A río revuelto, ganancia de pescadores. Reza el refrán. Esto fue lo que le ocurrió a los morenistas, con honrosas excepciones, que vieron frustradas sus aspiraciones de gobernar alguno de los 84 municipios hidalguenses. Mientras los liderazgos nacionales siguen enfrascados en una encarnizada lucha por el poder, en Hidalgo y Coahuila quedó claro que sin Andrés Manuel López Obrador en la boleta electoral el camino será cada vez más sinuoso. Los morenistas se quemaron en su propia hoguera. Los conflictos entre las tribus hicieron que el partido fundado por AMLO hace seis años cayera hasta el tercer lugar en las preferencias electorales del domingo en Hidalgo. El desprecio que muchos militantes de la base hacen al grupo universidad, con todo y su vasto capital político, no abona a nada a la consolidación del Movimiento Regeneración Nacional. En cambio el PRI, con 32 municipios ganados en las votaciones del domingo, demuestra una vez más que no está muerto de cara a la madre de las elecciones en 2021. Y que con una maquinaria de mañas y corrupción que han prevalecido a lo largo de 70 años, estará al asecho de recuperar los escaños que por décadas le pertenecieron. Mientras los vinotinto continúen enredados en disputas internas, el Revolucionario Institucional seguirá respirando. Jugada de tres bandas. Con el aparato del gobierno a su favor, los candidatos del PRI ganaron Pachuca, Mineral de la Reforma y Zempoala, municipios integrados a la Zona Metropolitana de Pachuca que aglutinaron en cuatro años 277 millones de pesos por concepto del Fondo federal Metropolitano. Con este jugoso antecedente, se viene una bonanza de proyectos de obra pública y la correspondiente centralización del poder. De filón. La recisión de última hora a la empresa contratada para implementar el programa de resultados electorales preliminares resulta de lo más irresponsable en nuestra incipiente democracia.

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