Tres días de retroalimentación sobre cómo el género organiza nuestra vida sin importar nuestro origen, clase social o nivel de escolaridad, las relaciones desiguales persisten en espacios y tiempos sabidos o no pensados, esto según el contenido de las más de 100 ponencias presentadas en el 14 Congreso Nacional sobre Empoderamiento Femenino, ahí nos recordamos que el género como construcción social organiza y da sentido a nuestras vidas, y el género como concepto analítico nos ayuda a comprender la manera en que se construyó una relación desigual entre hombres y mujeres.
Una conferencista magistral, la doctora Marta Lamas, hizo una pregunta provocadora a todas las asistentes al evento: “Yo parto del principio que todas ustedes asistentes al congreso ya son mujeres empoderadas, son privilegiadas por ocupar un lugar en los espacios universitarios, pero ¿ya están emancipadas?
El sentido de emancipación dado por Marta Lamas refiere a la ruptura con el mandato de feminidad que impone la sociedad patriarcal en que vivimos, el mandato que atribuye belleza y ternura, que imputa la entrega al otro o la otra o quien necesite del cuidado y amor de las mujeres, que también fomenta la abnegación.
Marta Lamas exaltó la presencia femenina de mujeres en espacios públicos de toda naturaleza, aclamó a las mujeres que están al frente de proyectos importantes que inciden en la vida de otras personas. Pero recalcó que la presencia femenina en lo público y su empoderamiento no necesariamente refieren a una mujer emancipada.
La emancipación no se trata de la renuncia a la vida familiar y en pareja, con hijos o sin ellos, se trata de que las mujeres y las personas que las rodean no asuman el cuidado de los otros, como una condición indisoluble de su naturaleza “femenina”. Porque el cuidado es una necesidad para la preservación de la vida biológica, social y cultural de todos y todas las personas.
Son los seres vulnerables quienes requieren mayor cuidado: menores de edad, adultos y adultas mayores, enfermos y/o discapacitados, la tarea ha sido atribuida, es atribuida y asumida por mujeres, para corroborarlo basta con indagar sobre quiénes en los hogares realizan el trabajo de cuidado, por ejemplo: quién se hace cargo de los padres y madres ancianas, quién vigila la vacunación de los menores de edad o del cumplimiento de las visitas médicas de las y los discapacitados de la familia; invariablemente estará una mujer. Marta Lamas sostiene que mientras las mujeres empoderadas en el espacio público no logren para sí mismas un trato más equitativo en el espacio íntimo, podemos hablar de mujeres empoderadas pero no emancipadas. La emancipación apuesta a una relación más equitativa y de mutuo respecto de obligaciones y derechos entre los integrantes del espacio íntimo o espacio doméstico. Por el momento estamos en la etapa de súper mujeres que realizan dos o tres jornadas de trabajo, pues el grueso de las responsabilidades domésticas, el cuidado de las personas vulnerables, siguen siendo tarea de una mujer, ya sea por amor (esposa, madre, hija) o por pago (trabajadora del hogar, enfermera, cuidadora, etcétera).
Mujeres empoderadas cada vez somos más, mujeres emancipadas… aún nos falta camino por recorrer, pero es más fácil y ligero caminar acompañadas de mujeres y hombres solidarios.

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