Negligencia y omisión atrás de la carne de caballo

342
editorial

La falta de controles sanitarios hace que quienes comercian carne hagan de las suyas y vendan carne de caballo como si fuera de res. Esa es al menos una de las conclusiones de la investigación denominada “Estudio del mercado de carne de caballo en México y pruebas de ADN”, elaborado por el Laboratorio de Ciencia de la Carne de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM y que fue encomendado por la organización Humane Society International (HSI). Pero quienes venden carne de caballo de forma fraudulenta no podrían hacerlo si hubiera un trabajo efectivo de supervisión de las autoridades responsables de vigilar la sanidad de lo que consumimos. Esto incumbe a la Comisión para la Protección contra Riesgos Sanitarios de Hidalgo (Copriseh), cuya misión es vigilar las acciones de control sanitario, en concordancia a la política nacional y estatal tanto de salubridad general como de salubridad local. Pero también es responsabilidad del municipio, que debería de tener un control adecuado de la carne que se comercializa en Pachuca a través del rastro municipal. Lo absurdo es que la capital del estado ya cuenta con un rastro tipo TIF, que se mantiene detenido por falta de presupuesto. Según el ayuntamiento, simple y sencillamente no hay dinero para echarlo a andar. Noé Alvarado Zúñiga, regidor y presidente de la comisión de asuntos metropolitanos de la alcaldía, explicó en entrevista con este diario que falta dinero para cubrir salarios y gastos de operación. El resultado de tal suma de negligencias es lo que tenemos hoy: un consumidor vulnerable y a expensas de los comerciantes de carne fraudulentos que arriesgan lo que se supone debe ser una prioridad, la salud de los habitantes, en este caso, de los pachuqueños. De filón. Siguen apareciendo las consecuencias de la corrupción en Pemex. Resulta que a pesar de que Petróleos Mexicanos pagó más de 6 mil millones de pesos a la empresa Odebrecht, a través de 10 contratos, la producción de barriles en las refinerías de Salamanca y Tula cayó entre 30 y 37 por ciento en los últimos tres años. Dinero tirado a la basura. Y no solo eso, sino que la empresa del Estado sigue en picada.

Comentarios