Hoy es Día del Padre y la selección mexicana de futbol debuta en el Mundial de Rusia. Hace tres días que comenzó la justa más importante del deporte de 11 contra 11 y ya he utilizado dos de mis más de 10 pretextos premeditados para cancelar compromisos y poder acomodarme en mi sillón y ver rodar el balón. La fiebre mundialista ha comenzado y con ella los discursos en contra.

Si bien nuestro país tiene al balompié como segunda religión oficial, eso no significa que todos los nacidos en tierras aztecas simpatizan con el arte de gritarle a la televisión. Mucho sonará entre aquellos que son ajenos a la tradición futbolística que no es más que un show sobrevalorado, una alienación voluntaria, el pretexto ideal para volverse desobligado y holgazán. Pues no.

A muchos les cuesta comprender qué hay en el más hermoso de las disciplinas de competencia física que convierte a sus espectadores en seguidores incondicionales. Incluso a los que somos amantes empedernidos del esférico nos es difícil encontrar el momento exacto en el que comenzó la más bella y duradera historia de amor. Aquel instante en que nos inclinamos gustosamente por unos colores y un escudo, prometiéndole amor eterno y fidelidad implacable.

Para Juan Villoro, el futbol es la conexión del hombre –o la mujer, por supuesto– con su infancia. Generalmente, con la figura paterna cuya única convivencia con sus hijos consistía en mirar un partido de balompié juntos, ya sea a través de una pantalla o directamente en el templo del gol. Por su parte, Martín Caparrós piensa que el deporte que da nombre a esta sección dominical, y concretamente el torneo mundialista, es una fábrica de ilusiones. Durante un mes, se genera la concentración del patriotismo, la convergencia de metas y la ilusión de que todos podemos ser ganadores.

Sea cual sea el concepto en el que se tenga a la acción de ganarse la vida a patadas, es imposible negar el impacto que tiene en el mundo un torneo de esas dimensiones. Si se quiere ser poético, el futbol nos enseña sobre el trabajo en equipo, la continuidad de proyectos, la fidelidad, la pasión y la gloria. Quien no lo quiera ver así, bien puede darse unas buenas clases de geografía y cultura general mirando lo que, efectivamente, no es “solo un juego”.

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