Estos gobiernos actuales, todos, principalmente el federal, pero también los estatales y municipales, así como las diferentes instancias de procuración de justicia, ministerios públicos, jueces y magistrados, policías de todo tipo, fuerzas armadas, de aire, de mar y de tierra, han sido hasta ahora totalmente ineficientes, incapaces y hasta cómplices de una situación inadmisible que crece continuamente y que se traduce en un continuo abuso, hostigamiento, acoso, privación ilegal de la libertad, esclavitud, violación, agresión moral y física, tráfico de órganos y llega hasta el asesinato de las maneras más crueles y vejatorias de la más elemental humanidad, todo contra las mujeres, principalmente, pero también contra homosexuales y menores de edad.

Es exasperante escuchar sus múltiples discursos autojustificatorios, en particular del presidente de la República Peña, y del secretario de Gobernación Osorio, que ya nadie cree sus miles de reuniones de coordinación, sus miles de patrullas para vigilancia, sus miles de millones gastados en esa parafernalia que solo alimenta a una burocracia tan voraz como inútil para brindar seguridad, equipo de alta tecnología que solo ha servido para espiar a todos sus opositores, para perseguirlos y/o asesinarlos. Ya basta señores presidentes, gobernadores, directores de policías corrompidas hasta la médula, jefes militares que ponen su cara dura para esconder la vergüenza que debieran sentir por su inútil accionar.
¿Dónde están los resultados, los detenidos, los procesados y sentenciados de tantos y tantos crímenes a lo largo y ancho de este país que se desangra en sus narices?
¿Dónde están las cientos y miles de mujeres desaparecidas, muchas de las cuales van a parar a Tlaxcala, donde el abuso contra las mujeres ya se volvió un negocio regional, y donde participan hasta los adolescentes que declaran sin ningún rubor que de mayores quieren llegar a ser “padrotes” porque eso deja mucha “lana”?
¿Cómo es posible que habiendo tantos reportajes sobre lo que ocurre con todos estos negocios criminales, y que son del conocimiento público, las autoridades de todos los niveles no realizan ninguna acción enérgica para acabar con esta práctica brutal?, y no solo no la realizan, sino que ya se volvieron parte de esa cadena que la protege con toda la impunidad del mundo.

La rabia y dolor de tantos familiares y amigos de miles de mujeres martirizadas y/o asesinadas se acumulan, se respiran en el ambiente. El miedo que la mayoría de mujeres, carentes de protección, tienen para realizar las tareas cotidianas, del trabajo, la escuela, la familia, la diversión, es algo que no puede permitirse que siga creciendo y se llegue a quedar entre nosotros como un smog perpetuo, al cual habría que acostumbrarse, pues quienes debieran protegerlas, simplemente se niegan a aceptar lo evidente, hacen hasta lo imposible para no declarar las alertas de género, culpan a las víctimas de lo que les ha sucedido, no inician y menos culminan los procesos de investigación, detención y sentencia de los agresores. Y todavía son tan cínicos que nos pedirán pronto que votemos por ellos para que continúen ahí, haciéndose pendejos permanentemente, robándose todo lo que puedan, hasta el hartazgo.

Valen ahora, aún más, las palabras lanzadas al aire por el poeta Javier Sicilia no hace mucho cuando le asesinaron a su hijo: “Ya estamos hasta la madre”.

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Integrante de la generación estudiantil 1968-1972 en el IPN. Formado en la izquierda crítica del trotskismo. Defensor de la interpretación científica del mundo, profesor de matemáticas y admirador del arte creado por la naturaleza.