Ciudad de México.- Ayer, todos los colores se vistieron de negro. Francisco Benjamín López Toledo, legendario artista mexicano, murió.

Oriundo de Juchitán, Oaxaca, desde temprana edad demostró una habilidad especial para el dibujo, por lo que su padre lo alentó y cedió parte de las paredes de la casa donde vivían para que pusiera a prueba su creatividad.

Unos minutos después de que su familia confirmara la muerte del artista a los medios nacionales, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) externó en Twitter: “El arte está de luto. Ha fallecido el maestro Francisco Toledo, oaxaqueño, gran pintor y extraordinario promotor cultural, auténtico defensor de la naturaleza, las costumbres y las tradiciones de nuestro pueblo. Descanse en paz”.

La secretaria de Cultura Alejandra Frausto también escribió al respecto: “Su paso era como la semilla de maíz, la de calabaza, la de chile y de frijol de la milpa más bella que nadie haya creado. Rayones, dibujo excelso, chango, murciélago, elefante, chapulín. El zapoteco se oyó en coros que lo inventaron todo con ese canto tuyo Francisco Toledo”.

En 2015, el artista, delicado y sensible a la vez, externó a El País sobre los 43 de Ayotzinapa: “Eso es una vergüenza que no tiene nombre. Los políticos quieren que se pase página, pero esa página no se podrá pasar nunca. Queda para la historia de la infamia”.

La obra de Francisco Benjamín López Toledo “traza un círculo completo. Empezó en Oaxaca, donde llegó a estudiar a los 12 años y en su tramo final, tras largos periodos en el extranjero, ha recalado en el punto de partida. Su tierra es el ombligo de su creación. De ella emanan su paleta, sus criaturas primitivas y fantásticas, sus creencias. Sus cuadros, cercanos en el tratamiento del color a los de su mentor artístico, Rufino Tamayo, combinan influencias occidentales, Goya y Picasso, Klee y Ho­garth, con formas antiguas e indescifrables, fraguadas en los valles del sur de México”, reseñó el mismo diario.

En la década de 1950 comenzó su formación artística profesional en el taller de grabado de Arturo García Bustos. Posteriormente ingresó al taller de grabado de la Escuela de Diseño y Artesanías del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) en la Ciudad de México.

Al poco tiempo, Toledo se trasladó a Francia donde estudió en el taller de grabado de Stanley Hayter.

En 1965, el artista regresó a México y desarrolló pintura, litografía, grabado, escultura, cerámica y diseñó tapices con diversos artesanos.

Museos como el de Arte Moderno en México, París, Nueva York; en el New York Public Library, la Tate Gallery de Londres y la Kunstnaneshus de Oslo, entre otros, poseen algunas de sus obras más destacadas.

Actualmente, las obras de Francisco Toledo se encuentran rotando por el mundo, poniendo en alto su visión creativa en las artes plásticas mexicanas.

  • Su familia confirmó el deceso a medios nacionales
  • AMLO y la secretaria de Cultura Alejandra Frausto dedicaron mensajes al artista en Twitter

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