El último y nos vamos. Como cada año, el Mundial de Clubes se convierte en el torneo que cierra el calendario gregoriano en materia futbolística. Pese a tratarse de una de las competiciones más polémicas del balompié, cada año da la nota gracias a dos acontecimientos relevantes: el campeón y el papel de los mexicanos.

Real Madrid, amo y señor de Europa, lo es también del globo terráqueo. Venciendo por marcador de 4-1 Al Ain, los Merengues consiguieron cómodamente el tricampeonato en la justa celebrada en los Emiratos Árabes.

El Mundialito también se pinta de blanco, al tiempo que hombres clave de la militancia madrileña como Gareth Bale, Sergio Ramos, Marcos Llorente y Luka Modric ganan confianza con grandes actuaciones. Poco que agregar en torno a los dirigidos por Solari: la búsqueda de la estabilidad pos-Cristiano continuará ganando fortaleza si sus figuras espabilan el deslumbramiento de sus propios trofeos.

Por otro lado, Chivas. ¿Qué añadir que no haya sido dicho ya? El papelón en la cita internacional es el monumento al catastrófico año vivido en Guadalajara. Un Rebaño limitado, deprimente y monocromático dejó las peores sensaciones en el Mundial de Clubes que se hayan visto en un equipo mexicano. Al repasar las posibles alineaciones previas al debut, poco augurio de gloria recaía sobre un club al que 2018 le costó el desmembramiento.

De poco sirve preguntarse si la historia hubiese sido distinta con Matías Almeyda en el banquillo, además de Alanís, Pizarro, Cota y Vázquez. Lo cierto es que los rojiblancos han dado cátedra sobre los efectos de desmantelar un proyecto deportivo para saldar las deudas administrativas. La postal del fracaso: Orbelín Pineda despidiéndose de la afición tras anotar su penal.

El Mundialito está cerca de desaparecer como lo conocemos en la actualidad. Se plantea que para 2021 se transforme en una competencia más parecida a la extinta Copa Intercontinental, disputándose cada cuatro años y contando con un total de 31 partidos. Pronto podrá verse el efecto que tendrá en los dos focos de la prensa nacional aquí expuestos: buscar que los europeos no dominen jugando dos partidos y que los americanos –norte y sur– lleguen en condiciones competitivas.

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