguen de largo y cuentan del primero al 43, como recordatorio del caso Ayotzinapa, al vecino priista de la reducida sección a la izquierda del salón. ¿Vivos los quieren? ¿Resolverá el caso Andrés Manuel? En fin. Pero…

¿Sustitución de Morena por el PRI, en la Cámara de Diputados? ¿El gatopardo camaral, o se cumplió la previsión de la reforma política de 1977?

Sí, es el meollo en ese día de la parafernalia legislativa, la de cada tres años con muchos debutantes y varios repetidores de esa trama política entre los hacedores de leyes.
Y, en el pasillo central del salón de plenos, de los otrora reyes de San Lázaro, camina solitario Mario Delgado Carrillo, coordinador de la mayoritaria bancada de Morena, sin la pléyade harto conocida de ujieres y los pares que han solido integrar la burbuja del rey en turno, el jefe de la bancada mayoritaria, en paráfrasis de Toño Meade: el mero-mero.

¿Sustitución de Morena por el PRI?, Mario Delgado asumió con una pregunta a la interrogante que le plantearon en la conferencia de prensa ofrecida al término de la sesión constitutiva de la 64 Legislatura federal.

Mario, solo ante los reporteros encargados de la cobertura de esa esperada sesión. Mario elocuente, expresivo, lee apuntes. Delgado Carrillo sin Horacio Duarte ni Tatiana Clouthier, con quienes compartió espacios en las curules que han sido sede de la burbuja parlamentaria.

Ahí donde Manlio Fabio Beltrones se apoltronó en esos días en que se negoció el curso de las reformas estructurales, en ese espacio hasta el que se apersonaron perredistas, panistas, petistas y hasta quienes se asumían integrantes de la bancada de Morena que no existía, como Manuel Huerta Ladrón de Guevara, quien le pidió perdón por haber ofendido a las mujeres. Aquella 64 Legislatura.

Y de ello también se preguntó a Mario Delgado, por qué se sentó en esa curul, en la que se sentaban los coordinadores del PRI rodeados de su primera línea, el equipazo de la burbuja. Pero el exsecretario de Educación del gobierno de la Ciudad de México calificó de irrelevante al asunto.

En el salón de plenos la algarabía, los abrazos y parabienes, los unos y los otros, los que estallaron en el grito de “¡Morena!, ¡Morena!”, rudeza innecesaria, voz en cuello de 247 legisladores federales integrantes de la bancada de Morena, que se quedó a un tris de ser mayoría absoluta, hacia sus pares de quién es quién…

Alguien podrá calificar de inédita a esa sesión constitutiva, porque finalmente la oposición no precisamente de izquierda arrasó, atropelló a la maquinaria del PRI reduciéndola a 47 diputados federales, condición que implicaría disminuida, apagada y en vías de extinción al otrora partido hegemónico.

Pero hay un mentís. Y en política cuando no hay leyes o reglamentos de por medio, los partidos políticos asumen el acuerdo, así de fácil y sencillo. Por tanto, a partir de un acuerdo, en la génesis de esta 64 Legislatura la diputada priista Dulce María Sauri Riancho, asume la tercera vicepresidencia de la mesa directiva.

Y en el salón de plenos, después de que Pablo Gómez fuera elegido presidente de la mesa de decanos y, como tal, tomara la protesta a los 499 diputados federales, porque faltó uno, el yucateco Roger Hervé Aguilar Salazar, cuya enfermedad le ha negado hasta la posibilidad de registrarse como legislador de Morena, y después rindiera protesta Porfirio Muñoz Ledo como presidente camaral, los nuevos legisladores reconocen el terreno y se toman las selfies o fotos desde la máxima tribuna del país.

¡Ah!, los corrillos carentes de temas legislativos, apenas aproximaciones de los diputados –la Real Academia Española de la Lengua rechaza los y las, porque el genérico es ambivalente– que han comenzado una tarea de tres años. ¿Y luego?

Ahí en el vestíbulo del Palacio Legislativo, Mario Delgado peleaba con el mechón rebelde del lado izquierdo de su peinado alisado, cuando la pregunta le incomodó y…

“Dicen que la forma es fondo, se habla de la sustitución del PRI por Morena, que asume el papel que antes tenía el PRI, y hoy el comentario fue que tan es así que usted se sienta ya en el lugar donde antes se sentaban los coordinadores del PRI…”, planteó una reportera a Mario Delgado, cuya respuesta fue larga en pretensión ilustrativa, como para marcar distancia.

“¿Sustitución de Morena por el PRI? No tiene nada que ver. Morena es otra cosa, el PRI gobernó durante muchos años en este país y la gente le dijo adiós el primero de julio, por todos los excesos que cometió. Morena es el cambio y no se parece a nada. El tema del lugar me parece irrelevante” respondió Delgado.

Miércoles de política y reacomodos camarales; el gatopardo ronroneando en el Palacio Legislativo de San Lázaro y la ola morena que alza la voz para recordar a los desmemoriados que el primero de julio fue tsunami en las urnas y arrastró a azules, colorados, verdes y turquesas y anaranjados hasta las escolleras de la vida nacional.

Pero, vaya, también de la bancada del PAN, sus 80 diputados coordinados por el caballero Juan Carlos Romero Hicks, enhiestan pancartas y urgen justicia en Monterrey, donde les arrebataron la alcaldía.

La misma parafernalia con nuevos rostros que se conjugan con los harto conocidos, dinosaurios de distintas siglas, pero la inmensa mayoría con la misma nacencia priista, personajes inexpertos los más dispuestos a aprender esto del trabajo legislativo que, como es recurrente, arroja pendientes pero cada legislatura presume la máxima tarea.

En la antesala, el vestíbulo del salón de sesiones colmado de trajes nuevos, vestidos algunos de coctel y las esencias aromáticas del perfume caro y que se mezcla en un popurrí que huele a todo, pero especialmente al nervio del debutante, de la diputada electa que se apresta a rendir el “¡Sí, protesto!”, en el pleno que registró quórum de 499 diputados.

Dicen que es la legislatura del cambio, de la transición, inédita sí, por supuesto, con esa oposición que se asume de izquierda y acaso cumplió con aquella previsión del entonces presidente José López Portillo y Pacheco que apoyó la propuesta de su secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, y se aprobó la reforma que devino en la Ley de Organizaciones y Procesos Políticos y Electorales, y abrió la puerta a la oposición que andaba en la clandestinidad.

Y lo mismo posibilitó que Jesús Zambrano Grijalva, exguerrillero integrante de la liga comunista 23 de Septiembre, llegara a la presidencia de la mesa directiva de la Cámara de Diputados por la bancada del PRD, y que hoy el exactivista del movimiento estudiantil de 1968 Pablo Gómez, por la vía de Morena, fuese elegido presidente de la mesa de decanos de la Cámara baja.

Son morenos o morenistas, diputados federales que han rendido protesta como tales y el próximo sábado saborearán, la mayoría de ellos, las mieles del poder cuando se instale el congreso general y reciban el paquete del sexto y último informe de gobierno de Enrique Peña Nieto, al que en campaña acusaron de ser jefe de la mafia del poder y serán parte de ese sistema de las instituciones a las que, el hoy presidente electo y al que han prometido acompañar en la tarea legislativa, mandó al diablo.

Por ahí, en este día de la sesión constitutiva, de fiesta en San Lázaro, los rostros de personajes que tiempo tienen de conocer el quehacer legislativo y cómo hacer política y acuerdos y otros etcéteras de estos espacios del Poder Legislativo.

¿Sustitución de Morena por el PRI? ¿Gatopardismo legislativo? Dice Mario Delgado que Morena es el cambio y no se parece a nada. ¿A nada?

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