Finalmente 2018 ya comenzó, este cuarto día del primer mes me llevó a recordar el poder de los elementos que rigen nuestras vidas, tanto en lo externo como en lo interno; los cuatro elementos, fuego, tierra, agua y aire, el quinto, para algunas creencias representado por la voluntad, la mente o el éter, aquella fuerza que convoca al poder de todas las fuerzas. Imposible concebir la vida sin la presencia de ellos.
La medicina tradicional china y otras filosofías orientales se basan en el conocimiento de esos elementos, incluso se dice que viven en nuestro interior y son como serpientes que se encuentran en armonía, sin embargo, cuando una tiene mayor poder que las otras, entonces afirman que se presenta la enfermedad física. El equilibrio es entonces una invitación que nos ofrece la naturaleza para coexistir con ella y disfrutar de la mágica experiencia de sentirse y vivirse humano.
La humanidad en su paso por el mundo, desde hace miles de años, ha observado los sucesos que le han causado asombro y misterio, registrándolos primero en la oralidad y más tarde en el grabado y la escritura; es así como se descubrió que muchos de esos hechos eran cíclicos. Así inició el estudio de las estaciones para intervenir en los procesos de la naturaleza, creando ingenierías como la agricultura y otras áreas de gran beneficio para el desarrollo humano.
Al hablar de nuestro pasado en la actualidad parecería que estamos narrando un cuento de hadas, un lugar mítico donde acceder a las mejores medicinas y los más excelsos disfrutes solo representa el mínimo esfuerzo de desearlos y usar entonces la llave de la voluntad para acceder a ellos. Tampoco se trata ser mentalistas, el motivo de este Séptimo Estado es ayudarnos a recordar los orígenes que conforman nuestra naturaleza humana, recordar que la fuente de la riqueza (material) no está solamente en intentar dominar las fuerzas de la naturaleza de nuestro hogar: la Tierra, ya no por atender las necesidades, sino por arrojarse inconscientemente a los placeres, tenemos que detenernos a observar las auténticas fuentes inagotables de riqueza (interna) y hacernos de las técnicas correctas para mirar la profundidad de aquellos pozos profundos, que más allá de la oscuridad del miedo; yacen joyas de un valor incalculable. En tiempos donde solo existen carencias, la valía y la función serán aún más exponenciales. ¿De qué carencias hablamos? la falta de fe, motivación, esfuerzo, todo aquello que vaya en contra de la virtud, será siempre un objeto de la pobreza. Parece que sí hay personas que cargan costales repletos de esa mierda, incluso quienes pagan por hacerse de ella, Piero Mazoni, un artista conceptual italiano, identificó esta oportunidad e incluso le puso precio, por ejemplo en su obra Merda d’artista, en italiano. Él envasó desechos biológicos de varios artistas en 90 latas, que etiquetó con ese título tan peculiar, el 12 de agosto de 1961, cuando se exhibieron por primera vez en la gallería Pescetto, de Albissola Marina, Italia, se pusieron a la venta al mismo valor que entonces tenían 30 gramos de oro; hoy día el precio alcanza cifras de cuatro y cinco dígitos en euros, en las pocas ocasiones en que una fue puesta a la venta o a subasta.
Si queremos avanzar en nuestras metas, será importante no ceder paso al confort y a la ignorancia, pero sobretodo, identificar aquellos envases de mierda que seguimos reteniendo y que no aportan ningún valor a nuestras vidas.
En la siguiente columna, recomendaciones para reducir el estrés y la
ansiedad.

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