Lol Canul

La última semana, el ambiente se ha tornado tenso tanto en redes sociales como en calles de la ciudad; un aire de inconformidad e incertidumbre permea una serie de quejas que tienen un tema central: el supuesto desabasto de gasolina. En un afán individualista, el punto en común del malestar es la carencia de gasolina, el tiempo que tardan en cargar su tanque y las desventajas de no tener a disposición el automóvil particular. Sin embargo, esto pierde el foco de los problemas colectivos detrás del tema.

Según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), de los viajes que se realizan para llegar a la escuela en México, alrededor del 55 por ciento se hacen caminando, el 25 por ciento en transporte público, el 17 por ciento en vehículo particular y el 1.

5 por ciento en bicicleta. Por otra parte, están los viajes que se realizan al trabajo, de los que el 35 por ciento se hacen en transporte público, el 27 por ciento en vehículo particular, el 23 por ciento caminando y el 5 por ciento en bicicleta. Es fácil identificar con esas cifras que la mayoría no se mueve en automóvil particular.

Además, otros datos indican que tan solo en la Zona Metropolitana del Valle de México casi el 70 por ciento de los viajes que se realizan en automóvil transportan a una sola persona. Otro aspecto importante es señalar que la inversión destinada a la infraestructura urbana para el uso del automóvil sobrepasa a la inversión que prioriza una movilidad sustentable, pues en 2015 para la primera se invirtió el 80 por ciento del presupuesto destinado a la movilidad, mientras que la inversión a transporte público fue solo del 6 por ciento.

Si consideramos todos esos puntos y sumamos a ello una comparación de los costos de inversión que se requieren para movilizar a las millones de personas que somos en este país, nos daremos cuenta que los automóviles están siendo la forma de transporte más cara, demanda mucho más espacio de la vía pública y además tiene costos ambientales.

El Índice Metropolitano de la Calidad del Aire, que evalúa la calidad del aire en función de la emisión de varios contaminantes, en esta semana reportó un descenso de hasta 40 puntos –de un máximo aceptable de 100– en algunas zonas de la Ciudad de México; se considera que entre las fuentes móviles, los vehículos son la principal fuente de emisión, seguidos por los aviones.

El deterioro de la calidad del aire debido a la presencia de contaminantes tiene un efecto negativo en la salud humana, además de un impacto negativo en el medio ambiente. Es poco difundido que un derecho humano es el derecho a un medio ambiente sano y en México está reconocido en el artículo cuarto de la Constitución Política, entonces, ¿por qué el afán de promover una forma de transporte cara, estorbosa y, además, contaminante?
La movilidad urbana es sustancial, sí; el transporte es una necesidad, sí; pero el automóvil particular no representa la mejor vía, es por tanto un lujo en un país donde también representa estatus y es signo de progreso, donde ser un “pueblo bicicletero” es despectivo.

Es importante priorizar entre nuestras exigencias la calidad del aire que respiramos y el mejoramiento de los medios de transporte colectivo; el enojo por el supuesto desabasto de gasolina debiera equiparar al enojo por la calidad de servicios de transporte público y el enojo por un ambiente insano con un aire contaminado que respiramos todos los días.

Es fundamental que se garanticen los derechos humanos de las personas en un enfoque transversal a las políticas de movilidad implementadas y en la inversión que se hace del gasto público –que debe ser sí, para la gente, para el bien social–.

Cierro la presente con las atinadas palabras de Dana Corres, activista hidalguense por la movilidad peatonal: “Los necesitamos en la exigencia al Estado para tener mejor movilidad y tener formas más sustentables y dignas de movernos.”

Twitter: @lolcanul

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