Movimientos en la meta

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pichardo

Desde tiempos inmemoriales, el imperio Británico se ha rehusado a seguir las normas impuestas por tierras ajenas a su seno. La Corona ha demostrado históricamente su poderío con decisiones que van desde lo trivial –mantener el sentido de las calles a la inversa que el imperio napoleónico– a lo profundamente incierto –salir de la Unión Europea–. El futbol no es la excepción, por lo que la Premier League ha sido no solo la primera de elite en volver a actividades, sino también la única que ha cerrado su mercado de verano.

No más compras para los clubes británicos. Consecuentemente, más por sentido común que por negocio, no más ventas de jugadores clave. Tras el histórico traspaso de Neymar por 222 millones de euros el año pasado, el mercado de piernas se ha vuelto un terreno fangoso y sin piso. Tan es así que Real Madrid y Chelsea protagonizaron una de las transacciones múltiples más contrastantes de los saldos futbolísticos.

Por un lado, Florentino Pérez, mandamás de los merengues, cumplió su cometido de fichar un portero de talla mundial que compita con Keylor Navas. Si bien la intención era hacerse de los servicios de David De Gea, el recién llegado no causó ningún desencanto. Thibaut Courtois vuelve a Madrid para desterrar su pasado colchonero y vestirse de blanco. ¿Su costo? La risible cantidad de 40 millones más que los de Mateo Kovačić.

La respuesta de los blues ante la baja de un hombre fundamental fue una apuesta por el futuro. Con apenas 50 partidos en primera división y un apellido impronunciable para la prensa anglosajona, Kepa Arrizabalaga deja al Athletic de Bilbao y se muda a Stamford Bridge. La ambiciosa pero peligrosa inversión del cuadro londinense fue de 93 millones de euros, 7 millones menos de lo que Juventus pagó por Cristiano Ronaldo. Evidentemente, el joven español se convirtió en el arquero más caro de la historia.

Por otro lado, el récord al guardameta más costoso fue ostentado por unas cuantas semanas por otro bombazo veraniego por parte de otro club inglés. Liverpool no perdonó los insólitos errores de Loris Karius y decidió reforzar su retaguardia con el brasileño Alisson Becker, quien dejó Roma para emigrar a la tierra de los Beatles por 72.5 millones de euros.

A la espera de que el resto del futbol gourmet vuelva a las andadas, las expectativas más grandes han sido puestas bajo los tres palos. Fieles a la historia, serán los ingleses quienes buscarán hacer de la disidencia una virtud.

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