“…Noche a noche,
en todo aquello que callar,
nos unía el tiempo… de un pacto.
Yo a tus ojos… tenía ganas de volver
y a ellos regresaba…”

Margarita Sanz interpreta a la madre y al crimen piadoso, hace las veces de la crueldad, pero también de la justicia que nadie sabrá empeñar. Vela y sobreprotege la legitimidad de lo suyo, teje en las artes del camuflaje. Dura camaleona y férrea señora, aguarda al destino en el aroma del pan joven sobre las brasas.
En 2001, Margarita, la primera actriz de cine mexicano, escribió su nombre con letras plata en Hidalgo, acá, donde el cineasta Walter Doehner y el periodista Vicente Leñero sembraron su versión de La habitación azul, el gran texto policiaco y de pueblo chico, pluma del escritor belga Georges Simenon.
A 16 años de desnudez, Margarita Sanz volvió a la sede de las locaciones de La habitación azul ya no con el mandil de la madre del crimen piadoso, pero sí con la nostalgia de un personaje crucial en una película para no olvidar.
Con tanta consciencia de sus pasos pasados, Margarita Sanz subió a las tablas del Romo de Vivar, el teatro de siempre en Pachuca, donde La habitación azul formó parte de un ciclo de cintas nacionales. Con tanto cariño ofreció el preámbulo, tomó una butaca aislada y recomenzó a vivir el performance sexual.

…Más allá de ti…sí, mucho más allá
queda aún mucho por vivir
que es todo y más.
Fue tanto amor, fue tanto amor.
Fue tanto, tanto, tanto amor
que no encuentro el momento pa’ olvidar…

Un amor resistía desde la primera escena a las consecuencias de su transgresión con manto azul. La cámara iba y venía entorno a la piel encendida, a pesar de la pasión de labios sangrientos, contra la intimidad de dos escondidos.
Y en la señal discreta y pecadora de una sábana que se contonea desde el balcón, los síntomas de una enfermedad mortal que avanza en la localidad minúscula, donde nadie está listo para digerir un crimen de proporciones urbanas.
Esa trama es característica del trabajo de Sinemon, justificó luego Margarita para el público enraizado: conflictos grandes que crecen en pequeñas sociedades, donde todos presumen el conocimiento de una verdad que juzgan pero que apenas comprenden.
Margarita reía con risa de recuerdo nítido la ocurrencia de los parlamentos pensados para quienes entonces fueron sus compañeros jóvenes, a ellos debió reforzar con su experiencia en la esencia de actuar.
La adaptación de un libro de nota roja se pintó de azul, el azul de un te extraño, el azul suave que quiere trascender en sus límites por amar, el azul del corazón necio que no encuentra el momento pa’ olvidar, quizá…porque no quiere.

…Más allá de ti…aún queda por saber
hasta dónde no llegué
y si hay algo más…

 

Vea La habitación azul

SILENTE | @AlejandroGASA

No votes yet.
Please wait...

Comentarios