Morena va a llevar a cabo su primera elección interna después de que ganó la presidencia de la República, para elegir a él o la presidenta del partido. Esta elección es importante, pues quien esté en la dirección de este instituto político puede ayudar o no a que el Movimiento Regeneración Nacional siga teniendo triunfos electorales, ya que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha dejado ver que ya no se ocupará del partido como lo hizo antes de ganar la elección, lo cual se comprende, pues ahora es el presidente del país.

Lo que estamos viendo es la reconfiguración de Morena, partido que se transformó radicalmente después de las elecciones; ahora, internamente, los que iniciaron con él comparten espacios con otros partidos, principalmente con el PRD, como lo veremos más adelante, sin embargo, estas inclusiones con un objetivo muy pragmático están transformando la vida del partido político, pues las prácticas de esos líderes se empiezan a ver y la pugna Batres contra Monreal representa eso, uno con una idea de permanecer siempre en el poder y el otro haciendo “trampas” que puedan ser legales para que la elección sea legítima.

Para hacer un análisis de esta fragmentación podemos tomar en cuenta la composición de la actual Cámara de Diputados. De 259 legisladores que hay en el grupo parlamentario morenista, 156 tienen su origen en Morena, es decir, 60.23 por ciento; posteriormente, el partido que tuvo una mayor incorporación al Movimiento Regeneración Nacional fue el PRD con 58 diputados, que corresponden al 22.39, un número significativo que exhibe cómo estaba dividido el sol azteca.

El segundo partido con mayor participación en Morena es el PRI con 19 diputados que presentan 7.3 por ciento, aunque relativamente es un porcentaje pequeño, sin embargo, en una elección competitiva se puede perder por una décima, como ya le sucedió a Andrés Manuel en 2006, por tanto no estaba dispuesto a que le pasara en esta elección.

En tercer lugar viene el PAN con 2.3 por ciento; como se puede ver, es un porcentaje pequeño, no obstante, este restó apoyos al Partido Acción Nacional y se los sumó a Morena, lo mismo que pasó con los líderes del PRI y del PRD.

La colaboración de otros partidos es pequeña, sin embargo, hay grupos locales importantes, tal es el caso del estado de Hidalgo, en donde el “grupo universidad” apoyó a Morena y logró no solo votos en el Congreso local, sino también a nivel federal.

Esta configuración del grupo parlamentario de Morena en la Cámara de Diputados es una muestra de cómo ahora está conformado este partido. Así que las propuestas para presidencias llevarán estos apoyos, con todo y sus prácticas. Pero este es uno de los temas a observar a futuro.

Otro tema que me llamó la atención es la poca crítica que hay de los cuatro candidatos de Morena (Yeidckol Polevnsky, Mario Delgado, Bertha Luján y Alejandro Rojas Díaz Durán) hacia el partido. Tuve la suerte de escuchar a Bertha Luján en un evento organizado por su equipo de campaña, empero, fue decepcionante, pues su discurso, que era para militantes de Morena convencidos de esta propuesta partidista, militantes que vieron nacer al partido, fue de los logros del presidente de la República, e increíblemente no dijo nada del partido; hubiese sido interesante escuchar cómo están los comités de base, que si bien ya ha declarado que es una de las debilidades del partido, era para que dejara ver la problemática del partido a nivel subnacional, de tal forma que no se viera no como la vocera de AMLO, sino como la próxima presidenta del partido, con un gran conocimiento del mismo, que se observara que conoce los temas y conflictos internos, que dejara ver su agenda de trabajo, pues hay asuntos urgentes como es la formación política de los militantes.

La autocrítica es un tema generalizado de los liderazgos de Morena, no se diga Yeidckol Polevnsky, quien al interior del partido ha dejado ver que solo importa lo que ella piensa, así que este es el principal problema que observo en estas elecciones.

Posteriormente, las fracciones que ya se están formando, las cuales, al igual que en el PRD, no están teniendo comunicación, lo cual representa otro problema a futuro.

El tercer tema, que creo que ya están dejando ver los morenos, son prácticas del antiguo PRD y PRI, tal como evitar que participen los que están a favor de la “oposición”.

En este contexto, hay quien se pregunta si AMLO no interferirá en la elección; hay dos posibilidades: que la elección sea transparente, limpia y competitiva; o que AMLO “decida”, “apoye” o “se tome la foto” con uno de ellos, y el partido, como en las mejores épocas del PRI, trabaje para que este gane la elección. Así que veamos qué sucede en esta elección que será fundamental para ir dando forma a un partido que sufrió una cirugía profunda en 2018 y que ahora es el instituto político con mayor fuerza electoral en México.

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