Los fantasmas de la pelota susurraron en los oídos de los 23 guerreros aztecas dirigidos por el colombiano Juan Carlos Osorio y dijeron: “hoy tampoco será”. La selección mexicana se hizo pequeña ante los más grandes y pereció. No habrá quinto partido otra vez, por lo que queda escarbar las maletas y decidir qué nos llevaremos de vuelta a casa.
El Tri jugó un Mundial que será recordado por mucho tiempo. La victoria ante Alemania parece la alegría más dulce que el pueblo mexicano ha tenido en lo que va del año, presumiéndose que incluso la Tierra retembló en sus centros cuando Lozano venció a Neuer y Ochoa se puso la capa. ¿De torero o de superman? Decida el lector.
No obstante, el equipo fue de menos a más en fase de grupos y resumió las primeras tres jornadas en el dichoso partido ante la verdeamarela. México se vio bien frente a Corea, pero ciertos fallos defensivos en la recta final del encuentro dieron pie para que los asiáticos descontaran con un tanto que ni Paco Memo pudiese evitar.
Suecia, por su parte, fue el calvario que nadie esperaba. Las virtudes físicas de los europeos doblegaron las líneas defensivas nacionales. En aquella oportunidad, los de Osorio se llevaron tres, pudiendo haber sido cinco –otra vez, gracias a San Guillermo de Guadalajara–. A trompicones, sufriendo y sacudiéndose los cadáveres del llamado “grupo de la muerte”, los nuestros salieron vivos del inframundo.
Pese a que el resultado presupuestado en un principio era la clasificación en segunda posición y el inminente enfrentamiento con el pentacampeón del mundo, el nerviosismo era palpable. Mundial, elecciones y Luis Miguel se juntaron en las 24 horas más tensas para la sociedad mexicana en mucho tiempo. El país era un manojo de nervios la noche del primero de julio de 2018.
El día llegó. Con nuevo presidente y final abierto en la serie biográfica del momento, las calles se llenaron del color verde como pocas veces en los tiempos recientes. Se abrió el telón y el antagonista comenzó a hacer de las suyas. Cayó el primer gol, y el segundo, pero como ya se escribió líneas arriba, el Tricolor fue un resumen atropellado de todo su ciclo en la justa internacional: primeros minutos brillantes, lapsos titubeantes, instantes desastrosos y el apuro por revertir el marcador sobre la hora.
No hay quinto malo, dicen por ahí, pero en ese caso, es malo que no haya quinto.

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