No era momento de mostrar nuestras armas

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Mujerx

Ruth García Cordero

Apenas el 9 de junio Guillermo Ochoa declaraba tras la derrota ante su similar de Dinamarca que era un partido para darle minutos a los lesionados, no para mostrar las armas. Tal cual, la estrategia dio resultado.
Personalmente, soy de las que jamás ha entendido las rotaciones de Juan Carlos Osorio, más de una vez le he gritado al televisor por los cambios y en verdad no pertenezco al selecto grupo de eruditos del futbol que lo han defendido a pesar de los resultados, que dicho sea de paso, no han sido malos. No es de sorprender que yo no los comprenda, lo realmente increíble es que Joachim Löw tampoco logró descifrar a un equipo mexicano que le jugó 45 minutos casi perfectos, de no ser por la tarjeta amarilla de Moreno.

Para el segundo tiempo, aún con los tan criticados cambios de toda la vida, pero con el marcador a favor, los aficionados mexicanos se sobresaltaban con las llegadas de los alemanes que por momentos lucieron desconcertados.
El final del partido representó un hecho histórico en la historia del balompié nacional, pero también significaba algo que pocos esperábamos: ¡la estrategia de Osorio había funcionado! México había derrotado al actual campeón del mundo y su premisa de “esconder las armas” daba resultado.

Tan acostumbrados nosotros, al menos la mayoría, al cuatro, tres, tres y al cuatro, cuatro, dos, nunca esperamos que algo diferente diera resultado. Maquiavelo estaría sentado tomando apuntes en las charlas técnicas del tan duramente criticado seleccionador nacional. ¿Habrá Osorio sacrificado deliberadamente el resultado de los dos partidos previos al mundial con la finalidad de no develar su alineación final al estratega alemán?
Los jugadores han demostrado lealtad absoluta a su timonel, algunos con más inteligencia que otros.

No está de más recordar la frase, erróneamente atribuida a Voltaire: “Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con la vida el derecho que tienes a decirlo”, y con ella quiero decir que todos, incluso algunos colegas, gente de prensa, analistas y directores técnicos, podrán no concordar con las decisiones del estratega colombiano y atribuir el triunfo únicamente a los jugadores, mientras que otros defienden a capa y espada el sistema osorista; es precisamente la diferencia de opiniones la que genera el debate. El día que en el futbol esté todo escrito y los resultados mundialistas grabados en piedra, ese día señoras y señores, se acaban la emoción y el negocio.

Como haya sido, ¡bienvenido triunfo de México! Ojalá que realmente represente un cambio de mentalidad en los futbolistas al “jugar por amor a ganar y no por el temor a perder” como lo dice su director técnico, a quien le reconozco que a pesar de los abucheos y las duras críticas, jamás se le ha escuchado un insulto o un reproche para quien piensa distinto a él.
Se dio un paso, uno de tres de muchos probables. Mesura y serenidad, el festejo ya pasó y Corea está a la vista.

*** Esta columna es por ti papá. ¡Te amo!

Twitter: @ruth_garcia_

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