“No se pretende formar artistas”, dice la Reforma educativa en México

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Polo Castellanos

Resulta lamentable leer en los manuales de la Reforma educativa que las materias de arte han salido de la formación académica para convertirse en terapia ocupacional. Preocupante también el hecho que en los nuevos y neoliberales programas con los que van, literalmente adoctrinar, a nuestras niñas y niños parte de los ejes temáticos en esta nueva modalidad de “educación” artística sean, textualmente, como se indica en el anexo de música: “Equidad, conciencia de dar a cada quien lo que merece en función de sus condiciones y necesidades. Diversidad, conciencia del yo y los otros. Identidad, conciencia del yo, del legado histórico y las raíces culturales. Naturaleza, conciencia del cuidado ambiental y reflexión del entorno” (Aprendizajes clave, SEP: 2017, p. 501). Es decir, toda una versión torcida de conceptos que, redefinidos a modo, muestran parte del trasfondo de la Reforma y de lo que ya sucede, la equidad es relativa y a conveniencia; la diversidad comienza en el individualismo; la identidad depende de un legado y raíces que el mismo sistema proporciona y la naturaleza en regar plantitas y no circular el automóvil un día de la semana.
Las contradicciones son demasiadas, por un lado, y en reiteradas ocasiones, la Reforma advierte que “no se pretende formar artistas” y quieren utilizar al arte como entretenimiento y fuga emocional pero, por otro lado, se construye una Facultad de Artes o se fortalecen escuelas de arte con niveles de doctorado en el entendido que el arte es un campo de conocimiento. Entonces, ¿cómo es que en los niveles básicos no exista una formación académica? Según los operadores de la editorial Santillana, que parecen ser los portavoces y patrones en las escuelas privadas de la Reforma que Peña Nieto, sus secuaces y compinches impusieron, también se va a implementar la nueva modalidad de arte en la educación media superior de las escuelas incorporadas cuyos programas dependen de la UNAM, misma que hace contados años creó la Facultad de Artes y Diseño, antes Escuela Nacional de Artes Plásticas, para formar artistas con el nivel académico más alto que se entrega en este país, el doctorado. Santillana, por supuesto, se dedica a vender sus productos para directivos y docentes, plataformas digitales hechas ad hoc para la Reforma, libros, manuales y toda la parafernalia para que los docentes y escuelas privadas la operen.
De igual manera, universidades privadas y “patito”, como la Universidad del Valle de México (UVM), se encargan de operar otra abominación de la Reforma, la escuela para padres. Esta franquicia educativa privada, perteneciente a la empresa estadunidense Laureat Internacional, que presume ser la universidad más importante de México con un reconocimiento de la Revista Selecciones, se dedica a vender sus productos y a garantizar facilidades de acceso a sus programas de estudio en su red de universidades.
Como podemos observar, la Reforma es una farsa académica y un negocio redondo. Pero, cabe aclarar, la Reforma educativa es para los niveles básicos de educación, las escuelas particulares no están obligadas a implementarla, sin embargo, parece que el gobierno encontró la manera de presionar para que también ahí se implemente, ahora también con el contubernio de editoriales privadas y (aparentemente como han hecho saber los operadores-vendedores de los Walmart de la educación) de la misma dirección general de incorporación y revalidación de estudios (DGIRE) en los programas de Escuela Nacional Preparatoria, Bachillerato y Colegio de Ciencias y Humanidades.
En ese sentido y contexto, queda claro que el aprendizaje del arte en todas sus formas y niveles representa un peligro si tomamos en cuenta que el arte no solo es un campo de conocimiento, también es una herramienta de transformación social muy poderosa, una herramienta de propaganda y control político, tiene que ver prácticamente con todas las áreas de conocimiento, desde las ciencias y tecnologías hasta las humanidades; por supuesto, forma sujetos sensibles, desarrolla intelectualmente seres humanos en el pensamiento crítico, desarrolla las parte dormidas del cerebro como actividad motriz e intelectual, es curativa, pero sobre todo libera y humaniza. Y en esta Reforma no se necesitan mejores humanos, se necesitan obreros silenciosos y sumisos para operar las maquinarias del capitalismo que tengan a su alcance “actividades artísticas” para sacar sus frustraciones. En pocas palabras, el arte les estorba y es malo para el negocio.
El posicionamiento de las y los artistas-docentes y docentes de arte debe ser clara porque es clave en el éxito de esta abominación y tienen de dos, o se alinean, como he podido observar a muchos docentes que lamentablemente hasta a ritmo de mambo se ponen de tapetes, o se niegan a que estas metodologías entren a los salones de clases. Pero no solo está en manos de las y los artistas y docentes, en gran medida hay una fuerza totalmente menospreciada que puede inclinar totalmente la balanza y es la de las madres y padres de familia. Sobre todo en las escuelas particulares donde tienen el poder como para detener el proceso, incluso de poner en jaque la misma economía de las empresas educativas donde tienen a sus hijas e hijos.
El futuro de generaciones y el destino del país penden de un hilo, ahora también con esa farsa educativa, un circo que desde las cortes del poder y sus marionetas en el gobierno está poniendo en jaque el destino de una nación libre y soberana. El arte no es un adorno ni la cereza del pastel, es parte fundamental del desarrollo de los pueblos y de cualquier sociedad que se jacte de ser libre, justa, digna, igualitaria, soberana y democrática.

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