Tras la ola de asesinatos que se han registrado durante agosto en la entidad, ayer autoridades responsables de Seguridad Pública estatal ofrecieron una conferencia de prensa en la que ubicaron a Hidalgo como si fuera un oasis en medio de un puñado de estados conflictivos y violentos. El titular del Secretariado Ejecutivo del Consejo Estatal de Seguridad Pública Juan de Dios Pontigo destacó que en Hidalgo 90 por ciento de los sospechosos de cometer feminicidios son detenidos y que además los casos no se han incrementado durante los últimos cinco años. No obstante, tras analizar la cifra total de detenidos, resulta que menos del 50 por ciento fue sentenciado. Esto, porque desde que se tipificó en Hidalgo el feminicidio y hasta 2018, de 103 personas que enfrentaron procesos penales solo 57 obtuvieron condena. Y respecto a que en Hidalgo los feminicidios no han incrementado en los últimos años, en efecto, no han rebasado las 22 carpetas de investigación desde 2017, pero tan solo en lo que va de agosto ya se han registrado siete muertes violentas que podrían convertirse en feminicidios, cantidad que, al sumarla con los 11 registrados durante este año, nos llevarían a 19 cuando faltan cuatro meses para concluir el 2020. Tras ver estas cifras, es evidente que Hidalgo está lejos de ser un ejemplo de tranquilidad y seguridad. No es tiempo de echar las campanas al vuelo y menos cuando, en varias partes del estado, principalmente en el Valle del Mezquital, se registran desapariciones, feminicidios y asesinatos con indicios de ser autoría de bandas del crimen organizado. Nada qué presumir. De filón. Donde tampoco hay mucho que reconocer es en la batalla contra el Covid-19 en la entidad. Ayer, la Secretaría de Salud federal (Ssa) informó que 138 personas adscritas a las áreas de salud en Hidalgo tienen activo el virus del Covid-19. Se trata de un sector especialmente vulnerable y que, además, frecuentemente se queja de falta de equipo especializado para protegerse del patógeno.

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