Olga Daniela Torres Lestrade

Por naturaleza, el ser humano es más propenso a sufrir depresión, ansiedad y demás enfermedades mentales en aislamiento debido a la falta de interacción física entre personas. El fenómeno ha sido estudiado desde hace varias décadas y expertos recomiendan evitarlo estrictamente; pero ahora, con el mundo en una agonizante cuarentena, producto inevitable de la pandemia ocasionada por el Covid-19, que no parece acabar, todos nosotros somos constancias vivientes de que la soledad es un gran peligro del que nadie está exento. Ni nosotros, ni nuestros antepasados más remotos.

El hombre es un ser sociable por naturaleza. Quiere ello decir que ha nacido para vivir con otros hombres, para relacionarse con los demás, para convivir. Un hombre no puede vivir solo, absolutamente aislado, sin mantener ningún contacto con los demás hombres. Cuando esto ha ocurrido, cuando algún hombre, por circunstancias especiales, se ha visto aislado, si ha sobrevivido se ha convertido en un ser extraño, muy próximo al animal (Seguridad Pública de España, 2009).

Consecuentemente, la interacción confraternal es de imperiosa necesidad para la formación personal de los más jóvenes y, por lo tanto, también son el grupo más vulnerable a los efectos del aislamiento y la soledad. Separadamente, las personas ocupadas en trabajo, tanto laboral como académico, y ejercicio son menos propensos a padecer alguna enfermedad mental durante los actuales meses de cuarentena que aquellas personas que no dedican su tiempo a nada más aparte de cuidar de su ermita y ver el tiempo correr frente a un televisor.

Enfatizando, un estudio realizado por Becerra et al (2020, p.4) los jóvenes (entre 18 y 35 años) mostraron niveles más altos de hostilidad, depresión, ansiedad y sensibilidad interpersonal que los participantes mayores (entre 36 y 76 años). Además, se comprobó que las personas empleadas y que practican deporte diariamente presentaban niveles más bajos de síntomas depresivos que las personas desempleadas y carentes de actividad física.

En conclusión, no debe ser sorpresa el exponencial incremento de síntomas depresivos en la población mundial durante la pandemia provocada por el Covid-19 si se tiene en cuenta todos los antecedentes psicológicos e inherentemente propios de nuestra naturaleza, anteriormente mencionados. Asimismo, recomiendo fuertemente a todos los lectores que, durante tiempos insufribles como estos, dediquen tiempo a labor y ejercicio, ya que es la única manera de contrarrestar lo que de otra manera sería inminente; porque, cuando se nos son arrebatados hábitos y costumbres tan preciadas y añoradas, algunas tan primitivas que parecen anacrónicas, que ahora no aparentan ser más que privilegios lejanos e imposibles, lo único que podemos hacer es esperar y aferrarnos a la idea de que algún día, quizá mañana o quizá en 10 años, recuperaremos la virtud más importante de nuestra vida.

De interés

Referencias Becerra, JA, Giménez, G, Sánchez, T, Barbeito, S, & Calvo, A. (2020). “Síntomas psicopatológicos durante la cuarentena por Covid-19 en población general española: Un análisis preliminar en función de variables sociodemográficas y ambientales-ocupacionales”. Revista española de salud pública, 94 (9), 1-11. https://www.mscbs.gob.es/biblioPublic/publicaciones/recursos_propios/resp/revista_cdrom/VOL94/O_BREVES/RS94C_202006059.pdf.

Forés, A. (2020). “Los efectos de la cuarentena en los jóvenes: ansiedad, depresión y estrés”. WordPress. https://annafores.wordpress.com/2020/06/19/los-efectos-de-la-cuarentena-en-los-jovenes-ansiedad-depresion-y-estres/.

Vida en sociedad. Personalidad y socialización. Status. Rol. (2009). Seguridad Pública de España. https://www.seguridadpublica.es/2009/10/vida-en-sociedad-personalidad-y-socializacion-status-rol/#:~:text=Los%20hombres%20viven%20en%20sociedad,mutuamente%2C%20es%20decir%2C%20convivir.

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