Existen casos patéticos en la vida política nacional, pero el de Eruviel Ávila se lleva las palmas.

El primer cargo relevante que tuvo en Ecatepec fue como secretario del ayuntamiento en 1994, es decir, hace casi 25 años. Después, por los votos de los habitantes de ese municipio fue dos veces diputado en el Congreso local, primero en 1997 y después en 2006. Hilando perfectamente su participación en la vida pública para no quedarse sin hueso, fue alcalde (también de Ecatepec) dos veces: una en 2003 y otra en 2009. Al mismo tiempo tuvo altas encomiendas dentro de su partido, el Revolucionario Institucional (PRI), coordinó a los legisladores priistas en el Congreso mexiquense y después fue el presidente del comité directivo estatal. En ese cuarto de siglo, además disfrutó el cargo de subsecretario de Gobierno, fue candidato a gobernador y luego gobernador del Estado de México a partir del 16 de septiembre de 2011 y hasta el 15 de septiembre del año pasado, siempre gracias al respaldo que tuvo de los ciudadanos en su “casa” Ecatepec. Y dirigió el PRI de la Ciudad de México, solo como aperitivo; luego, desde el primero de septiembre pasado se convirtió en senador de la República pero ya sin la necesidad de un solo voto (había sacado todos los que necesitaba, por 25 años): ahora fue por la vía plurinominal.

Una carrera fugaz. Siempre ascendente, gracias a los votos de Ecatepec. Y quiso más: entre 2016 y 2017 aspiró, también, a ser candidato a la presidencia de México por el PRI. No lo dejaron llegar a la precandidatura. Lo detuvieron. O se lo sacudieron. Ahora despacha cómodamente en el Senado de la República, donde es presidente de la comisión de marina.

Como puede verse, Eruviel Ávila básicamente usó a los ciudadanos de Ecatepec durante 25 años para crecer políticamente. Y a cambio, ¿qué les dejó? Puras tristezas. Ejem, ojalá puras tristezas: puras tragedias. En esos 25 años, y sobre todo en los últimos 12 (cuando Eruviel tuvo más poder) Ecatepec se convirtió en la catedral de todas las desgracias posibles: del secuestro, del feminicidio, del homicidio, de la extorsión, del crimen organizado. Y, claro, el municipio mantuvo todas las medallas de sarna que ya tenía: pobreza, desigualdad, marginación, falta de transporte público, falta de urbanización, policías ineptas y corruptas.

Todo eso mientras miles y miles eran acarreados una y otra vez (para eso sí tuvo tiempo Eruviel: para organizarlos) a votar por el PRI.

En la misma condición encuentro a Rosario Robles: otro de los casos patéticos de la vida política nacional. Las periodistas Daniela Barragán y Dulce Olvera, de la unidad de datos de Sin Embargo, duraron varias semanas revisando las mil 469 páginas de investigación realizada por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) en las Cuentas Públicas de 2013, 2014, 2015 y 2016. Les faltaron dos años porque todavía no están. En esas mil 469 páginas encontraron que el equipo de la señora y la señora misma causaron posibles daños al erario por 11 mil 224 millones de pesos en Sedesol y en la Sedatu. ¡11 mil 224 millones de pesos! ¿Qué fue de ellos? Y faltan dos años clave: 2017 y 2018; años electorales. De esas investigaciones de la auditoría superior, como sabemos, se desprende la llamada “Estafa maestra”. Pero la secretaria no tiene un solo documento firmado, aunque eso podría no serle suficiente para escapar de la justicia. Si es que hay justicia.

Porque eso está en duda: la justicia. ¿No pagarán ella ni sus subordinados? Es probable que no. ¿Es en serio que eso quedará en el olvido en la próxima administración? Todo, como digo, indica que sí, aunque me niego a creerlo. De verdad, me niego a creerlo. Pero también entiendo que vivimos en el país de la impunidad. Allí está la condena vergonzosa para Javier Duarte. Allí está César Duarte, prófugo de la justicia. Allí están tantos y tantos que se salen con la suya a diario; tantos que ya dejamos de contar. ¿De verdad no pagará Rosario Robles? ¿Les cae?

Uno de los gritos más emblemáticos de la izquierda contemporánea es el “no pasarán”. Viene del on ne passe pas! de los franceses de principios del siglo pasado. Es el ¡No pasarán! de Madrid contra Franco, el Ne aici nu se trece de los rumanos contra el imperio germano. Pero ese “no pasarán” parece transformarse todos los días en un “no pagarán”. ¿No pagarán los Eruviel Ávila, las Rosario Robles?

Citaré a Francisco I Madero, y no porque esté de moda, sino porque hay momentos en que es imperativo recordar la historia. El prócer perdona a Victoriano Huerta y es tolerante con el embajador gringo Henry Lane Wilson. Lo traicionan. Lo matan.

No digo que los Eruviel y las Rosario vayan a matar a Andrés Manuel López Obrador, digo que cuando les toque, operarán con todo, sin escatimar esfuerzos, para hacerlo quedar mal. Y una manera de hacerlo con efectividad será operando electoralmente. Esa es su especialidad.

Eso es lo que han hecho por años. Los dos son reconocidos operadores políticos. Entonces digo esto: si no por justicia, porque deben pagar, ¿no son atractivos ambos por razones electorales, es decir, políticas? ¿Ni siquiera por eso?

Creo que existen casos patéticos en la vida política nacional, pero Eruviel Ávila y Rosario Robles se llevan las palmas. Si esos dos personajes se quedan impunes, entonces me bebo una caguama de seis años y me llaman en la siguiente elección, para votar. Y ya no sabré por quién.

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