Cada vez se definen más los grupos al interior de Morena, de entrada puedo mencionar cuatro: Ricardo Monreal, Yeidckol Polevnsky, Marcelo Ebrard y Bertha Luján, estos líderes queda claro no están dispuestos a negociar o consensar posiciones, han dejado ver que lo que pretenden es tener posiciones de poder al interior del partido o del gobierno, y quien más tiene, más fuerte es. En este sentido, se ha observado una incapacidad de ponerse de acuerdo en cuál es el mejor camino para el partido, ejemplo de ello, es el proceso de elección interna de Morena. En este, desde el inicio se observaron dos posturas, por un lado, aquella que prefería revisar el padrón, y los que asumían que el padrón estaba listo para la elección y que se debía contemplar para la votación solo a aquellos que tuvieron su registro hasta antes 2017.

Luján junto con su grupo apoyaron la propuesta que se hicieran las asambleas con el padrón que tenía el partido y solo se considerara a los militantes antes de 2017, esta decisión carecía de fundamental legal y se justificó en organizar Morena, principalmente, con los militantes antes de 2018, año donde fue claro la inclusión de cualquiera que pudiera abonar un voto a Andrés Manuel López Obrador. Es así, como se empezó la elección interna para renovación del partido, con el padrón antes de 2017. Ante esto, en los diferentes distritos electorales del país, no se tenía certeza de quien estaría en padrón electoral, hubo militantes que no estaban, y todo quedó en manos de quienes organizaban la elección en cada distrito. Estas elecciones no pasaban ninguna prueba de transparencia, ni limpieza electoral.

Conforme empezaron las asambleas era claro que Bertha Luján llevaba la delantera, pero además, aunado al padrón incompleto, también se observó que en algunas asambleas llegaban supuestos militantes con intención de evitar que se efectuaran usando la violencia. Esta práctica deja ver elementos autoritarios, pues alguien mandó a los supuestos militantes a boicotear una asamblea, ¿Con qué fin?, ¿Que no gané su candidato opositor?, o ¿Anular las elecciones?, si es así, estas prácticas de bajo perfil (por no decir más), no habla de la construcción de un partido diferente, ni democrático.

Pero además, cuando esos intentos por boicotear las asambleas no funcionaron, pues la base dejó ver organización, fue entonces, cuando la oposición a Luján decidió interponer una demanda por violación a los derechos políticos de los militantes de Morena, para que se volviera a realizar la elección, pero ahora sí, con el padrón más completo e integrando a los nuevos militares, tal como lo sugirió Yeidckol desde un principio. Este nuevo panorama, da un giro total a la conformación de Morena, y dependerá como se estructure la nueva dirección y quien gane el tipo de partido que se formará.

Esta elección es de suma importancia, pues Morena que antes de estar institucionalizado y tener una estructura base en todo el país, gana una elección federal y se convirtió en el más fuerte (electoralmente) del sistema de partidos en México. Sin embargo, Morena es un partido que antes de las elecciones no tenía comités en todos los municipios del país, pero aunado a esto, el partido no realizó elecciones municipales en 2017, en otras palabras, actualmente no hay comités municipales formalmente en todo el país. Por tanto, esa elección representa mucho para Morena, ya que no solo cambiaría la dirigencia nacional y estatal, sino que por primera vez lograría en todos el país los comités municipales, en otras palabras le daría la base municipal que nunca había tenido el partido y la pregunta es ¿Qué militantes y con qué prácticas se formarán? Entonces, en esta elección se están jugando qué tipo de partido será Morena para el futuro.

Desafortunadamente, fuera de pensar en lo importante que es esta elección para Morena, lo que priva son los interés de quien va a dirigir o controlar al partido; en este sentido, detrás de esta movida jurídica podría estar Yeidckol, pero también Monreal, este último ha dejado ver cómo actúa cuando quiere obtener una posición, la pelea con Martí Batres en el senado, fue claro ejemplo de ello, sin embargo, si es Monreal es un tema preocupante, pues ya a estas alturas nos es claro que le gusta tener poder, presencia y control, primero fue la Cámara de Senadores, ahora podría seguir el partido. Aquí me recuerda esta cultura autoritaria muy aprendida que traemos histórica los mexicanos: concentrar el poder en una persona.

Ante este proceso político tan importante para Morena, Obrador está haciendo lo mismo que hacían los presidentes del PRI: Dejaba que se pelearan los líderes con más presencia del partido, y cuando ya creía necesario daba la decisión, la cual no se discutía; la pregunta aquí ¿Se continuará con esta tradición?, pero además hay que apuntar, que no solo es que él quiera dar su postura, sino que también la militancia está esperando que dice López Obrador, nuevamente siempre en busca del Tlatoani.

Como se puede ver con la próxima elección de Morena se perfilará qué tipo de partido será en cuanto a su organización interna, qué lideres serán más fuertes, cómo se darán las negociones, pero lo que es claro es que las arenas por las que actualmente se mueve son autoritarias, así que veamos si logra dar un giro total y ser el partido nuevo con prácticas democráticas que dicen ser.

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