Nayarit: el narcogobierno de Sandoval

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Ricardo Ravelo

Ya se habían tardado, después de la derrota del PRI en Nayarit, en llamar a cuentas al exgobernador Roberto Sandoval Castañeda, otro pillastre del PRI a quien se le acusa de malversar nada menos que unos 2 mil 700 millones de pesos del erario.
El dinero despojado también pudo ser parte de las maniobras que se urdieron para financiar las campañas del PRI, tal y como se ha destapado en Chihuahua, donde podría ir a la cárcel todo el gabinete que acompañó en su gestión como gobernador a César Duarte Jáquez, prófugo de la justicia, aunque en realidad todo el mundo –y la PGR no lo ignora –saben que está escondido en sus residencias de Texas, donde por las tardes mata su tiempo paseando a su perrito.
Nadie sabe, por ahora, a dónde fue a parar la millonaria suma despojada en Nayarit por Roberto Sandoval, pero las indagaciones irán detonando un escándalo más de corrupción, como ha ocurrido con Javier y César Duarte, Roberto Borge, Tomás Yarrington y Eugenio Hernández, exmandatarios que no solo se ligaron al narcotráfico sino que gobernaron para robar y enriquecerse sin conocer el límite. Todos ellos parecían tener hambre ancestral de dinero y poder.
En Nayarit el Congreso local inició el proceso para someterlo a juicio político, ya que también está acusado de manejo indebido de recursos públicos, enriquecimiento ilícito, encubrimiento y cohecho.
Sandoval es otro miembro de la misma especie de exgobernadores ladrones que se enriquecieron a costa del erario público, que saquearon a sus respectivos estados cuando estuvieron en el poder, que se ligaron al crimen organizado, empujados por sus ambiciones sin límites, y ahora juran y perjuran que no son narcos y que todo lo que se les achaca son meras calumnias de sus detractores políticos. A ver quién les cree ese cuento.
Durante el gobierno de Roberto Sandoval el narcotráfico se afincó en Nayarit y convirtieron el territorio en un paraíso de impunidad y protección. Bajo su cobijo, los cárteles de Sinaloa y el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) fueron intocables.
La droga corría a raudales y, con las riendas sueltas, secuestraban a la gente pudiente –empresarios grandes y pequeños –para cobrar cuantiosos rescates. El secuestro y el narcotráfico, durante el gobierno de Sandoval, alcanzó tal pujanza que parecía una gran industria en apogeo y sin dique que la contuviera.
La Drug Enforcement Administration (DEA), la agencia antidrogas estadunidense, tenía en la mira al exgobernador. Todavía lo investigan. Y todo esto ocurrió después de la captura, en Estados Unidos, del entonces fiscal del estado Édgar Veytia, ligado al narcotráfico, al lavado de dinero y a la protección de capos en buena parte del occidente mexicano.
El gobierno de Estados Unidos lo mantuvo bajo observación, ya que desde el gobierno del estado, según sostienen las acusaciones, movía cuantiosos cargamentos de droga hacia ese país, el más voraz consumidor del planeta. El negocio comenzó a ser boyante, se asegura, desde el 2013, y su principal plataforma de protección era el poder político y, por su puesto, su amigo el gobernador Roberto Sandoval.
A Veytia se le vincula con el Cártel de Jalisco, el que más ha evolucionado en el país en el último lustro –controla 12 entidades –y que encabeza el michoacano Nemesio Oceguera, un capo tan beligerante como hábil para escurrirse de la justicia.
De acuerdo con sus antecedentes, Édgar Veytia está casado con la hija de la alcaldesa de Compostela, Alicia Monroy Lizola, y se asegura que suele ser tan violento que incluso le temían cuando supieron que el exfuncionario estaba vinculado con el tráfico de drogas y ligado al cártel de los Zetas, la primera empresa criminal para la que trabajó.
En su haber existen otros señalamientos. Malandro en ascenso, a Veytia también se le relacionó con el despojo de tierras, amenazas, extorsión, feminicidios y desaparición forzada de personas. Todo un capo.
Su ascenso en el crimen organizado se dio a la par que escaló puestos en la administración pública, de la mano del exgobernador priista Sandoval. Cuando lo hizo fiscal del estado –un narco procurando justicia en Nayarit –fue que se le ligó con el cártel de Jalisco, el que más ha crecido en el sexenio de Aristóteles Sandoval, gobernador de Jalisco, con un pasado negro no ajeno al narcotráfico.
El cártel de Jalisco se ha consolidado en los estados de occidente y del bajío. Ahora domina buena parte de las entidades localizadas en el Pacífico y en el golfo de México y se asegura que también ha incursionado, y de manera vertiginosa, en el tráfico de drogas por el mar Caribe.
De acuerdo con datos de la PGR, el cártel de Jalisco desplazó a sus rivales de Sinaloa en algunas plazas del norte mexicano y ha incursionado hacia Quintana Roo, Tabasco, Veracruz; también está presente en Guerrero, Estado de México, San Luis Potosí, Guanajuato, Michoacán, Colima y Nayarit. En este último estado la mano del exgobernador Roberto Sandoval fue clave para su expansión.
Uno de los últimos escándalos que protagonizó Édgar Veytia en Nayarit fue la desaparición de Julián Venegas Guzmán, señalado de ser compadre de Joaquín Guzmán Loera, el Chapo. La operación la ejecutaron policías, por órdenes de Veytia.
Ese plagio, se dijo en su momento, habría sido perpetrado por órdenes de Nemesio Oceguera, el Mencho, rival de Guzmán Loera, como una forma de meterle un susto al exjefe del cártel de Sinaloa. Era a todas luces un mensaje de poder, de fuerza. Aquí mando yo, le habría dicho Oceguera a Guzmán.
Se espera que el Congreso de Nayarit destape otra cloaca de corrupción al revisar las cuentas del exgobernador Roberto Sandoval, otro capo del PRI que, al igual que otros, se robaron el dinero del erario, se enriquecieron a manos llenas y andan tan quitados de la pena como si nada debieran ni temieran.
Así es el cinismo de los priistas.

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