¡Para todas y todos ustedes, señoras y señores, Donald Trump!
Viernes, sábados y domingos a 2×1 en el teatro del pueblo el mejor, ya saben “El Electoral” (¡Tres presentaciones de un mes y medio de duración a todo lo que da, aproveche ahora la oferta de temporada!).

Así se hablaba del hoy presidente de Estados Unidos, me atrevo invitarles a que lean lo siguiente para darse una idea de lo que se decía de este personaje, antes de serlo. Trump se ha aprovechado de la brecha entre la opinión de las élites en ambas partes y del público sobre el tema, y se regodeó en el descontento por un gobierno que no puede molestarse en hacer cumplir sus propias leyes, no importa cuántas veces dice que lo hará (el expresidente Obama ha dispensado incluso a la pretensión). Pero incluso en la inmigración, Trump a menudo no tiene sentido y no se le puede confiar. Hace unos pocos años, criticaba a Mitt Romney por tener la temeridad de proponer “autodeportación”, o la política totalmente razonable de reducir la población ilegal, lo que lo desgastó, pero solo proponía o imponía las leyes de su nación. Ahora, Trump es halcón del halcón. Se compromete a construir un muro a lo largo de la frontera sur y hacer que México pague por ello. Necesitamos más cercas en la frontera, pero la promesa de hacer que México pague por ello es una tontería. Trump dice que pondrá una gran puerta en su bella pared, un respaldo implícito de la opinión conservadoramente convencional de que los niveles actuales de inmigración legal están bien. Trump parece no saber que una importante contribución de su propio plan escrito de inmigración es cuestionar el impacto económico de la inmigración legal y pedir la reforma del programa de visas H-1B. De hecho, en un debate republicano, claramente no tenía idea de lo que contenía ese plan y abogó por un aumento de la inmigración legal, lo cual está totalmente en desacuerdo con él. Estos no son los meandros de alguien con opiniones bien informadas y profundamente sostenidas sobre el tema. En cuanto a la inmigración ilegal, Trump se compromete a deportar a los 11 millones de ilegales en Estados Unidos, una titánica tarea administrativa y logística más allá de la capacidad del gobierno federal. Trump apunta a lo absurdo diciendo que volvería a importar a muchos de los inmigrantes ilegales una vez que fueron deportados, lo que hace que su política sea una amnistía mal disfrazada (y una versión de una idea similarmente idiota que la que apareció en una de las reformas migratorias). Este plan no sobreviviría su primer contacto con la realidad.
Si Trump era considerado de esa forma en los medios antes y durante su precampaña y campaña, cuando es electo presidente, no se la cree ni él, por ello se sentó en la silla presidencial y comenzó a firmar una ridícula cantidad de órdenes ejecutivas, como si eso fuera su emporio, que por cierto es de muy mal gusto, de nuevo rico. Está claro que el señor, así como la moda, son solo creaciones de temporada y que finalmente se van desvaneciendo del pedestal al que habían subido. La moda, al menos, es el resultado de la creación y diseño de algún ser humano con una meta concreta, vender a las altas esferas de la sociedad con lo más “hip” del momento, en el caso del señor Trump, quiso ser lo mismo pero sin un objetivo concreto y viable, porque un gobierno, el Estado, nunca funcionará como un negocio, es decir, no se trata de lograr más ganancias, el Estado brinda servicios, que deben ser cosas como infraestructura funcional, puentes, carreteras, etcétera; pero son para muchos años, más de los que le quedan por vivir al señor del peluquín.
Es obvio en este día que escribo, se equivocó, ya no tuitea ni está de moda, terminó la temporada.

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Asesor especialista en políticas públicas de alta injerencia social, licenciado en derecho por la UNAM, maestro en tecnologías de la información con carácter social, productor y director de cine (cortometrajes y películas independientes) y de televisión (documentales y comerciales). Cambridge English: Proficiency.