Ayer la entidad fue sacudida otra vez por un multihomicidio. Esta vez fue en Tula, donde en un domicilio particular fueron encontradas cinco personas asesinadas aparentemente con arma blanca. También todo parece indicar que las personas que perdieron la vida eran parte de una familia, de modo que el crimen cobra otra connotación. Difícilmente podría tratarse de un asalto y más bien aparenta una venganza. Este es el segundo crimen de alto impacto que ocurre en la entidad durante este año, cuando apenas concluye su primera semana. Apenas el miércoles pasado nos enteramos del asesinato del exalcalde de Mixquiahuala Miguel Licona Islas, quien perdió la vida junto a su hijo, también en su propia vivienda. Ambos crímenes ocurrieron en el presente año, pero en 2017 hubo otros multihomicidios que no tienen precedentes en nuestra entidad. En Tizayuca, en el fraccionamiento Villa Los Milagros, ocurrió un asesinato como no se tiene memoria: siete mujeres, cuatro hombres y dos menores de edad fueron asesinados. En esa misma demarcación, también el año pasado, ocurrió otro multihomicidio: fue en el barrio Nacozari donde tres hombres y dos mujeres fueron hallados muertos. Las autoridades han argumentado que son casos aislados y que no responden a una lógica local. ¿Seguirán sosteniendo la misma tesis frente a la frecuencia con que estos hechos ocurren? Ya es insostenible pensar que esto es consecuencia de nuestra vecindad con el Estado de México o que son casos aislados, las autoridades deben asumir su responsabilidad y dejar de pensar que Hidalgo es una isla aislada y segura. La realidad ya nos alcanzó. De filón. Al Partido Encuentro Social (PES) lo agarramos con las manos en la masa. Qué fácil es cumplir con un copy-paste. El elector debe saber quién trabaja y quién no, antes de depositar su voto en las
urnas.

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