Nathaly Cano Soto: el activismo, su pasión

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Nathaly Cano Soto

ZAIRA VELÁZQUEZ SÁNCHEZ

A los 16 años inició su voluntariado con Greenpeace y decidió que quería ser como ellos, así que se unió a la organización que le abrió por completo el panorama

Ciudad Sahagún.- Originaria de la pujante ciudad industrial, Ciudad Sahagún. 24 años. Activista, bióloga y fundadora del colectivo Boinas Verdes.

Mi interés por entrevistarla surge de sus continuas publicaciones sobre activismo, en especial en la localidad Las cañadas, en Tepeapulco. Desde entonces supe que Nathaly Cano Soto tenía mucho que aportar a la sociedad.

Había oído que las buenas entrevistas se realizan tomando café, lo comprobé en un local de ambiente tranquilo.

La tarde dibujaba nubes encantadoras, el día era cálido y limpio. Fueron 30 minutos pasados de mediodía, un par de ojos cafés enmarcados por sus anteojos redondos, una mujer de estatura mediana, cabello castaño claro, sonrisa de Sol y voz melódica se acercó. Nos encontramos.

Rompimos el hielo y empezamos por la pregunta básica: ¿Qué estudias? me cuestionó. Comunicación, respondí orgullosa. Quizá por empatía dice que le habría gustado ser locutora sino fuera bióloga.

¿Qué te gusta de Sahagún?

“Me encanta el senderismo, no lo puedo practicar diario, pero cada que tengo oportunidad subo al (cerro) Xihuingo.”

Se observa alegre. Nathaly Cano Soto comanda el colectivo Boinas verdes, una asociación dedicada al cuidado del medio ambiente. Con nostalgia recuerda su infancia.

“Fue ajetreada, nací en Ciudad Sahagún, pero mi familia y yo nos movimos a Valle de Bravo, luego a Toluca. No fue una infancia de juegos porque no estaba en un lugar fijo.”

Recuerda que en 2006 regresó a su lugar de origen, donde revivió amistades.

Egresada de la carrera de biología por el Instituto Politécnico Nacional, fue voluntaria durante cuatro años en la asociación Greenpeace y salvavidas en Frost Valley en Nueva York.

“Creo que nadie me impuso la carrera de biología, desde la secundaria conocí Greenpeace y decidí que quería ser bióloga marina porque el mar siempre me ha llamado la atención, sin embargo, al ser la primera hija de tres fue un poco complicado estudiar lejos, así que elegí Ciudad de México”, responde irradiada de vocación.

La familia

“En mi familia quizá no somos tan unidos, pero nos han dado libertad a mí y a mis hermanos de hacer lo que deseamos. A mi jamás me han juzgado por elegir esta carrera, quizá no la comprendan, pero siempre están ahí para mí.”

En la escuela hubo un suceso que a la fecha recuerda y que cuenta aún invadida por la impotencia.

“Fue en un viaje de prácticas en Morelos, tenía que cargar materiales como palas y sobre todo caminar mucho. Yo fui en mi periodo. Tenía que ir al baño constantemente. Mi profesor se molestó, le comenté que estaba en mi periodo y respondió ‘no sé qué vas a hacer cuando tengas que estar un mes en campo’, me molestó mucho.”

¿Qué te inspiro a realizar labores sociales?

“A los 16 años inicié mi voluntariado con Greenpeace y decidí que yo quería ser como ellos, así que me uní a la organización, creo que me abrió por completo el panorama. Mi mayor motivación es saber que hay más gente como yo, con ganas de ayudar.”

¿Y tu colectivo?

“Boinas Verdes surgió de manera interdisciplinaria. Yo con el interés ambiental, otros por la cultura. Nace en una plática entre amigos. En cuanto al nombre, queríamos rescatar el aspecto verde, sobre todo yo, porque quiero que la gente los asocie con labores promedioambiente.

“El objetivo es impulsar a la juventud a participar en la toma de decisiones dentro de la sociedad. Queremos que los jóvenes demuestren su talento, que si tienen alguna inquietud se expresen. Que puedan desenvolverse en cualquier rama.”

Detrás de Boinas Verdes existen cuatro fundadores y actualmente la conforman 20 personas.

“Esperamos que crezca”. Explica con determinación. Los ojos le brillaban.

¿Qué le recomiendas a los jóvenes talentosos de México?

“Yo les diría que hay mucho que hacer, faenas, reforestaciones. No debemos esperar a que el gobierno nos abra las puertas o que un cazatalentos nos vea. Es nuestro deber como jóvenes movilizarnos y llegar a la gente.”

¿Qué dificultades encuentras como activista y cuáles son las recompensas?

“La apatía de la gente, es la primera barrera que tienes. El recurso económico, a veces quieres hacer muchas cosas pero si lo haces de tu bolsa jamás será suficiente. Como recompensa, poder llegar a otras personas. Esta entrevista es una recompensa para mí, principalmente contagiar mis ganas de ayudar.”

¿Cómo cambiarías al mundo?

“Desde mi experiencia, en Greenpeace, quería que todo fuera verde. Sin embargo, ahora tengo una visión más crítica, sé que no es fácil. Nosotros los biólogos trabajamos para el medio ambiente. Yo quiero seguir mis principios. Como colectivo y labor social, quiero que crezca, que no sea solo local. Esta es mi manera de cambiar al mundo, mi comunidad está cerrada en muchos temas. Quiero que la gente vea las situaciones graves para que puedan sensibilizarse, que vean que no todo son baches, es fácil vivir en la comodidad y olvidar lo que pasa afuera.”

Una sonrisa llena de amabilidad me agradece por la entrevista y me desea buen camino.

Salgo del café tranquila, porque sé que aún existe la bondad en el mundo.

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