Nada de medias tintas…

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Arturo Moreno Baños

Andrés Manuel López Obrador no es un lego en historia, queda claro que ha leído muchos libros acerca del tema y que tiene un buen empleo de los conocimientos obtenidos a lo largo de estas lecturas. Para López Obrador todo lo que México necesita y requiere para su futuro está en su pasado milenario y trascendente. El 6 de junio en Minatitlán, Veracruz, Andrés Manuel López Obrador argumento:

“Nada de medias tintas, que cada quien se ubique en el lugar que le corresponde, no es tiempo de simulaciones o somos conservadores o somos liberales, no hay medias tintas.”

Andrés Manuel López Obrador sorprendió, una vez más, por su radicalidad, basta recordar aquel liberal, del siglo XIX Melchor Ocampo, cuando argumentaba acerca de las diferencias entre los liberales moderados y los radicales: “Los liberales moderados no son más que conservadores más despiertos”. Y tomando en cuenta lo dicho por Ocampo, como muchas otras citas que continuamente dice, el presidente López Obrador le dio un beneplácito absoluto e incluso añadió:

“No hay para donde hacerse, o se está por la transformación o se está en contra de la transformación del país, nada de medias tintas”.

López Obrador ha afirmado, en innumerables ocasiones, que admira a Benito Juárez y la época liberal de la historia de México. Dice admirar a Juárez por haber integrado su gabinete con los mejores mexicanos del siglo XIX, lo más granado tanto en honestidad como intelectualidad. Y es cierto, la generación de Juárez produjo en 1857 una admirable constitución de corte liberal clásico que limitó el poder presidencial, instituyó la división de poderes y consignó las más amplias libertades y garantías individuales. Aquellos legisladores y juristas creyeron en el imperio de la ley y lo respetaron escrupulosamente.

Sin embargo, es de serio cuidado lo que expuso el presidente al expresar que todo aquel que no esté con la cuarta transformación entonces está en contra del progreso del país. Por fortuna no recordó, como suele hacerlo, aquella ley del 25 de enero de 1862 que justamente llevara a cabo Benito Juárez su admirado personaje de la historia nacional.

La terrible ley contra los conservadores que apoyaran la intervención francesa, dictaba que entre los delitos contra la independencia y seguridad de la nación, dicha ley señalaba la invasión armada, el servicio voluntario de mexicanos en las tropas extranjeras, todos los mexicanos conservadores que apoyaban el imperio y por tanto resultaban volverse cómplices y que excitaban, preparaban y favorecían la invasión así como ayudaban a los extranjeros en puntos claves. Sin más, estos delitos, serían castigados con la pena de muerte.

Una ley bastante radical que también en su momento retomaría Venustiano Carranza en pleno fervor revolucionario. La mencionada ley generó un ambiente de delaciones y traiciones, en el que se incluyeron a paisanos señalados por integrar las defensas civiles, a funcionarios municipales que colaboraron en administraciones de la llamada usurpación que llevó a cabo Victoriano Huerta y a periodistas que con la pluma defendieron su régimen, a quienes se marcó con el estigma de traidores.

De acuerdo con las modificaciones hechas por Carranza, serían castigados con la pena de muerte los que asaltaran, dañaran o interrumpieran el tráfico ferroviario; incendiarios, plagiarios, cuatreros, salteadores de caminos; rateros de casa-habitación, ranchos, haciendas, vía pública, en despoblado, y que cometieran cualquier tipo de robos. Se señaló que las autoridades que auxiliaran o no persiguieran a los delincuentes, los vecinos que compraran cosas robadas o no auxiliaran a la autoridad, también serían castigadas.

Adolfo Gilly, historiador respetado y viejo militante de izquierda, señala que la inspiración de Obrador así como la forma de actuar y desenvolverse proviene básicamente de las formas y el fondo que en reiteradas ocasiones utilizó en su momento Lázaro Cárdenas en los años 1930 frente a un Zócalo repleto que coreaba el nombre del general y estaba eufórico por una expropiación petrolera. Aquellas aglomeraciones de mitad del siglo XIX que ovacionaban a un jefe de Estado, un estadista como Benito Juárez que había logrado anteponer categóricamente las leyes de reforma así como la animadversión ante lo que no fuera mexicano ante cualquier nación extranjera que interviniese en México y ante todo mexicano conservador que apoyara el segundo imperio. La clave para comprender mejor la formación, el estilo y sobre todo la actitud política de Andrés Manuel López Obrador está en la historia de México, en Cárdenas, Juárez y otros próceres. Espero en verdad que dicha ley, la del 25 de enero de 1862 no vaya a ser retomada por AMLO en alguno de sus discursos pues si bien no habría pena de muerte –lo cual espero no ocurra– pero si el ostracismo, la ignominia, la desaparición. Pero, en la 4T no podría pasar eso. ¿Tú lo crees?… Estemos atentos.

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