La poca credibilidad del régimen de Peña Nieto se vino por tierra, sus reiteradas declaraciones de no subir el precio de la gasolina se han traducido en mentiras, ¿quién le cree ya a este gobierno?
El secretario de Hacienda declaró, como es costumbre ya de este régimen, que los nuevos precios de gasolina son consecuencia de los precios internacionales, claro que influye, pero si México como país productor de petróleo hubiera desarrollado tecnológicamente su industria de refinerías otra cosa sería.
Esta situación que tiene al borde del colapso social al país, tiene más fondo, es consecuencia directa de un modelo económico privatizador a ultranza, que se ha aplicado desde la década de los años 1980, cuando se desmanteló el sector paraestatal, la estrategia fue hacer ineficientes a todas las empresas con participación estatal.
Es la misma estrategia que todos los gobiernos desde Miguel de la Madrid hasta el más depredador y corrupto que es el de Peña Nieto, que ha privatizado los derechos humanos fundamentales como el agua y para allá van la educación y la salud; el proceso ha sido lento, siempre utilizando la mentira en discursos alejados de la realidad. Peña Nieto dijo que no se privatizaría Pemex, claro, primero lo llevó a la quiebra mediante numerosas prácticas de corrupción y luego lo malbarata a las empresas trasnacionales, esas sí globalizadas y tecnológicamente desarrolladas.
La fortaleza económica de un país está en su capacidad de generar, proteger y aplicar conocimientos en las actividades productivas, lo que implica contar con empresas innovadoras productoras, de bienes y servicios de alto valor agregado.
Pero nuestras empresas, y sobre todo las estratégicas, al igual que al campo, las han convertido en actividades de baja competitividad, por la falta de un desarrollo tecnológico, con ello el gobierno ha pretendido justificar la inserción de las grandes empresas multinacionales.
Pero ¿es negativo que las empresas multinacionales y la inversión extranjera directa sustituyan a las nacionales, sobre todo a las Mipymes y a los pequeños productores agrícolas? La respuesta está en identificar cuáles son los objetivos que persiguen las trasnacionales, porque los montos de inversión que traen a México no son a fondo perdido, ellas vienen por ganancias y entre más altas mejor; por otra parte está el modelo económico que se aplica en el país.
Se concibe a las multinacionales como todas aquellas empresas que tienen participación económica directa en más de un país, su capacidad organizacional y tecnológica les permite segmentar e integrar cadenas de valor, controlando los procesos de producción por su liderazgo tecnológico y de propiedad intelectual, apropiándose de los conocimientos generados en los diversos países, ¿acaso algo nos dice que los extranjeros patentan 95.5 por ciento en México?
Las multinacionales se pueden clasificar por cuatro estrategias que aplican: 1) buscan recursos naturales que explotar (como el petróleo y la minería), 2) buscan mercados para dominarlos (como la gasolina, el agua, los alimentos industrializados, el maíz que nos venden y la educación superior –en México ya hay universidades extranjeras privadas–); 3) Buscan eficiencia, es decir incrementar su productividad a través de economías de escala, mano de obra barata y la posibilidad de contaminar aplicando tecnologías como el fracking (fracturación hidráulica para extracción de petróleo) y 4) buscan activos tecnológicos, realizando investigación y desarrollo tecnológico, porque les sale más barato en nuestro país aprovechando nuestra infraestructura de I+D, también adquiriendo empresas como la desaparición de la banca nacional y la compra de empresas que intencionalmente fueron quebradas como las gasolineras y Pemex que la han venido desembrando para hacer de sus restos negocios para altos funcionarios y exfuncionarios, no olvidemos que en su momento fueron organismos como Fertimex.
Este modelo económico privatizador y trasnacionalizador es el contexto de la privatización de la gasolina, que al igual que la electricidad, fueron antes de la llegada de los neoliberales al poder, factores de apoyo a las empresas mexicanas para que desarrollaran sus capacidades competitivas.
La gran mentira de Peña Nieto, cuando dijo que no habría más gasolinazos, ha propiciado que México sea totalmente dependiente de la energía producida, sobre todo de la gasolina, por las multinacionales norteamericanas, alentando un negocio que supera los 15 mil millones de dólares a favor claro de empresas como Valero, Marathom Petroleum y Citgo Petroleum.
La brecha entre oferta y demanda de gasolina se originó con la falta de producción de las refinerías mexicanas y se vio incrementada por los recortes presupuestales a Pemex, a las refinerías ya no se les dio manteamiento, que lo hizo incapaz de producir la gasolina que antes generaba.
Al inicio de este 2017, el impacto primario es el precio, con efecto multiplicador por supuesto, pero lo más grave es el dominio del mercado de los energéticos en nuestro país, iniciando con Petro-7 de Seven Eleven, Oxxo de Femsa, Hidrosina, Gulf, Texaco, Combu Red y La Gas, todas con intervenciones de capital extranjero entre norteamericano y español, aunque se digan 100 por ciento mexicanos como Hidrosina.
Dado que Peña Nieto ha puesto a las empresas multinacionales como motores de la economía nacional, en detrimento de los mexicanos, urge en México crear un organismo que regule y dé seguimiento a las empresas multinacionales y a las inversiones extranjeras desde tres ópticas: a) que realicen transferencias tecnológicas y de conocimientos a las Mipymes, b) que se cuantifique en resultados y tiempos cómo van a beneficiar a la regiones del país y c) que se comprometan apoyar a la sustentabilidad y al cambio climático. De no ser así lo único que generarán será más rezago tecnológico y más dependencia y pobreza, ese es el costo que evidencia ya la quiebra del país. ¿No lo cree usted?

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