La tercera parte del muro transfronterizo del lado de Estados Unidos ya fue construida por Baby Bush a un costo mayor a 3 mil millones de dólares ante las narices de los fariseos panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, quienes ahora se desgarran las vestiduras por la erección de las restantes dos terceras partes del proyectado muro Trump.
En su momento, el muro Baby Bush fue aprobado por la entonces senadora por Nueva York Hillary Clinton, hoy contrincante presidencial del polémico Donald Trump, y fue financiado por contribuyentes de Estados Unidos mediante la “seguridad del hogar”, que parece más bien un nuevo modelo de cómo hacer negocios basado en la permanente inoculación del terror psicológico colectivo que de garantizar la seguridad propiamente dicha.
A diferencia del muro Baby Bush, el polémico financiamiento del proyectado muro Trump –en caso de un triunfo todavía lejano de su autor– se encuentra en agria discusión cuando el controvertido candidato republicano exigirá sea pagado en forma absurda por el gobierno mexicano –ya que se trata de un acto de hostil seguridad unilateral–, lo cual ha gestado la insólita proliferación desbordada de grotescos nuevos Niños Héroes aquende la transfrontera –coincidentemente en su gran mayoría vinculados a los intereses del maligno megaespeculador George Soros, el sembrador del caos global–, quienes han llegado hasta proclamar la demencial (por estérilmente hueca e inoperante en la coyuntura presente) revocación del tratado de 1848 con Estados Unidos, cuando callaron estridentemente y apoyaron tácitamente la cataclísmica entrega del petróleo mexicano instigado por su favorita electoral Hillary Clinton, aliada de Soros y, por cierto, “coautora” de la fallida reforma energética de México, según sus fétidos correos expuestos por el Departamento de Estado. ¡No, bueno: las incoherencias, incongruencias e inconsistencias a lo que dan los rugidos de ratón de la travesti “izquierda mexicana”!
Ni a quién irle entre Trump y Hillary cuando México, que opera lastimosamente como país conquistado y ocupado por Estados Unidos, con republicanos y demócratas por igual, se encuentra en plena orfandad geopolítica y devastación soberana.
Jonathan Ferziger, de Bloomberg, enuncia que la empresa Magal Security Systems de Israel se ha posicionado como la principal candidata para concluir el muro Trump.
Ahora con la triple crisis, muchas veces convergente, de migrantes, refugiados y terroristas, la erección de muros se ha vuelto un gran negocio global que ha sido aprovechado por la empresa israelí Magal, que se frota las manos para construir otro costoso muro en la transfrontera de Kenia y Somalia, por 12 mil 500 millones de dólares.
Las acciones bursátiles de Magal se dispararon 23 por ciento y uno de sus exitosos muros es el de Gaza, la mayor cárcel viviente del mundo, que profundizó el hambre y la sed de los casi 2 millones de miserables palestinos acorralados.
El orgullo de Saar Koursh, mandamás de Magal, es la erección de su muro en Gaza: su muestra de exhibición de muros inteligentes, que están integrados con cámaras de videos, sensores terrestres, detectores de movimiento y monitoreo satelital, según Jonathan Ferziger.
El muro de Israel en Gaza no ha podido detener la infiltración de milicianos palestinos por túneles, por lo que ahora Magal construirá un “muro subterráneo” en octubre, con “sensores para detectar actividades de excavación y rodeará por completo la franja de Gaza”.
Pero nada detiene a Saar Koursh, mandamás sin escrúpulos de Magal, de ser el principal candidato en construir el muro Trump, considerado una afrenta para México aquende la transfrontera, con el fin de frenar la intrusión de inmigrantes indocumentados: “Uniremos fuerzas con una de las principales empresas estadunidenses de defensa que tiene experiencia en tales proyectos en el mundo”.
Sin desparpajo, Saar Koursh expele que “el mundo está cambiando y las fronteras están regresando con grandes tiempos”.
Este maligno personaje, Saar Koursh, con tal de encender su cigarro es capaz de incendiar al mundo.
¿Cuál será la asociación pecuniaria entre Magal y Jared Kushner, yerno judío de Trump (The Times of Israel dixit), quien organizó en forma extraña con Videgaray Caso, hoy defenestrado secretario de Hacienda, la repelente visita de Trump al palacio presidencial?
Más allá del tolerado ciberespionaje de celulares de los mexicanos por la empresa israelí NSO Group, Magal alardea la erección de muros aquende sus fronteras –en Egipto y Jordania– y allende sus confines, desde México hasta Somalia.
Magal –fundada por Israel Aerospace Industries (IAI), propiedad del gobierno de Israel con fines militares y civiles– se encuentra instalada en 75 países, entre ellos México, donde operan sus más variados sistemas de seguridad, por lo que se garantiza tendrá inusitada libre operación a los dos lados del río Bravo.
La omnipotente con patente de corso, IAI, una de las joyas gubernamentales de Israel, posee hoy 26 por ciento de Magal, la constructora de los muros globales de Israel.
La filial estadunidense de la empresa israelí Elbit Systems fue contratada por el Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos, creado después del 9/11, para construir torres de vigilancia en Arizona, con la bendición invaluable del senador John McCain, ídolo del panista Calderón.
¿Será desplegada pronto la panoplia militar de ensueño de Rafael Advanced Defense Systems de Israel en la transfrontera de Estados Unidos-México, convertida en un nuevo teatro de batalla?
En forma contrastante, Yiftach Shapir, prominente becario con especialidad en tecnología militar en el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional en Tel Aviv, citado por Jonathan Ferziger, aduce que tales muros “no son impermeables, en especial cuando se trata de una extensa frontera como el sur de Estados Unidos, que necesita un patrullaje constante”.
A juicio de Jonathan Ferziger, la incrementada violencia yihadista y las olas de migración han creado una emergente demanda para fronteras fortificadas, cuando los críticos cuestionan la efectividad de tales defensas en el largo plazo, ya que el espionaje, mejorado con soluciones a los problemas políticos, sociales y económicos, sería más efectivo.
La seguridad de la transfrontera de Estados Unidos y México se volvió un gran negocio para las empresas de Israel desde que el primer Netanyahu despotricó en su indeleble conferencia en Dallas, Texas, que los palestinos son para los israelíes lo que los mexicanos son para los estadunidenses, cuando juzga que “la creación de un Estado palestino en Cisjordania tendrá graves repercusiones en Estados Unidos, provocando que la minoría latina exija su propio Estado en la parte sudoccidental, un hostil ‘segundo México’, que hará que los anglosajones teman por sus vidas”.
¿Existe diferencia alguna entre las perturbadoras cosmogonías racistas de Trump y Netanyahu y sus respectivos muros mexicanófobos y arabófobos de los mismos mercaderes israelíes de Magal?

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