El 21 de abril en Lima, Perú, fue presentado el informe sobre el desarrollo de la democracia en América Latina, el cual fue realizado por un conjunto de especialistas, entre los que figuraban Dante Caputo, Guillermo O’Donell y varios más. Ese análisis buscaba llamar la atención sobre los problemas, las lagunas, dificultades y los distintos déficit de la democracia. Ha transcurrido más de una década de ese balance, sin embargo, en la actualidad continúa presente. Hoy convendría preguntar a los cinco candidatos cuál es la agenda que portan, cuáles son las rutas y estrategias para resolver esos diversos déficit democráticos. Con qué aritmética democrática se va a gobernar. Sí, como es previsible que ocurra, ningún partido político tendrá mayoría en las Cámaras. En esa coyuntura nada puede ser más aconsejable que recuperar la voz de Giovanni Sartori: “El principal rasgo distintivo del pluralismo moderado es el gobierno de coalición. Esta característica se desprende del hecho de que los partidos importantes son por lo menos tres de que por lo general ningún partido alcanza la mayoría absoluta y de que parece irracional permitir que el partido mayor o dominante gobierne solo cuando se le puede obligar a compartir el poder”. Cuál es la opinión de los candidatos a la presidencia sobre ese asunto de gobernabilidad que hoy toca urgentemente a la puerta del país. Estarán dispuestos a encabezar las necesarias reformas para democratizar el poder ¿construir un gobierno de coalición es la ruta?
Desde luego, la agenda del país es vasta, pero hay temas que no pueden esperar, deben ser discutidos y atendidos a la brevedad. En este sucinto recuento, otro asunto de gran importancia es definir de entrada, las líneas generales de la política económica con que gobernará el próximo(a) presidente de México, a partir del primero de diciembre ¿habrá cambios al modelo económico?, ¿cuáles, de qué calado? Sobre ese tema es necesario destacar la antinomia entre Estado y Libertad. El propósito central del liberalismo es detentar el poder, relegar y/o desplazar de esa función al Estado, en esa relación se inscribe un conflicto, porque el liberalismo requiere de más Estado pero el único ente que puede garantizar la libertad es el Estado, ¿cómo se ha resuelto esta antinomia en el modelo monetarista?, con un Estado, ciertamente más activo, capaz de contener la organización y respuestas sociales. El Estado actúa en apego al principio de “laissez faire, laissez passer” (dejar hacer, dejar pasar), desde esta lógica, el Estado debe hacer lo necesario para asegurar la “libertad del mercado”, los bienes, los precios, salarios, la estructura del mercado queda constreñida por esa libertad.
La otra necesaria revisión del monetarismo es evaluar sus resultados a lo largo de sus más de 30 años. En primer término, se debe reconocer que el modelo ha sido capaz de alcanzar la estabilidad macroeconómica, ese comportamiento es uno de los ejes que articula la estabilidad económica. La otra parte de la ecuación es el desarrollo social, sobre ambos pilares se monta el desarrollo. Sin embargo, los resultados económico-sociales de los últimos años han sido lamentables, algunas cifras ilustran esta afirmación de acuerdo con datos del BM y el FMI, el promedio anual del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) durante el gobierno de Peña Nieto será de 2.30 por ciento, apenas 0.13 por viento, por arriba del gobierno de Calderón (2.17%). Asimismo, el BM estima que durante los primeros cuatro años del gobierno de Peña Nieto el PIB per cápita de los mexicanos, en dólares, se ha reducido en 8.5 por ciento al pasar de 9 mil 870 dólares en 2012 a 9 mil 40 dólares en 2016; solo la administración De la Madrid ha presentado peores resultados que las de Peña y Calderón. Otra institución reconocida, el Coneval, indica que entre 2006 y 2014 el saldo social fue deficitario, 10.6 millones de mexicanos pasaron a engrosar las filas de la pobreza. Aún quedan varias semanas para que la candidata y candidatos reflexionen sobre esos temas. Un espacio para esos encuentros son sin duda, las universidades. De la calidad y propuestas de los partidos políticos y de la eficiencia y transparencia de los medios de comunicación depende, en buena medida, que ocurran debates de nivel; lo que ocurra en próximas semanas fortalecerá o erosionará nuestra democracia.

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