Es difícil comprender el dolor que sufre cualquier madre o padre al ver desaparecer a alguno de sus hijos. Por eso es fácil entender la desesperación que llevó a una mujer a interrumpir un acto oficial y pedirle, tanto al secretario de Gobernación Miguel Osorio Chong, como al gobernador Francisco Olvera, que hagan lo que tengan que hacer para encontrar a su hija, quien fue privada de su libertad afuera de su domicilio. Según el relato de la mujer, su hija fue obligada a abordar un vehículo que estaba afuera de su casa, en la popular colonia Venta Prieta, en la capital del estado. El hecho, como quizá fue la intención de la mujer, trascendió más allá de las fronteras locales porque tuvo lugar en el marco de un acto de carácter internacional: el Diálogo Regional 2016, “Intercambio de buenas prácticas: Desafíos y nuevos retos para la erradicación de la violencia contra las mujeres”, que se llevó a cabo en el auditorio Gota de Plata. Empañó la solemnidad oficial, sirvió, de manera involuntaria, para recordarnos la dramática inseguridad que padece nuestro país. Ayer mismo informábamos que, según datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística, 2015 fue el año con el mayor número de homicidios en Hidalgo de los últimos ocho años. Tan solo de 2014 a 2015 el aumento fue de 10.95 por ciento. Y para 2016, los expertos anticipan que la cifra de homicidios podría ser mayor. Esta realidad, que antes se veía lejana, ahora está presente todo el tiempo. A los funcionarios también les trastoca su agenda. Así como a las y los ciudadanos nos quita nuestra tranquilidad, nos contamina nuestras calles y colonias, los delitos tampoco dejan tranquilos a los servidores públicos, lo cual está bien. Nadie puede estar tranquilo mientras las calles sean trampas y lugares dominados por delincuentes. Los cambios deben ser estructurales e inmediatos y los funcionarios deben atender casos como el expuesto ayer  sin la menor dilación. Nadie puede estar tranquilo. De filón. Y no por atender el dolor que deja la impunidad, debemos olvidar la agenda pendiente en materia de equidad para las mujeres en todos los ámbitos de la vida pública. Incluyendo, por supuesto, a los medios de comunicación.

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