“A juventud ociosa, vejez trabajosa.”

¿Qué tiene más influencia en nuestra salud, los factores hereditarios o los estilos de vida? Si bien los factores hereditarios nos proporcionan un marco de referencia sobre lo que pensamos y el cómo nos comportamos, los estilos de vida que elegimos pueden moldear dichas conductas y pensamientos. De esta manera, a pesar de nacer con ciertas condiciones, el modo en el que vivimos y las actividades que realizamos, o que no realizamos día con día, pueden ser la diferencia entre una vida saludable y aquella rodeada de enfermedades.
Hoy por hoy, la prevención de enfermedades es un tema que está recibiendo especial atención a nivel internacional, con implicaciones sociales vinculadas, especialmente, a la salud y bienestar de los adultos mayores. Actualmente en Hidalgo, la población mayor de 65 años sobrepasa los 211 mil, cifra que aumentará con el paso de los años, por lo que resulta necesario que la población en general pueda contar con una educación para mejorar su calidad de vida en años venideros y no dependa solamente de profesionales de la salud para una intervención.
Entonces, para poder lograr un envejecimiento saludable es necesario, en primer lugar, saber que este es un proceso que nos permite adoptar medidas y estilos de vida que fomenten la salud, el bienestar y la calidad de vida de los adultos mayores. Dichas medidas no solo deben incluir factores físicos como la alimentación, el ejercicio y la higiene, sino que se deben fomentar también los elementos psicológicos y emocionales, como lo son los factores cognitivos. Al respecto, destaca el hecho de que un elemento muy descuidado en el tema de prevención de la salud es la parte cognitiva, específicamente la relacionada con la memoria.
La memoria no existe de manera aislada en nuestro cerebro. Existen diferentes tipos de memoria y recuerdo, que se componen de distintas fases. La memoria de cada persona es única y con la edad algunos de los aspectos que intervienen en ella van mermándose. Usted notará que cada vez resulta más difícil prestar atención a más de una sola cosa a la vez, que para aprender algo nuevo es necesario poner más esfuerzo, que cada vez cuesta más trabajo recordar los nombres de algunos objetos, personas o lugares, o bien, que la información antigua es más difícil de recordar. A pesar de ello, los factores que pueden causar un deterioro en la memoria son variados y pueden ser, además de la edad cronológica, el estado emocional, el nivel socioeconómico y el de educación, entre otros, por lo que no debe asumirse que son inevitables en su totalidad o tienen una base completamente fisiológica.
Con un poco de entrenamiento y ejercitación, los fallos en la memoria en edades avanzadas pueden compensarse. Asimismo, en edades jóvenes pueden tomarse medidas preventivas para ejercitar esos procesos mentales a través de una educación formal, ya que para actuar se necesita conocer, tener información a la mano y llevarla a cabo en la práctica.
La intervención cognitiva es más eficiente cuando se administra a través de un programa estructurado dentro de un grupo de personas; sin embargo, existen ejercicios cognitivos e incluso algunos pasatiempos que podemos realizar en nuestro día a día que resultan actividades excelentes para mantener y potenciar la actividad mental. Los juegos de mesa se convierten entonces en una herramienta útil para la estimulación cognitiva. Además de estimular nuestra mente, facilitan y fortalecen la participación social, siempre y cuando no se conviertan en una obsesión. Los juegos de preguntas y respuestas, así como las sopas de letras, pueden estimular la atención, concentración y el lenguaje; los juegos de palabras y los de cálculo ayudan a practicar hábitos necesarios para el desarrollo de algunas actividades de la vida diaria o instrumentales; la solución de laberintos puede contribuir a las habilidades de resolución de conflictos y a la planificación, por citar algunos ejemplos. Lo ideal es combinar varias formas de estimulación mental.
Por supuesto que esas medidas no son la única solución, ni mucho menos aseguran que no exista la posibilidad de desarrollar algún tipo de deterioro cognitivo cuando seamos adultos mayores; sin embargo, si en nuestras manos está el contribuir, aunque sea mínimamente para tener un cuerpo y mente sanos, entonces debemos hacerlo.
Si usted se encuentra en la adultez y existen dudas sobre un posible deterioro cognitivo, entonces se sugiere la valoración de un profesional de la salud, como lo es el gerontólogo, que pueda determinar si existe o no dicho deterioro y en qué grado, para poder realizar una intervención multidisciplinaria oportuna, o bien, una canalización si así se requiere.

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