Todas las mujeres científicas me producen admiración. Las pioneras, además, me asombran. Debían sentirse muy solas. Y sin embargo, contra todo pronóstico, consiguieron magníficos resultados. Algo confirmado después por tantas y tantas mujeres capaces de demostrar que además de sabias, constantes, entregadas, creativas, etcétera, han conseguido, y siguen consiguiendo ser innovadoras (M Carmen Gallastegui 2006).

Entre la tierra y el espacio

En esta ocasión hago mención de una mujer que, después de cumplir 54 años de haber visitado el espacio y que posteriormente le otorgaron la Medalla de Oro de la Paz por parte de las Naciones Unidas; marcó la historia de forma especial por haber sido la primera mujer cosmonauta, de nacionalidad rusa, con formación profesional en ingeniería técnica industrial. Mujer que formó parte del programa espacial soviético Vostok, que 12 años anteriores había puesto por primera vez a un hombre en órbita, pero en esta ocasión fue una mujer, ella es Valentina Vladimirovna Tereshkova quien contaba con 26 años.
Valentina nació un 6 de marzo de 1937 en la región de Yaroslavl en Rusia que en ese entonces formaba parte de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas; su padre Vladimir Aksyenovich trabajaba como tractorista y su madre Elena Fedorovna únicamente se hacía cargo de la granja familiar; cuando contaba con tres años perdió a su padre en la Guerra Ruso-Finesa, motivo por el cual su madre, hermana y su hermano menor se vieron en la necesidad de trasladarse a la ciudad de Yaroslav en 1945 y ponerse a trabajar en una fábrica de tejidos para salir adelante, en la cual Valentina comenzó a trabajar siendo muy niña.
Por otro lado, a muy temprana edad, Valentina practicó el deporte de salto en paracaídas e incluso obtuvo el título de instructora en dicho deporte; mostraba mucho interés por conocer la historia universal, las técnicas, las matemáticas y por la música. Inició sus estudios a los ocho años, consistente en cursos por correspondencia y asistía a una escuela nocturna, la que abandonó cuando tenía 16 años porque empezó a trabajar en una factoría de neumáticos y esa remuneración la utilizó para poder estudiar ingeniería.
En 1962 fue escogida junto con otras tres mujeres para ingresar en la sección femenina de cosmonautas para integrar el Programa espacial de mujeres en el espacio; donde de todas las escogidas, ella fue la única que logró completar la misión, ya que las demás fueron desertando poco a poco por la rutina aplicada. La jornada laboral empezaba a las nueve de la mañana con las clases de teoría y continuaba con la preparación física y las charlas de especialistas de institutos académicos.
El esfuerzo de las seleccionadas era titánico y les valió el respeto de sus compañeros masculinos, que en un primer momento les dispensaron una acogida poco amistosa; por lo que de ese grupo ella fue la única que logró completar dicha misión.
Debido a los instantes de paranoia que se vivía en aquellos tiempos, el programa espacial fue llevado totalmente en secreto; por lo que su madre pensaba que asistía día a día a un campo de adiestramiento para militares de élites.
El programa consistió en que el conjunto de astronautas de las Vostok cinco y seis, llegaron al cosmódromo el primero de junio a prepararse para los lanzamientos. Valentina se probó la nueva escafandra que había diseñado para ella en especial debido a la anatomía femenina y junto a los demás tripulantes fue instruida sobre la forma en la que debían comunicarse con la Tierra. La expresión “me siento perfectamente, el equipo de la nave funciona a la perfección” significaba que el vuelo podía seguir adelante; un “bien” que por alguna dificultad la misión no podía completarse y, finalmente, un “satisfactorio” que indicaba que tenían que regresar a la Tierra (Mariño, 2015).
Después de un duro entrenamiento, la fecha llegó y es el 16 de junio de 1963 a las 9:29 UTC, cuando Tereshkova fue lanzada en solitario al espacio a bordo de la nave Vostok seis, bajo el nombre clave de Chaika, que significa “gaviota” en español, orbitó 48 veces la tierra en un viaje espacial de 70 horas con 50 minutos de duración; por lo que con este hecho se convirtió en la única mujer y el primero de los civiles en viajar al espacio (Mellado, 2015).
Cabe aclarar que los viajes fueron y siguen siendo experimentales y no muy confortables, por ejemplo el pan que le dieron a Valentina en ese entonces, estaba tan seco que se convirtió en piedra y fue imposible comérselo; por lo que pasó 70 horas sin alimento y con calambres en su cuerpo por la falta de líquidos y movimiento, se le hizo una llaga en el hombro por la cerradura del casco que tenía puesto y además padeció de vértigo, detalle que no comentó con sus superiores; por lo que a lo largo de los tres días que duró su viaje por el espacio siempre estuvieron en ella los mareos y vómitos.
El 19 de junio finalizó su viaje, para su descenso tuvo que lanzarse en paracaídas desde más de 6 mil metros de altura, después de abandonar la cápsula espacial, y pisó tierra en Karaganda (Kazajstán), donde cayó en medio de un lago que no estaba programado y que tuvo que atravesar a nado con un golpe fuerte en la nariz.
El objetivo de la misión era determinar si las mujeres tenían exactamente tla misma resistencia física y psicológica que los hombres en el entorno espacial. Como resultado de la misión fue nombrada Héroe de la Unión Soviética, pero es mucho más significtivo que su diplomacia y su activismo por la paz donde le otorgaron la Medalla. Posteriormente se interesó en la política y en 1968 fue nombrada jefe del comité de mujeres soviéticas.
Lo anterior, demuestra que el género femenino puede y tiene capacidad para realizar todo lo que se proponga en cualquier ámbito y no únicamente para las labores del hogar y el cuidado de los hijos.

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