Sus amigos, que son muchos, lo llaman Pepe, Pepe Bravo; es afable, de conversación vivaz y de lenguaje directo

Pachuca.- Su nombre completo es José Octavio Bravo Oropeza, al expresarlo es tan prolongado como sus recuerdos, que se mezclan con su indeclinable amor por la música, negocios familiares y algo que el tiempo ha atenuado, pero que en su momento fue profunda pena: una infortunada lesión en la espalda.

Sus amigos, que son muchos, le llaman Pepe, Pepe Bravo. Afable, de conversación vivaz, lenguaje directo, “que a lo mejor algunos no les gusta”. “Por lo regular, me expreso espontáneamente, aunque pienso lo que voy a decir”, comenta.

“Ya no vivo con prisas. Me organizo. Disfruto el día con día tranquilo. Hago lo que debo de hacer. El resto del tiempo, que siempre lo hay, lo ocupo en mí, en lo que me gusta hacer.”

Otro rasgo de su personalidad es: “Me gusta estar cómodo, vestir cómodo. Muchos años tuve que sujetarme a reglas de formalidad, por los asuntos que atendía o cuando era parte de grupos musicales. Ahí sí, el atuendo debía sujetarse a normas”.

Nació en Pachuca un 6 de septiembre de 1953. Lamentable, sus padres, José Octavio Villegas y Amparo Oropeza Cortés ya fallecieron.

“En un principio, mi papá era propietario de lo que ahora es Discoteca Alejandro. Armaba radios de bulbos y consolas, cuando empezaban, con su marca Bravo. Adelante, con mi mamá, se dedicó al servicio de banquetes.

“Solo tengo una hermana, María Amparo.”

De sus estudios y dónde los realizó, precisa. Memoria sin fisuras: “Kínder, escuela Laura Lugo; primaria y secundaria, Julián Villagrán; bachillerato, Preparatoria uno y administración, las dos en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).

“Tengo presente a la maestra Guadalupe Durán. Seguido, hoy sí y mañana también, me sacaba de clase por inquieto.

“Durante 40 años viví en la colonia Céspedes Reforma. Las calles eran de tierra. Propiamente nuestra casa era la última a una salida natural hacia Tulancingo. Se repartía leche Santa Clara en un remolque jalado por robusto caballo percherón.

“La vida me premió con dos hijos, José Octavio, que vive en Querétaro, y Julio Rafael, radicado en Pachuca, y mi hija, Valeria, que también está en la Bella Airosa.

“Realmente, yo no quería estudiar. Iba a la escuela por instrucción paterna. Lo mío era la música. Cuando me hice cargo del negocio de la familia me propuse hacer bien mi trabajo. Estudié diferentes cursos para estar bien preparado.”

Charla a más de sana distancia. Poca gente en el café en donde nos encontramos. Acompaña imágenes para ilustrar. Pepe Bravo es interlocutor abierto. Surge una mutua confianza. Camisa azul claro, pantalón café oscuro y ningún atisbo al reloj. Sin tiempos implacables.

“En administración recuerdo a excelentes maestros. Julio Hoyo Asiaín, Mario Pfeiffer, Martín Peláez, entre otros.

“Cuatro años en las aulas. Llegaba desvelado a los salones de clases; algunas veces no se presentaban los catedráticos, pocas. Por eso abandoné y aunque intenté regresar, pasaba lo mismo. Desistí. Y acepto, como estudiante, regular. Supe lo que era reprobar, pero no estaba en lo mío.”

Con Alex Lora

“Llegué a participar en planillas en la prepa y en administración. También formé parte de un grupo que formamos y que fue la Asociación Socio Cultural de la ECA.

“Un día, se nos ocurrió traer al Tree Soul in my Mind con Alex Lora. Lo íbamos a presentar en las escalinatas del edificio central de la UAEH, en Abasolo. Empezó como a querer llover. Se nos hizo fácil trasladarlo al auditorio Baltasar Muñoz Lumbier sin autorización alguna. Al día siguiente nos llamaron a la rectoría. El licenciado Jesús Ángeles Contreras, gran persona, ya nos estaba expulsando. Hoy me digo: no era para menos.”

Mueve lentamente la cabeza, cruza los brazos, anuda las manos. Sin palabras.

“Dentro del negocio surgió la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados, delegación Hidalgo, a la cual me afilié por obligación. Me invitaron a participar en los eventos. Posteriormente, fui el segundo presidente de la que se denominó genéricamente como Canirac.

“El periodo contemplaba un año con opción a un segundo. Los socios me respaldaron. Estuve seis años, desde luego, con autorización de la cámara central.

“Nos convocaron a participar en el PRI. Formulé la invitación. No me llamó la atención. Los estatutos establecían que era organización apolítica. Nadie se animó.

“En esa época, eran más de mil 200 los contemplados en el padrón con actividades relacionadas con alimentos. No todos pertenecían a la cámara por excepciones.”

Amor a la música

¿El porqué de su inclinación por la música?, inquiere el reportero. “Una ocasión acompañé a mi papá a un servicio al Sindicato de Electricistas, en la calle Altamirano. Vi a un señor, del cual nunca supe su nombre. Traía literalmente una madera como diapasón de guitarra, sin tener precisamente esa forma. Solo era una tira en la que se advertía una pastilla y un amplificador hechizo con una bocina.

“Me sorprendió mucho por el sonido. Ya después conocí a los grupos musicales que iban a las fiestas al salón Florida, que era de mi papá. Me impactó mucho el de Los Winners.

“Cursaba secundaria. Caminaba del centro a la colonia Céspedes y me encontré a Fidel Carmona. Platicamos acerca de formar un grupo musical. Invitamos a Sergio Cordero, Gustavo Peredo, Gabriel García y a un vecino que iba a vernos tocar la batería, que era lo único que teníamos más una guitarra.

“A Sergio –Cordero– su papá le compró una guitarra y Fidel –Carmona– conseguía una prestada. Así arrancamos con The Strangers. Desapareció por falta de equipo.

“Me llamaron para que cantara con The Sacred Moon’s. No tocábamos muy bien, pero sí muy seguido en tardeadas, en casas y eventos diversos. Los nombres de los grupos eran en inglés, pero todos éramos de Pachuca.

“Luego entró un intérprete con los Moon’s y me sumé con Los Rítmicos, que se habían desintegrado. Llamé a Fidel y Gabriel y a este le dijimos que hablara con su hermano José Manuel a tocar el órgano. Estaba en la estudiantina del Poli. Era acordeonista. A duras penas nos dio el sí.

“Pero tuvimos que abandonar a Los Rítmicos ya con nosotros Guillermo del Villar. No estábamos de acuerdo en varios aspectos, financieros y de funcionabilidad.

“Les propuse que siguiéramos. Podríamos rentar los aparatos en la capital del país, en Musical Mexicana, con Guillermo Bocho Tena.”

Sobre una servilleta apunta toda la secuencia. No hizo ninguna enmienda.

“Encontré una salida económica. Si teníamos tocada los sábados, iríamos por los instrumentos los viernes. Ensayaríamos ese mismo día y el sábado cumpliríamos compromisos. Volvíamos a practicar los domingos y entregábamos los lunes, pagando la renta de un día, ya que el domingo no se abría la tienda.

“En principio aceptaron. Tuve la ocurrencia de platicar con mi papá y le dije: ‘Si tú compras el equipo y nos lo rentas, podríamos ensayar entre semana. Ya no viajaríamos al DF y te podríamos abonar para pagártelo. Piénsalo’.

“Aceptó. A los pocos días fuimos al DF. Yo había investigado donde hubiera equipo a buen precio y paramos en Casa Ramírez, en avenida Cuauhtémoc.

“Adquirimos un órgano Yamaha YC10, una guitarra, también Yamaha, un bajo Zona Tone, un amplificador para el órgano, otro para bajo y un amplificador Kustom para guitarra. Regresamos por micrófonos, una caja de eco y la batería.

“Empezamos a ensayar y decidimos el nombre. Sonido Internacional. Mandamos a hacer volantes. La verdad, funcionó. Nadie tocaba lo que nosotros.

“Con el tiempo dejé el grupo. Al faltar mi padre tenía que atender el negocio. Coincidían los horarios. Atendía un banquete, servía el menú y dejaba un encargado. Me iba volado. Manejaba presionado para llegar.

“Lo pensé: ¿el grupo o el negocio? Preferí lo último. De la música no iba a vivir.”

Estos minutos con él sirven para dejar fluir, como esas cascadas de impresionante caudal, las que son sus sentidas remembranzas.

“Mis grandes ídolos fuero The Rolling Stones y The Doors. En esos días era difícil escucharlos y me atraía el rock. En Sonido Internacional éramos de amplio repertorio. Citaría bossa nova, temas de películas. Y muy para bailar: pasos dobles, cha cha chás, mambos. Buscamos, era nuestra línea aportar el toque fino.

“De los conjuntos del país me gustaban los abanderados del rock: Los Rebeldes del Rock, Los Belmont’s, Los Teen Tops, Los Hooligans, Los Hiteers, Roberto Jordán, Los American’s, Manolo Muñoz. Y solo refiero a algunos.

“Así, en especial, The Lettermens, The Box Tops, The People. Actualmente, busco a Ronnie Aldrich, Stanley Black, Mantovani, Franck Pourcel o Paul Muriat.”

Sobre todo, bateristas

Hay un nicho en sus predilecciones: los bateristas: “Si los quiere anotar, sugiere. Javier Gonzáles (invidente) del grupo de Pepe González. Alterné con Los Hermanos Castro. Traían a Leo Acosta, que fue muy bueno. Hubo otro, Alfredo Urdiain, a quien le pedí que me diera clases. Fui tres veces a México y las tres me dejó plantado.

“Con Sonido Internacional duré largo tiempo. Pisamos lugares importantes como el hotel María Isabel, Sheraton y el hotel Camino Real.

“Estuvimos a punto de entrar a Televisa pero por alguna razón no se pudo.”

Grupo de Brasil

Se anima al relatar que alternaron con un grupo espectacular: “Sucedió en el hotel Fundición de Zimapán, Los Embajadores de la Batucada de Brasil. Excelentes. Aunque hubo otros que en nada desmerecían”.

Surgen más nombres de conjuntos que fueron de primer orden en el México de la buena música de entonces.

“De gran cartel. Todos. Carlos Campos, Pablo Beltrán Ruiz, Miguel Ángel Serralde, Arturo Núñez, Carlos Tirado, Gustavo Pimentel, grupos como Los Baby’s, Juan Torres, Sergio Pérez, Los Hermanos Castro, Moisés Torres, Pedro Gómez y sus violines, Los Hermanos Carrión, Luis Arcaraz…

“Arcaraz: ¿Recuerda aquella canción? Tararea, ‘Bonita; bonita…’.

“Nunca salimos a tocar al extranjero. Estimo que duré activo durante 10 años. Participé, al final, como promotor y socio del Grupo Supermúsica. Lo llevé a Acapulco. Tras una prueba en el hotel Ritz nos quedamos de planta tres meses.

“Estoy convencido de que quien ama la música nunca la olvida. Es parte de uno mismo. Como el corazón que late y te estremece.

“Había bailes impregnados de suave glamour. Todos bien vestidos. Los importantes los organizaba el Instituto Hidalguense de Protección a la Infancia (IHPI). Diversos nombres: Una Noche en Hawai, Los Fabulosos 20’s y el de Blanco y Negro –vestido largo y esmoquin o traje negro–. Los salones más grandes eran de los clubes Rotarios y Leones, tal vez, 500, 600 y hasta 700 personas.

“En la actualidad, son pocos los sucesos particulares en los que hay grupos. El costo es mayor que llevar un tecladista y un cantante.”

Apunte especial le merece un mutuo amigo: Alejandro Straffon, lamentablemente ya desaparecido.

“Cantaba y lo hacía muy bien. Y no se ponía nervioso. Se le extraña.”

Aquel accidente

Rememora, sin angustias, un accidente “siempre lo tendré presente. Siempre”.

“El 11 de abril, en Tecolutla, Veracruz, me fracturé la quinta cervical. Quedé paralítico. Inválido. Me trasladaron al Seguro social de Pachuca y después obligado internamiento, en el Centro Médico Nacional del mismo IMSS. Fui intervenido en la columna fijándome tres vertebras con alambre de platino. Operación, contaron, que la tenían en video pero que no la habían practicado.

“Fui afortunado. Pasé a quirófano a los 19 días del percance. Era mediodía. Por la noche ya tenía sensación y cierta movilidad. Esto se llevó siete meses de sonda vesical, dos meses y medio de yeso del el cuello hasta el abdomen y año y medio de rehabilitación. Hubo secuela de lesión medular, que es inoperable, incurable, progresiva. Hay que ejercitarse. Me implantan células madre para evitar el deterioro.

“Quien me intervino fue la doctora Brenda Brown. También, agradecido, recuerdo a los médicos Ríos, de Tuxpan, Veracruz; Gómez Maqueo; doctora Dorantes, de medicina física del IMSS Pachuca, así como a los terapistas Ismael y Carlos Gómez.

“Desde luego a Mustafa Yasín, quien me levantó de la cama, aún con yeso, con la ayuda de mi compadre Cecilio Salomón, a quien le pedí que me lo llevara. Me les desmayé en la levantada, pero me sentaron y reaccioné.

“Evité abandonarme, derrotarme, mis hijos me influyeron. Estaban pequeños.

“En la época en que se crea Florida Grill había auge de restaurantes en Pachuca; de calidad, elegantes. Competencia, pero cada quien respetaba su línea y su concepto. Uno regresa por la atención, aunque los alimentos no sean muy buenos, pero sí mal te sirven, no vuelves.”

Saber de comida italiana

“Tras mi accidente, me propuse aprender algo cada año. Tomé un curso de comida italiana en la Unidad Santa Fe, en Ciudad de México. Tenía que llegar de madrugada, a las cuatro para cambiarme con mi uniforme de chef. Terminaba a las 20 horas. Dos veces a la semana durante tres meses.”

De la Asociación Músicos de Antaño, acredita la idea a Juan Romo y apunta: “Empezamos como 22; la segunda vez alrededor de 40 y ahora, algunos acompañados, ya somos cerca de 120”.

En lo suyo, su negocio, se mantuvo activo: “Conocí la planta de Bacardí en Tultitlán, Cervecería Cuauhtémoc de Monterrey, Vinos Hidalgo en Tequisquiapan. Lo más impresionante fue Casa Domecq, en Jerez de la Frontera, España. Le pregunté al guía hasta dónde llegaba la planta y me respondió: ‘Hasta donde usted alcance a ver’. Un valle que no parecía tener final.

“En Hidalgo, con los gobernadores que me identifiqué fueron Jorge Rojo Lugo, a quien atendí desde su campaña a través de Jorge Duarte. Con Suárez Molina también mantuve una buena relación. Con Guillermo Rossell igualmente. El conducto era Carranco, titular de Turismo. Rossell me entregó un diploma de honor.

“Participé en varias ocasiones como jurado en el certamen Señorita Hidalgo. De Adolfo Lugo Verduzco, igualmente hay un buen recuerdo.

“Cuando Florida Grill se cambió a Cubitos, donde fue el salón 20-30, lo estábamos adaptando. Estaba en la azotea y sonó el teléfono. Me esperaban de Marinela, con Jorge Valdez, supervisor de vehículos. Trabajé con ellos durante 16 años.

“Asimismo, me incluyeron en el grupo de proveedores de Bimbo, Barcel, Tía Rosa, Swandy, Lonchi Bon, Milpa Real y Ricolino.”

Tecolutla: inundación

“En octubre de 1999, ya viviendo en Tecolutla, donde hice mi casa, hubo una inundación que derribó muchas propiedades, parte del frente de la mía; la de junto se la llevó el agua. Salí en un helicóptero de la Marina hacia Poza Rica y de ahí en vuelo de Aero Mar al DF y en un taxi a Pachuca.

“Retorné a Tecolutla ya con paso por carretera. Me hice de un y terreno junto a mi casa y construí dos bungalows para vacacionistas. Pretendía que fueran ocho.

“Dejé el negocio en manos de mi hijo Julio y me dediqué a lo que me gusta. Tuve dos lanchas, la primera se volteó y se hundió. Nadie, por fortuna, resultó lesionado. La otra se la llevó la inundación.”

Se confiesa con afición por la pintura al óleo, la que durante un tiempo practicó.

“Lo que me regresó a la música fue la motivación de grabar unas composiciones que entonces tenía y de ahí me seguí. Con mi arreglista José Antonio Sánchez (QEPD) logramos tres CD’s. Con pistas de Internet arregladas he grabado más. Hasta ahora llevo siete discos cantando solo y tres compartidos. Tengo varias composiciones, unas registradas en derechos autor y otras no.

“Escribí la ‘Antología de los grupos musicales de Hidalgo’, desde 1957 a 2013. En el Consejo de Cultura me pidieron el material porque lo iban a editar. Pasaron dos años. Muchos pretextos; en CD en World. Yo lo quemé y mandé a hacer la portada.

“Me invitó Eusebio Santos a presentarme en Canal 3. Estuvo conmigo Antonio Sánchez. En actuaciones que tengo los vendo a precios accesibles.

“Hoy estoy absorto en dos producciones de CD con los músicos de antaño. Cada quien canta un tema y lo graba.

“Estoy satisfecho, vivo en paz y creo que al final, salvo incidentes, consolidé una existencia diferente. Como la que siempre anhelé. El futuro, sin duda, será mejor. Se aprende con los años.”

En su amplia carrera creó y fue integrante de varias agrupaciones como The Strangers, The Sacred Moon’s, Los Rítmicos, entre otras, aunque eso acabó al decidirse por el establecimiento familiar que requería de tiempo y dedicación

Su incidente ocurrió un 11 de abril en Tecolutla, se fracturó la quinta cervical y quedó paralítico, por lo que fue intervenido quirúrgicamente y tuvo una larga recuperación

“Estoy satisfecho, vivo en paz y creo que al final, salvo incidentes, consolidé una existencia diferente. Como la que siempre anhelé”

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