Si Adela Muñoz Páez, escritora española, sorprendió con su obra sobre Marie Curie, en otro de sus libros, Sabias, la cara oculta de la ciencia demuestra su gran capacidad de investigación trayendo al presente la vida de destacadas mujeres quienes lograron destacar en los hasta entonces entornos privativos de varones.

Catedrática de química inorgánica de la Universidad de Sevilla, ha realizado una gran parte de su trabajo de investigación en fuentes de radiación de sincrotrón en Gran Bretaña, Francia, Japón y España. En 2015 le fue concedido el Premio Meridiana del Instituto Andaluz de la Mujer de la Junta de Andalucía por su trayectoria.

Sus relatos los divide en tres incisos: “Inicios fulgurantes”, “Expulsadas de la academia” y “Derribando barreras”, para un total de 19 capítulos. Esta es la tercera y última parte. “Mujeres, ¿cuándo dejareis de ser ciegas? ¿Qué habéis ganado con esta revolución?”. Muñoz Páez escribe: “La mujer que interpeló de esta manera a sus conciudadanas, Olympe de Gouges (1748-1793), fue una revolucionaria que en 1791 se atrevió a escribir una Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana. Comenzaba interpelando: ‘Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta’. Articulista y oradora. Enviudó un año después de casarse a los veinte años”.

“En el congreso de Seneca Falls, otra dama, Elizabeth Stanton pidió el derecho al voto para las mujeres, y redactó, junto con el resto de las asistentes una declaración de resoluciones, empezaba con ‘Mantenemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres y mujeres fueron creados iguales’. Las raíces del feminismo en el movimiento socialista hay que buscarlas en Flora Tristán, (1803-1844), la poco conocida autora de la consigna “Proletarios del mundo, uníos”. Durante la primera Guerra Mundial mujeres ocuparon trabajo vacantes por los hombres que partieron al frente. Esto fue recompensado en 1918 al aprobarse la ley del sufragio femenino, aunque solo para las mayores de 30 años. “Las batallas para entrar en la universidad fueron aún más difíciles. Pero algunas no cedieron. La rusa Nadezhda Suslova obtuvo un grado en medicina en Zurich en 1865, universidad en la que estudiarían otras notables como Mileva Marić, la primera esposa de Albert Einstein. En la Sorbona obtuvieron los primeros grados en medicina la inglesa Elisabeth Garret (1870), la americana Mary Putnam (1871) y la francesa Madeleine Bres (1875). “En 1891 allí comenzó sus estudios de física la polaca Marie Sklodowska-Curie, cuando ya había obtenido un grado en medicina su hermana Bronia. Las primeras licenciadas españolas M Dolores Aleu Rivera, Martina Castells Ballespí, María Elena Maseras Rivera, también en medicina (1882)”. A finales del siglo XX todas las universidades permitían el acceso de profesoras y alumnas, con una excepción: El Colegio de España de Bolonia, porque como dijo su fundador cardenal Gil de Albornoz: “La mujer es cabeza del pecado, arma del diablo” Hasta septiembre de 2016 la prohibición no había sido derogada. Kathleen Yardley, irlandesa, en 1956 fue nombrada Dama del Imperio británico por su trabajo como científica y en 1966 fue la primera mujer elegida presidenta de la Unión Internacional de Cristalografía. Nacida en Londres en 1920, Rosalind Franklin mucho después de la segunda Guerra Mundial ayudó a muchos judíos a escapar de Alemania. Murió en abril de 1958, poco antes de cumplir los 38 años.

Otro ejemplo fue Dorothy Crowfoot Hodgkin, el ama de casa que ganó un Nobel, nació en 1910 en El Cairo. Desde muy joven tuvo natural vocación por la química. Gracias a ella la penicilina pudo sintetizarse de forma durante la posguerra. De hecho, también en funciones de ama de casa, en 1964 le concedieron el Premio Nobel de Química por la resolución de la estructura de la vitamina B12 y de la penicilina. En España el siglo XX, fue un comienzo esperanzador. Numerosas las mujeres que se distinguieron en otros ámbitos favorables a la educación, como los movimientos obreros de la internacional socialista y las acciones de personalidades femeninas como Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán o la escritora Gertrudis Gómez de Avellaneda.

Otra española excepcional de generaciones posteriores, María Laffitte, condesa de Campo Alange (1902-1986) recopiló las vidas de estas españolas en su obra La mujer en España. Cien años de su historia, publicada en pleno franquismo. En cuanto a científicas en la España de 1936 empezaron a ser conocidas por el trabajo de Carmen Magallón Portolés en Pionera españolas de las ciencias, publicada en 1999. Una de quienes dejaron huella en el mundo de la ciencia fue Martina Casiano Mayor, quien dedicó su vida a trasmitir a sus alumnas su pasión por la ciencia. Otras: Felisa Martín, primera doctora en física, Jenara Vicenta Arnal, catedrática de física y química. Los nombres surgen, uno tras otro y por el espacio no factible referirlas, pero todas dignas de respeto y admiración, al llegar el final de este libro de Adela Muñoz Páez.

De Penguin Random House Grupo Editorial, la primera edición en México fue en agosto de 2019.

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