La frivolidad de las muñecas de porcelana no es compatible en el mundo de Verónica. Aunque parece que el Sol vive en su cabello y la seda nace en su faz, la niña tiene claras inclinaciones con la estética de una gran verruga, firme y peluda. ¡Claro! Nadie con tanto poder tendría la gracia para portar una protuberancia de proporciones semejantes. Nadie. A menos que de una magistral y pavorosa bruja se trate…
Hacia 1984, cuando el éxito del cine de oro mexicano trazaba huecos y nostalgias, Carlos Enrique Taboada estrenaba el último proyecto fílmico previo al giro en su carrera. El director optó más por los guiones que por las realizaciones, después de envenenar a las hadas.
Veneno para las hadas, según la personalísima apreciación, es la mejor película del horror mexicano hasta los días nuestros, rompió los cristales sagrados para robar la inocencia; la tomó por rehén y la obligó a comulgar con la malicia.
No hizo falta invertir en caracterizaciones macabras, solo cuidar la impecabilidad de los vestiditos de encaje almidonado, la caída uniforme del cabello rubio y la candidez de las mejillas de rubor discreto; con este escrúpulo desfila Verónica para competir contra monstruos, villanos, asesinos, fantasmas, entes, apariciones y muertos vivientes.
La pequeña tiene fe en sus deseos y está dispuesta a fincar con piedra volcánica el cimiento de sus sueños más inverosímiles; una sesión de juego es para ella la oportunidad para escalar la montaña de la plenitud, donde hacer el mal requiere dedicación, constancia, mérito y perfección artística.
Un mundo de infancia que anula rostros adultos; de nada sirven las mentes cegadas por la madurez; universos que desvelan atrocidades disfrazadas de purezas. La imaginación de una niña es tan potente que no solo es capaz de crear cuentos de hadas; ¿por qué no crear veneno para matarlas?
Ningún demonio como Verónica; ningún horror como esta cinta que maniobra psiques como pinos de malabarista intrépido que solo siente placer cuando traga fuego.
Veneno para las hadas, con la participación estelar de la entonces debutante Ana Patricia Rojo, conserva el reto de atemorizar sin horror masa.
Vea cine mexicano.

@AlejandroGASA
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