Tremenda polémica burlona se ha armado en torno a una declaración hecha por nuestro insigne presidente Peña Nieto, realizada durante su reciente visita a Canadá, en una reunión de los mandatarios de ese país junto con el de Estados Unidos.
He leído o visto someramente cientos de comentarios satíricos que dan cuenta de algo que ya consideramos parte de nuestras vergüenzas. El presidente Peña se ha especializado, como ningún otro mandatario mexicano anterior, en ser blanco de burlas y comentarios adversos a su investidura, por la simple y llana falta de cultura política seria que le distingue, por su reiterada manera de presentarse en los escenarios más diversos, realizando cosas, o diciendo conceptos, o teniendo actitudes, o intentando hablar o entender el inglés, que le han valido múltiples burlas o correcciones, en primer lugar de los que nos consideramos sus opositores políticos, pero ahora mucho más extendido el espectro de quienes lo hacen, a prácticamente los que se atreven opinar en público.
Pero también existen algunos (aunque muchos no lo crean), que no comparten esa manera de proceder contra las cosas que nuestro presidente hace, dice o simplemente intenta. Uno de esos personajes es el matemático Marcelino Perelló (reciente invitado a los festejos de aniversario de la autonomía de la UAEH), de quien no puede pensarse que sea uno de los que aplaudan incondicionalmente a un personaje como Peña Nieto, es un hombre sumamente crítico quien desde su programa en Radio UNAM, o en su columna semanaria en El Universal, se ha distinguido en muchas ocasiones por aplicar la crítica certera y demoledora contra muchos personajes públicos de nuestro país y del mundo entero.
Es uno de lo más concienzudos críticos de López Obrador desde hace un buen número de años, y tal vez desde esa posición es que arriesga una polémica opinión en una de sus más recientes columnas, titulada precisamente “El populista”. Cuestiona lo dicho por Obama, al contestar las afirmaciones vertidas por Peña, de que él es un populista, sin medir la trascendencia de sus palabras, pues argumenta que los grandes populistas de la historia humana han sido personajes como Hitler, Mussolini o Perón en Argentina, quienes se distinguieron por ser antes que otra cosa, simples oportunistas de una situación históricamente adversa para sus países y que con un discurso manipulador, se pusieron a dirigir a sus pueblos hacia derroteros nada promisorios.
Es algo que vale la pena distinguir en medio de tanta opinión vertida muy a la ligera, sin tener una firme convicción basada en hechos y no en opiniones.
Es un debate que los mexicanos deberemos de afrontar con mayor seriedad en los próximos dos años, de cara a la elección presidencial del 2018, ya que es claro que López Obrador será el candidato a vencer, como lo ha sido en las dos últimas elecciones presidenciales, y ya desde hace tiempo los que están a favor como los que están en contra, utilizan argumentos basados más en los dichos populares o en creencias con poco sustento.
La campaña de descrédito contra Obrador centrada en que era un peligro para México, tuvo un éxito parcial pero importante. Calderón primero y luego Peña Nieto fueron los encargados de librarnos de ese peligro. Yo opino que los peligros reales estaban precisamente en Calderón y luego en Peña Nieto, como nuestra realidad se ha encargado de demostrarnos.
Pero no por ello puedo mecánicamente ubicarme en la posición de defender a ultranza lo que López Obrador y Morena pueden significar para el país, en caso de ganar la próxima elección presidencial. Tenemos algunos aspectos que hablan a favor, pero también los hay en el sentido inverso. Conocemos de la experiencia de este hombre como Jefe de Gobierno en lo que antes se conocía como Distrito Federal. Desde mi personal punto de vista el balance de esa gestión es bastante más favorable para su causa, que lo contrario. Sus principales propuestas de gobierno y acciones de política pública, ahora son copiadas textualmente por sus adversarios del PRI y del PAN, sin el menor recato, cuando en su momento las atacaron con todo su aparato propagandístico. Pocos pueden cuestionar con seriedad su diagnóstico de cómo se reparte la riqueza en nuestro país o de como la corrupción nos ha sacado del camino del desarrollo con justicia social. Pero también tiene cosa preocupantes para el avance democrático de nuestro país, como lo es el carecer de un fuerte y convencido equipo de trabajo, como lo evidenciaron las tranzas que le fueron detectadas a varios de sus colaboradores más cercanos, o la debilidad orgánica de su partido, que aún permite que se cuelen oportunistas venidos de todas partes.
México está experimentando y lo seguirá haciendo. Ya se probó que el PAN no solo no corrigió lo que el PRI había destrozado de su propia obra. Ya se constató que el nuevo PRI resultó ser mucho peor que el anterior. Ya vimos como un partido de “izquierda” como el PRD se entregaba por migajas a un presidente débil como Peña. ¿Qué nos falta por intentar? Tal vez sean muchas las opciones.

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