La mayoría de niñas y niños mexicanos siguen viendo, y mucho, los canales de televisión abierta, lo que contrasta notablemente con quienes aseguran (incluido el gobierno de Peña Nieto) que este medio de comunicación está prácticamente muerto para las audiencias infantiles.
La Encuesta Nacional de Consumo de Contenidos Audiovisuales 2015, que llevó a cabo el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), arroja un dato revelador: 81.5 por ciento de niñas y niños de siete a 12 años, de los diferentes niveles socioeconómicos, acostumbra ver los canales de televisión abierta.
Es más, contrario a lo que argumentó la Secretaría de Gobernación (Segob) al publicar los nuevos lineamientos de clasificación de programas de radio y televisión el pasado 4 de noviembre, el horario de mayor audiencia (de lunes a viernes) de los canales de televisión abierta es de las 12 hasta las 18 horas, con 74 por ciento, mientras que de las 18 a las 24 horas sigue siendo muy elevada con 36 por ciento.
Con esta encuesta, el IFT ofrece una visión distinta del consumo televisivo entre la niñez, que no quiso ver en su momento la Segob. Como se recordará, el gran problema de los lineamientos publicados por la dependencia que encabeza Miguel Ángel Osorio Chong es que redujo la protección de los menores de 12 años, al permitir que se puedan transmitir en televisión abierta programas no aptos para esta audiencia a partir de las 16 horas. De esta manera, niñas y niños pueden ver programas para adolescentes y adultos (clasificación B) desde las 16 horas y no a las 20 horas, como antes; para mayores de 15 años (clasificación B15) a partir de las 19 horas y no a las 21 horas, y para adultos (clasificación C) desde las 21 horas y no desde las 22 horas, como lo establecía el reglamento anterior.
Como explicamos en Sin Embargo (10 de noviembre 2015), escenas con violencia física “justificada”, desnudos en segundo o tercer plano, desnudos eróticos, relaciones sexuales veladas, drogas implícitas, consumo de tabaco y alcohol eventual, y palabras soeces y cualquier tipo de lenguaje, forman parte de los contenidos a los que están más expuestos niñas y niños, especialmente 18 por ciento de la audiencia que suele ver la televisión sin ninguna compañía, dato que también revela el IFT. Por si fuera poco, gracias a estos lineamientos, pueden recibir más publicidad de “comida chatarra”, al poder incorporarse estos anuncios en programas no aptos para la niñez y que con la nueva normatividad es posible transmitir desde las 16 horas.
En el caso de la televisión de paga, la encuesta dice que 42 por ciento de 99 por ciento de niñas y niños en hogares con televisor tiene acceso a este servicio y también la mayor audiencia se concentra entre las 12 y las 18 horas, con 77 por ciento, y de las 18 a las 24 horas, con 34 por ciento.
¿Qué canales o programas consumen en televisión abierta? El IFT da a conocer, por ahora, un top de los cinco programas más vistos en 2015. El primer lugar con 27 por ciento de las menciones lo ocupa Bob Esponja; muy de cerca, con 25 por ciento, El Chavo del Ocho; con 17 por ciento Dragon Ball; con 11 por ciento iCarly y 9 por ciento caricaturas en general, sin especificar. Esto significa que cuatro de los cinco programas más vistos los transmite el canal cinco de Televisa.
El top de la televisión de paga se lo lleva también la oferta estadunidense: Cartoon Network con 14 por ciento de las menciones; Disney Channel con 13 por ciento, Nickelodeon con 10 por ciento y Hora de Aventura con 8 por ciento. Este último programa lo transmite Cartoon Network. Con otro 8 por ciento aparecen caricaturas en general.
La encuesta patrocinada por el IFT contrasta con algunos datos revelados en el Estudio sobre oferta y consumo de programación para público infantil en radio, televisión radiodifundida y televisión restringida, divulgado también por el órgano regulador en 2015 con información de 2014.
En ese estudio se dio a conocer que niñas y niños de cuatro a 12 años, que veían televisión, consumían en primer lugar telenovelas, seguido de los reality shows y en tercer lugar los dramatizados unitarios (por ejemplo, “La Rosa de Guadalupe”). El cuarto lugar lo alcanzaban las caricaturas y en quinto los programas de concurso. Esto explica el por qué, en 2014, entre los cinco programas más vistos por la niñez, tres son telenovelas (“Mi corazón es tuyo”, “Lo que la vida me robó” y “Hasta el fin del mundo te amaré”), y solo dos programas para este público: Shrek y maratón Bob Esponja.
Suponemos que la metodología de investigación arrojó información distinta (una, basada en la medición de ratings y la otra en preguntas directas), pero no dejan de ser importantes estas aportaciones para el diseño de políticas públicas destinadas a la niñez, particularmente en cuanto el papel que sigue jugando la televisión en la vida cotidiana de millones de niñas y niños en al menos cuatro aspectos: el alto porcentaje de audiencia infantil que conserva este medio de comunicación (81.5 por ciento), la elevada cantidad de tiempo que se destina para ello (de cuatro horas con 34 minutos diarias, según el estudio de 2014), la preeminencia de la programación extranjera y el consumo (con su respectiva dosis de influencia) de programas y anuncios no propios para este tipo de público.
La encuesta incorpora resultados también de consumo de contenidos audiovisuales en Internet y la novedad es que el porcentaje no es tan elevado si lo comparamos con televisión abierta y de paga. El 30.2 por ciento de las niñas y niños ven contenidos en la red y de ese porcentaje 94 por ciento lo hace en YouTube; muy por encima de otros servicios mencionados, como Netflix con 6 por ciento, Claro Video (3 por ciento), Veo (2 por ciento) y Dish (uno por ciento). Por cierto, llama la atención que quienes ven videos o series en Internet, casi la mitad, 48 por ciento, lo hace solo.
En conclusión: la encuesta demuestra que la Segob no hizo su chamba de proteger el interés superior de la niñez establecido en la Constitución, al emitir los nuevos lineamientos de clasificación de programación, y que sigue saboteando los esfuerzos de la Secretaría de Salud para erradicar los hábitos que distorsionan la buena nutrición, en especial de los menores de edad.
A su vez, el IFT debe no solo difundir estos estudios sino ejercer plenamente sus facultades constitucionales para supervisar programación y publicidad dirigida a la niñez, así como proteger los derechos de las audiencias infantiles. También el reto es para la televisión pública: ¿qué debe hacer para que canales como 11.2, dedicado a la niñez, rompa la hegemonía de la televisión comercial en este rubro y otros?
Madres y padres de familia por supuesto que también tenemos una enorme responsabilidad. Así lo entendió la excomisionada de la Cofetel y destacada académica de la Universidad Panamericana, la doctora Clara Luz Álvarez, quien a nombre propio y de sus hijos presentó un amparo contra los lineamientos referidos. Hace algunas semanas se anotó un triunfo: la juez segundo de distrito en materia administrativa especializada en competencia económica, radiodifusión y telecomunicaciones, le concedió parcialmente el amparo en cuanto a los horarios y por lo que hace a que el tiempo de la advertencia de contenidos (de 10 segundos). Aún no se termina de escribir esta historia. Segob, en defensa de otros intereses (no los de la niñez) seguramente presentará recurso en contra. Y la experta en telecomunicaciones hará lo propio para tirar una norma que se hizo a la vieja usanza: sin una consulta abierta, en lo obscurito, no para “usar a los niños para controlar a los medios”, como afirma un vocero de Televisa, sino indudablemente para proteger los derechos de las audiencias infantiles.

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