En los últimos días han decrecido ligeramente los embates del Covid-19 en Hidalgo, aunque eso de ninguna manera permita afirmar que se le ha vencido. Las medidas de prevención insistentes por parte de autoridades sanitarias se han traducido en disminución de contagios, curiosamente cuando muchas actividades, especialmente comerciales, han retornado muy cuidadas a ritmos laborales en el marco de una mayor afluencia de personas.

El uso del cubrebocas y la llamada sana distancia se han integrado como formas normales de conducta, con mejores resultados ante embates de la pandemia. Pero aun así hay víctimas, algunas en los entornos de campañas políticas de nivel municipal que concluirán el 18 octubre con elecciones.

Difícil para candidatos y quienes los acompañan en sus acciones proselitistas ser exactos en guardar las elementales formas de protección. Hasta hoy conocemos dos casos en que aspirantes a encabezar ayuntamientos tuvieron que retirarse al confirmarse que ya habían sufrido de contagios.

Ana María Rocío Tirado, postulada en Tula por el partido Movimiento Ciudadano (MC) hizo pública su decisión por medio de sus redes sociales. Su texto fue breve, pero no menos lamentable: “Desafortunadamente estoy infectada con el Covid-19, y la prioridad será recuperar la salud”. La relevó su compañera Karla Pérez Cervantes, de quien Ana María Rocío Tirado señaló: “Agradezco su apoyo, sabedora de que hará una excelente campaña, ya que se distingue por su calidad humana, como esposa, madre y profesionista”.

Antes, algo semejante se registró en San Agustín Tlaxiaca. Tomás Alonso García Cerón, pretendiente a la alcaldía por el Partido Nueva Alianza, también tomó la decisión de declinar al confirmarse que estaba enfermo. Su estado fue definido como delicado, pero estable, y quienes son sus colaboradores más cercanos puntualizaron que no abandonará la contienda, luego que se recupere. Por fortuna, hasta ahora, en las restantes campañas no han surgido situaciones semejantes.

En los concejos municipales, salvo incidentes como el registrado en Singuilucan, en donde hubo suspensión de labores en servicios porque grupos de vecinos no estuvieron de acuerdo con la forma en que se integró, en los demás se ha trabajado normalmente. Posteriormente en Singuilucan se llegó a un acuerdo y se reanudaron actividades. Sí se conoce de algunas inconformidades en otros municipios, de menor trascendencia a la de Singuilucan, pero sin afectar las labores cotidianas. En otros se han producido relevos de funcionarios en áreas sustantivas, pero sin producirse mayores comentarios. En Pachuca, tras un inicio confuso en la recolección de basura, paulatinamente se ha regularizado el servicio, hasta casi llegar a su normalidad. Nuevas formas de gobierno provocan descontroles, sin llegar a ser irremediables.

Lidia García Anaya, su nueva responsabilidad

El viernes, hace una semana exactamente, el Honorable Consejo de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) eligió a Lidia García Anaya presidenta del Patronato Universitario. Rindió protesta en el marco de una sesión ordinaria que encabezó el rector Adolfo Pontigo Loyola.

En un comunicado se informó lo anterior, precisándose que el cargo es honorario, es decir, sin percibir ninguna remuneración. La Ley Orgánica de la UAEH precisa que el Patronato Universitario es la autoridad colegiada responsable de la administración del patrimonio de la institución.

En años atrás, dos o tres ocasiones hubo la oportunidad de platicar con Lidia García. En esos días fungía como secretaria general del Sindicato de Personal Académico de la UAEH (SPAUAEH). Los temas casi siempre se relacionaban con los avances que se registraban en la universidad y los proyectos que se iban a acometer a corto tiempo. Su tono era amable, gentil, validado por afables sonrisas; licenciada en derecho, egresada de la misma casa de estudios, acreditó también una maestría y especialidad en administración de recursos humanos y un diplomado en lingüística avanzada del español.

En la UAEH estuvo en la secretaría de asuntos jurídicos y la secretará del interior. Fuera de la institución se desempeñó como regidora del ayuntamiento de Pachuca de 2009 a 2012 y seis años después, en 2018, fue electa diputada por el principio de mayoría relativa de la 64 Legislatura del Congreso de la Unión.

La noche del Grito resultó pródiga al recordar anteriores celebraciones

El martes, la celebración del tradicional Grito, evocador del inicio de la Independencia de México, fue diferente, mucho, a los actos semejantes celebrados en un cercano pasado. La emergencia sanitaria privilegió el cuidado a la salud de la población, evitando aglomeraciones que podrían ser una peligrosa fuente de contagio del Covid-19.

En Pachuca no se olvidan los actos previos a la ceremonia. En la explanada del palacio de gobierno era habitual la reunión de miles de personas que esperaban del gobernador en turno las emotivas palabras honrando a los héroes del movimiento libertario y al terminar se escuchaba el emotivo sonido de una campana, réplica de la de Dolores Hidalgo, que el mandatario accionaba a través de un largo cordón en que resaltaban los colores patrios.

Alrededor, en los portales, desde antes del mediodía se expendían, se ubicaban todo tipo de antojitos, así como ropa variada y artesanías. Ya en la noche, previo al acto central, se ofrecían espectáculos artísticos, que animaban el ambiente. Esta ocasión el silencio suplantó al clásico bullicio. En los hogares se celebró la efeméride, guardando sanas distancias, aunque bien se expresó: esta vez no fue lo mismo. Queda la esperanza que dentro de un año se vuelva a los viejos tiempos que, sin duda en este caso, sí fueron mejores.

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